Llegar a España y encontrar el primer trabajo no siempre es fácil, sobre todo cuando se empieza desde cero, sin experiencia laboral en el país y con la necesidad de adaptarse a lo que salga. Esto es lo que le ocurrió a Natalia, una joven cubana que llegó a España en febrero de 2021 y que ha contado en su canal de YouTube cómo ha sido su evolución laboral.
Según explica, llegó con 21 años, con muchas ganas de trabajar y con la idea clara de que no iba a empezar en el empleo de sus sueños. “Llegué con muchísimos sueños y con muchísimas ganas de comerme el mundo, pero al mismo tiempo con los pies en la tierra y con la idea de que no iba a poder trabajar en un trabajo ideal y que me tenía que adaptar a lo que fuera y hacer lo que fuera”, cuenta.
Lo primero que hizo fue preparar un currículum y enviarlo “a todos lados”, desde bares y hoteles hasta tiendas o trabajos de cuidado. Su objetivo era empezar a ganar dinero cuanto antes para poder pagarse los estudios y no depender económicamente de su madre. “Yo estaba dispuesta a hacer lo que fuera con tal de empezar a tener dinero”, explica.
Cuánto cobró en su primer trabajo en España
La primera oportunidad laboral le llegó en un local de comida rápida en un centro comercial de A Coruña. Le ofrecieron una jornada parcial, de unas 15 o 20 horas, y un sueldo que ahora ve bajo, pero que en aquel momento le pareció una gran oportunidad.
“Vas a empezar a trabajar, tu salario, lo que vas a cobrar si haces esas 15-20 horas mensuales, va a ser de 450 euros”, recuerda. Para ella, que acababa de llegar a España, esa cantidad suponía mucho más de lo que podía parecer desde fuera. “Muy poco, pero para mí en aquel momento que estaba recién llegada era un dineral”, asegura.
Natalia reconoce que no sabía hacer muchas de las tareas que le preguntaron en la entrevista, como llevar bandeja, preparar cafés o hacer batidos. Aun así, dijo que sí porque necesitaba trabajar y confiaba en poder aprenderlo rápido. “Yo que sí a todo, porque no hay nada que yo no pueda aprender”, afirma.
Ese primer empleo fue, según cuenta, el más duro que ha tenido desde que llegó a España. “Aprendí lo que era el trabajo duro, porque ese ha sido el trabajo más duro que yo he hecho desde que llegué a España”, señala. Explica que apenas había margen para parar y que, si no estaba atendiendo, tenía que fregar, recoger el almacén, limpiar mesas o dejar el local preparado al cierre.
Pasó de cobrar 450 euros a “1.300 y pico”
Después de ese primer trabajo, le surgió una oportunidad en otro local de hostelería en A Coruña. Aunque seguía trabajando en el primer sitio, decidió cambiarse porque la diferencia de sueldo era importante.
“Además la diferencia salarial era bien grande, o sea, yo pasé de cobrar 450 ¿verdad? que por 20... 20 horas, 15 horas, no recuerdo... pasé a cobrar eso a cobrar eh 1300 y pico”, explica. Según cuenta, aquel segundo empleo fue una de las mejores etapas de su vida laboral en España.
Eso no significa que el cambio fuera fácil. La primera noche fue complicada porque pasó de trabajar en comida rápida a servir copas y no conocía muchas bebidas. “Yo estaba perdidísima. Yo te lo prometo que ese día yo dije ‘Me despiden, esto ha sido muy lindo, pero me despiden’”, recuerda.
Aun así, sus compañeros le tuvieron paciencia y terminó adaptándose. De hecho, habla de aquella etapa con mucho cariño. “Fue una de las mejores etapas de mi vida, fue trabajar en ese sitio”, asegura. También destaca que era un empleo donde “se cobraba muy muy muy bien” y que para ella fue un trabajo “top”.
De la hostelería a trabajar en una consultoría
Más adelante, Natalia tuvo la oportunidad de pasar a una consultoría tecnológica. El cambio supuso dejar la hostelería y empezar en un trabajo de oficina, aunque al principio ganara menos dinero. Según relata, pasó a un puesto de 40 horas en soporte de aplicaciones donde cobraba unos 900 euros.
“Solo me pagaban 900 euros”, explica. A pesar de la bajada salarial, asegura que fue una buena decisión porque le abrió la puerta a crecer profesionalmente. “Fue uno de los mejores cambios y la mejor decisión que tomé en mi vida”, afirma.
En esa empresa empezó en la parte más básica, dando soporte por teléfono y correo cuando una aplicación no funcionaba. Después le surgió una oportunidad en un proyecto de formación y calidad, un área que le gustaba especialmente, y con el tiempo terminó siendo responsable de un equipo.
Natalia cree que su evolución fue posible porque aceptó trabajos que no eran ideales, pero que le sirvieron como puente. “Para conseguir cosas a veces hay que sacrificar otras”, reflexiona. Por eso recomienda a otras personas que llegan a España no esperar desde el principio el trabajo perfecto y moverse para buscar oportunidades.
“Si me hubiera quedado en mi casa esperando que llegara al trabajo de mis sueños, claramente no me iba a llegar”, afirma. Ahora trabaja como responsable de un equipo de formación y calidad, y asegura que gana bastante más que en sus etapas anteriores. Para ella, la clave ha estado en la adaptación, la constancia y en no quedarse parada esperando a que las oportunidades lleguen solas.