Juan Manuel, agricultor: “A los 25 años me compré mi primera finca y a los 33 años dejé mi trabajo estable con 14 pagas anuales”

El agricultor y creador de contenido explica que para poder ahorrar y comprar su primera finca llegó a trabajar “42 horas” seguidas sin salir de la empresa.

Juan Manuel, agricultor |YouTube
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Vivir de la agricultura no es sencillo, pues, además de trabajar, es necesario que la cosecha salga adelante y que, a la hora de venderla, el producto alcance un precio competitivo y deje margen. Juan Manuel Martínez es uno de esos agricultores que ha conseguido vivir de la tierra tras consolidar una explotación de unas 60 anegadas, además de compartir su pasión en YouTube, donde cuenta con más de 60.000 suscriptores.

A pesar de tener familia con vínculos agrícolas, la vida laboral de Juan Manuel comenzó en una empresa de artes gráficas en Valencia, explica en una entrevista en YouTube con el creador de contenido Salva (Cultiva y Emprende). Con jornadas laborales interminables, todo lo que ganaba extra lo iba ahorrando con la mirada puesta a futuro en comprar una finca. “Con 25 años me compré la primera finca”, relata orgulloso.

La fórmula era clara: “trabajo, sacrificio, ahorro, inversión”. De esta forma, a los 32 años y tras compaginar durante varios años ambos trabajos, decidió irse de la empresa para emprender definitivamente en el campo.  “Con 32 años sí, dije a la empresa ya que me quería ir”, explica, aunque hizo efectiva su salida a los 33 años.

No fue fácil, pues dejó un empleo donde, como él mismo relata, cobraba “14 pagas”, trabajaba “11 meses” al año y tenía “todo asegurado” para apostar por su sueño.

Para lograr vivir de la tierra, el agricultor señala que la gratificación no viene de forma inmediata, pues es un proceso lento. “Yo prefería, eh, no pasarlo bien en un corto plazo para poder pasarlo bien más a largo plazo”, asegura.

Competencia desleal y desigualdad laboral

A pesar de conseguir una estabilidad en el campo, Juan Manuel explica que existen graves problemas que perjudican al sector primario. Para él, destaca la competencia desleal frente a países extracomunitarios, y considera que el desajuste laboral es el peor de todos. “El tema laboral es el peor enemigo que tenemos”, denuncia abiertamente.

Explica que mientras en España el coste de un trabajador está entre los 15 y 16 euros la hora para la empresa, en Egipto un empleado apenas “cobra 5 o 6 € al día”. Es una gran diferencia que hace imposible competir en igualdad de condiciones.

A esto se suma que las autoridades europeas exigen normativas estrictas a los productores locales, pero luego permiten la importación de frutas tratadas con productos que aquí están prohibidos. Juan Manuel critica que estos compuestos están calificados como "cancerígenos" por la propia Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA).

Otro de los grandes problemas es la falta de mano de obra, sobre todo de jóvenes; es decir, el relevo generacional. Juan Manuel lamenta que la sociedad estigmatice la profesión con frases como: “hijo, estudia y colócate de funcionario”.

Además, advierte que a menudo se enseña que trabajar en el campo es un castigo por una acción negativa, cuando debería ser todo lo contrario. "Si tú al crío en vez de llevarlo a la huerta para ver la motivación [...] lo estás castigando para que el crío luego vaya a estudiar, y luego nos quejamos de que no hay relevo generacional", relata el agricultor.

Sobre el negocio, concluye con una reflexión clara: “te puede gustar mucho la tierra, pero al final tiene que ser sostenible, tienes que ver el dinero”.

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