Tener un buen trabajo en una gran empresa puede ofrecer estabilidad laboral, pero también supone en algunos casos dedicar muchas horas a la jornada y pasar menos tiempo con la familia. Y es lo que le ocurrió a un padre de seis hijos que decidió dejar su trabajo en Amazon porque apenas veía a su familia y terminó convirtiéndose en agricultor y cultivando tulipanes.
Según cuenta el propio Andrew Miller de 50 años, en una entrevista a Business Insider, antes de incorporarse al mundo empresarial había pasado 14 años en la Fuerza Aérea y la Guardia Nacional. Con dos hijos con autismo en casa, empezó a cuestionarse su trayectoria y decidió dejar el ejército. Después consiguió un puesto en Amazon, donde llegó a trabajar semanas de hasta 70 horas que comenzaban a las cuatro de la mañana.
“Casi nunca veía a mi familia y no era la vida que había imaginado”, explica. Fue entonces cuando llegó a una conclusión de que “si bien algunas personas viven para su rol, mi trabajo más importante era ser padre. Tengo seis hijos”.
Dejó Amazon y compró una granja de tulipanes
En 2015 dejó su puesto en Amazon con el apoyo de su mujer, y posteriormente comenzó a trabajar en el equipo de desarrollo económico del condado de Skagit, en el estado de Washington (Estados Unidos), una zona conocida por su tradición agrícola y por su festival anual de tulipanes.
En 2018 decidió comprar su primera granja. Antes de hacerlo, pasó seis semanas aprendiendo junto a un agricultor holandés de 85 años que llevaba cultivando tulipanes desde 1984.
Finalmente, junto a un socio, compró una propiedad de 30 acres (unas 12,14 hectáreas) por 1,6 millones de dólares, alrededor de 1,38 millones de euros, incluyendo el terreno y el negocio.
El proyecto tuvo que adaptarse rápidamente cuando llegó la pandemia apenas diez días antes de la inauguración. Comenzaron a enviar flores y, cuando se relajaron las restricciones, añadieron la posibilidad de que los clientes acudieran a recogerlas directamente.
“Ahora estoy en casa”
Cambiar Amazon por la agricultura no significa que trabaje menos. De hecho, reconoce que sigue teniendo jornadas muy largas, pero considera que ahora existe una diferencia fundamental. “Sigo trabajando desde las 5 de la mañana hasta la hora de acostarme, pero ahora estoy en casa. Estoy sirviendo a mi comunidad”, explica.
La granja se ha convertido además en un proyecto familiar. Su hijo de 23 años sabe manejar una carretilla elevadora desde que tenía 15 y su hermana se ocupa de la gestión empresarial y las comunicaciones.
Actualmente, el número de visitantes se ha duplicado cada año durante los últimos tres años, y los campos están diseñados no solo para cultivar flores, sino también para ofrecer una experiencia a quienes visitan la explotación.
El trabajo con la tierra también tiene para él un componente personal. Después de sufrir trastorno de estrés postraumático relacionado con su anterior trabajo, asegura que la agricultura le ha ayudado a encontrar una nueva forma de afrontar su vida.
“La tierra nos brinda sanación, tanto a nosotros como a nuestros huéspedes”, explica. Para él, además, “la terapia con tierra es la mejor terapia”.