Con 75 años, Paco Amaya es uno de esos más de 300.000 españoles que, pese a haber alcanzado la edad ordinaria de jubilación, siguen trabajando. Además no en cualquier trabajo, sino que es agricultor, un oficio duro y físico que tiene una gran falta de relevo generacional porque muchos desde muy jóvenes no lo quieren. No lo hace por obligación, insiste, sino por convicción. “Podría jubilarme, pero no quiero. Me encuentro bien y aquí estoy a gusto”, cuenta en una entrevista en el canal de YouTube de Canal Extremadura.
Paco lleva prácticamente toda su vida en el campo. Empezó con 16 años, de la mano de su padre, aprendiendo a arar, podar e injertar. Hoy, casi 60 años después, sigue limpiando olivos igual que lo hacía cuando era joven. “El día que lo tenga que dejar será un aburrimiento. Todos los días en casa es un palizón”, afirma.
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Lejos de la imagen de un jubilado agotado, Paco organiza la jornada a su ritmo. Trabaja unas 4 o 5 horas, normalmente por la mañana. Si el tiempo es malo, no va. Si hace sol, aprovecha. “Como no me manda nadie, salgo cuando quiero y me vengo cuando quiero”, explica. Para él, esa libertad es una de las grandes ventajas de seguir en activo.
Qué es la jubilación activa y cuánto se cobra
Cuando cumplió los 65 años, Paco se planteó qué hacer. Fue entonces cuando descubrió la jubilación activa. “Me enteré de que había una jubilación activa y dije: pues con esta estoy estupendamente, porque estoy legal y tranquilo”, recuerda.
Este modelo permite compatibilizar el trabajo con el cobro del 50% de la pensión de jubilación. El otro 50% lo “completa” con los ingresos que obtiene de su explotación agrícola. Además, paga la mitad de la cotización a la Seguridad Social. “Cobro menos, claro, pero también tengo los beneficios que me da la explotación”, resume. Es uno de esos casos de jubilados o semi jubilados que tienen un trabajo extra para completar su pensión.
Para Paco, lo más importante no es solo lo económico, sino la tranquilidad de hacer las cosas conforme a la ley. “Yo lo que no quería era estar en el campo mirando a ver si vienen los inspectores”, señala. Por eso, defiende sin matices esta fórmula: “Me parece una cosa estupenda. El que quiera estar, está y está tranquilo”.
“A mí me cansa descansar”
El campo no solo es su medio de vida, es su forma de pasar el tiempo. “Yo no veo esto un trabajo. Aquí me lo estoy pasando bien”, asegura mientras poda con una tijera eléctrica que ha sustituido a la tradicional. Porque si algo tiene claro es que el campo también se moderniza: “O te modernizas o desapareces”.
Muchos le preguntan si no debería parar ya. Incluso su hija preferiría que descansara. Pero él lo tiene claro: “A mí me cansa descansar”. Sus propios trabajadores, cuenta, le dicen que mientras esté activo estará mejor que en el pueblo, sin hacer nada. “Si estás todo el día parado, tendrás que ir a un gimnasio o a andar por los caminos. Esto es mi gimnasio”, bromea.
Paco siempre lleva el móvil encima y piensa que “hoy en día es como si estuvieras acompañado”, pero le ayuda a organizarse. Almuerza a media mañana su talega de siempre, con fruta y algo de embutido, y si se cansa, descansa un rato..
El campo no tiene relevo generacional
Pero si algo destaca de su labor, es que es más que necesaria debido a la falta de relevo generacional que tiene el campo. Su hijo es ingeniero y trabaja en Londres; su hija es profesora. Ninguno seguirá con la explotación. “Ese es el desastre”, lamenta. Aunque se alegra de que hayan encontrado su camino fuera del campo, es consciente de que muchas fincas acabarán vendiéndose o arrendándose cuando sus dueños no puedan más.
Si algún día siente que ya no tiene fuerzas, lo tiene asumido: “Lo venderé o lo arrendaré. Habrá que adaptarse a las circunstancias”. Pero mientras el cuerpo responda, seguirá. De hecho, firma sin dudarlo: “Diez años más así, hasta los 85, no me importaría”.
A sus 75 años, combina el trabajo con viajes del Imserso y excursiones por Europa, continente que asegura haber recorrido casi entero. No siente que haya dejado nada pendiente. “Toda la ilusión que tenía la he hecho”, dice con serenidad.
Paco sabe que la vejez llegará y que será dura, como él mismo reconoce. Pero su receta es clara: “Compaginar el trabajo con la diversión y pasarlo lo mejor posible”. Para algunos, la jubilación es el final de una etapa laboral. Para otros, como este agricultor extremeño, es solo una forma distinta de seguir viviendo el campo que lleva sembrado dentro desde los 16 años.