Rosa, de tener una empresa química en Ecuador a trabajar en España cuidando a una señora de 90 años: “Así somos las latinas, nos encariñamos mucho con las personas”

La trabajadora ecuatoriana llegó hace casi 30 años sin papeles y acabó en el sector de los cuidados de personas mayores.

Rosa, ecuatoriana que trabaja cuidando a una mujer de 90 años |Asociación Culturas Unidas
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Emigrar no siempre significa empezar una vida mejor. Para muchas personas que llegan a España, el primer objetivo no es solo encontrar trabajo, sino hacerlo mientras regularizan su situación, aprenden cómo funciona el país y asumen que, por lo menos, durante un tiempo, quizá no podrán dedicarse a aquello para lo que se formaron en sus países de origen. 

Es el caso de Rosa Judith, una mujer ecuatoriana que dejó atrás su vida profesional para abrirse camino en España. Llegó hace casi 30 años con estudios de química y experiencia en su propio negocio de productos químicos, pero hoy trabaja cuidando a una mujer de 90 años.

“Vine aquí a trabajar, a conocer nuevas costumbres, nuevas personas y con un poco de temor y miedo porque venía sin papeles a buscarnos la vida”, cuenta en una entrevista con la Asociación Culturas Unidas. Una decisión que también le supuso un coste familiar importante, ya que dejó en Ecuador a su hijo, que entonces tenía siete años. “Eso fue duro y tuvo que pasar tiempo hasta poder estabilizarnos un poco para poder traerlo”, recuerda.

Durante años, ella y su marido trabajaron jornadas muy largas para poder salir adelante y reunir las condiciones necesarias para traer a su hijo a España. “Nos levantábamos muy temprano, a las cuatro de la mañana. Mi esposo se iba a trabajar por un lado y yo por otro”, explica. “Yo llegaba a las diez u once de la noche porque trabajaba en un sitio y luego me llamaban para otro. Había que trabajar”, explica. 

El trabajo que encontró al llegar a España

Así, y como muchas mujeres migrantes, Rosa encontró una salida laboral en el sector de los cuidados, uno de los ámbitos donde más peso han tenido los trabajadores extranjeros en España. Actualmente atiende a una mujer de 90 años y se encarga de tareas como la limpieza, la cocina y el acompañamiento diario

“Así somos las latinas, nos encariñamos mucho con las personas y llegamos a estar muy pendientes de ellas. Les damos mucho cariño y llegamos a tratarles como si fueran parte de nuestra propia familia”.

Pero esa nueva vida también implicó renunciar a su profesión. Rosa asegura que no pudo trabajar como química porque no tenía papeles y necesitaba homologar su título, un trámite difícil de asumir cuando no se puede dejar de trabajar. “Si dejas de trabajar, no tienes para vivir”, resume.

Además, su experiencia también estuvo marcada por episodios de discriminación. Rosa cuenta que, al llegar, notó esa mirada de quien la veía antes como extranjera que como trabajadora. “Fue la primera vez que me puse a llorar”, cuenta, señalando que en alguna ocasión recibió insultos por su origen llamándola “sudaca”; aunque reconoce que después aprendió a defenderse. “Les dije que si me trataban de esa manera, les denunciaba. Hizo efecto porque no lo volvió a hacer”, apunta.

Sin embargo, a pesar de todo, Rosa reconoce que España le ha dado estabilidad y una nueva vida que ha construido con mucho esfuerzo, pero sigue echando de menos Ecuador. “Mis próximos años los veo con tranquilidad. Gracias a Dios tengo un poco de estabilidad y un poco más de seguridad”, concluye.

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