Gonzalo Portillo, 25 años, sacerdote: “Cobro menos de 1.000 euros, pero no pago alquiler, luz ni agua”

El joven cura explica que la asignación que recibe está por debajo del salario mínimo y defiende que sus gastos del día a día son menores porque vive en una vivienda parroquial.

Gonzalo Portillo, 25 años, sacerdote |YouTube (Podcast La Pura Verdad)
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El sueldo de los sacerdotes suele quedar fuera del foco público aunque, como cualquier otra persona, necesitan disponer de unos ingresos para afrontar sus gastos personales. Sin embargo, las cantidades no son iguales en todas las diócesis y pueden variar en función de las responsabilidades, aunque la manutención y la vivienda vinculadas a la parroquia reducen algunos gastos mensuales.

Gonzalo Portillo, sacerdote de 25 años, ha explicado cómo funciona esta realidad en una entrevista para el pódcast ‘La pura verdad’. Preguntado directamente por cuánto cobra un cura, ha evitado hablar de salario y lo ha definido como un “sustento” destinado a cubrir sus necesidades básicas y proporcionarle cierto margen de autonomía. “Yo tengo un sustento, básicamente, para que no me falte el pan y pueda tener una libertad, digamos, individual, económica”, ha señalado. 

Además, asegura que esa asignación no debe entenderse solo como dinero destinado al consumo personal. “Yo no tengo hijos carnales, pero sí que tengo una parroquia, sí que tengo hijos espirituales y sí que sé que hay gente con necesidad. Entonces, yo sé que lo mío está para los demás”, ha explicado, haciendo hincapié en que esta formación la recibió durante sus años de seminario. “Siempre se me ha inculcado desde el seminario que nosotros no vivimos para nosotros mismos, un sacerdote no está para vivir para sí mismo”, ha añadido.

“Menos de 1.000 euros” al mes

Cuando el entrevistador le ha preguntado si la cantidad que recibe se aproxima al salario mínimo y plantea una remuneración de unos 1.000 euros mensuales, Gonzalo ha respondido de forma tajante que se trata de “menos de 1.000 euros”, aunque ha matizado que vive en dependencias de la parroquia y asegura que no tiene que afrontar gastos como el alquiler o las facturas de luz o de agua.

“La casa es de la parroquia, no es nuestra y entonces son gastos de la parroquia. Nosotros no pagamos alquiler, no pagamos luz, no pagamos agua y no tenemos hijos que cuidar. Entonces, eso está un poco para tu sustento y poco más. O sea, que no está mal tampoco”.

El sacerdote también ha reconocido que el dinero permite afrontar gastos personales puntuales. “Lo que tienes puede servir para eso, para en un momento determinado tener un capricho, en un momento determinado irse a cenar... Pero tú no vives para eso”, asegura.

Más ingresos cuando aumentan las responsabilidades

Las cantidades que reciben los sacerdotes tampoco son idénticas. Gonzalo ha explicado que pueden subir cuando un cura debe atender varias localidades y desplazarse continuamente entre ellas.

De hecho, ha puesto como ejemplo a los sacerdotes encargados de cinco, seis o siete pueblos, una situación en la que se añade una cantidad adicional para compensar el coste del combustible. “Evidentemente, ahí sí que hay un incremento por el tema de la gasolina, básicamente, porque si no es que no te da”, ha afirmado.

También puede haber diferencias cuando el sacerdote desempeña otras funciones, como impartir clases en un seminario, donde Gonzalo reconoce que desconoce cuánto perciben otros miembros de la jerarquía eclesiástica, como los obispos.

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