La despoblación rural en España sigue siendo una asignatura pendiente. Mientras miles de personas buscan una vivienda asequible en las grandes ciudades y se enfrentan a alquileres cada vez más altos, decenas de pueblos del interior continúan perdiendo habitantes año tras año.
Benamira, una pequeña localidad de Soria, es uno de los ejemplos más llamativos, ya que, durante más de 200 días al año solo tiene un vecino, Fernando, un hombre de 39 años que hace 17 años encontró una forma de vida que no está dispuesto a cambiar por la ciudad. Así lo ha contado en una entrevista para el canal de YouTube ‘Diego Revuelta TV’.
La despoblación y la vivienda, dos problemas conectados
Aunque Fernando vive solo la gran parte del año, no se considera un ermitaño, ya que trabaja de lunes a viernes en conservación de carreteras, lo que le permite mantener contacto diario con otras personas. Después, cuando finaliza el día, su rutina es correr por el monte, cuidar el huerto, leer, cocinar o escribir, tal y como recoge la COPE.
Benamira conserva 58 casas en pie, pero la mayoría solo se abren en verano o algunos fines de semana, cuando vienen los descendientes de antiguos vecinos. Mientras tanto, Fernando se ha convertido en una especie de vigilante de las casas del pueblo, lo que tranquiliza a quienes conservan una casa en el municipio.
Sin embargo, a pesar de su elección, Fernando cree que la repoblación rural podría ayudar a aliviar el problema que hay en las grandes ciudades, como es el precio de la vivienda. En su caso, calcula que vive con unos gastos de unos 750 euros al mes, incluyendo comida, luz y transporte, excluyendo el alquiler porque reside en una casa familiar, frente a unos ingresos de alrededor de 1.500 euros.
Así, según sus estimaciones, alquilar una vivienda en Benamira podría costar entre 200 y 250 euros mensuales, un precio que queda muy lejos de los de Madrid, donde una habitación puede rondar los 700 euros. “Sería solucionar dos problemas”, defiende sobre la posibilidad de impulsar vivienda pública en zonas despobladas.
Los límites de vivir en la España vaciada
Pero la tranquilidad tiene también un coste. El hospital más cercano está a unos 90 kilómetros, no hay transporte público y los cortes de luz son frecuentes. Una sensación que Fernando califica de abandono, señalando que “aquí estamos a nuestra suerte, totalmente”.
A pesar de que el pueblo ha recibido cientos de solicitudes de personas interesadas en mudarse, por ahora no existe un plan para acoger nuevos vecinos. Una falta de servicios y de planificación que sigue siendo uno de los grandes frenos para que pueblos como Benamira recuperen población.
Sin embargo, Fernando no se arrepiente de la decisión que tomó hace ya casi dos décadas, y asegura que no cambiaría su vida actual por un piso gratis en Madrid. “Si me ofrecen un piso en Madrid, lo alquilo y me quedo aquí. Solo viviría en una urbe si estuviera obligado, pero estaría más triste. Mucha gente me dice que estoy loco, pero yo solo me dedico a vivir”, concluye.