El edadismo laboral (la discriminación por edad en el acceso al empleo) se ha convertido en uno de los principales problemas del mercado laboral español. De hecho, en 2025, los trabajadores mayores de 55 años registraron por primera vez en España una tasa de paro superior a la del grupo de 25 a 54 años, al situarse en el 9,8%, según un informe de la Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie) sobre la calidad del empleo de la población mayor, elaborado a partir de microdatos de la EPA del INE.
La duración del desempleo también evidenciaba la desventaja de los sénior, ya que, según el mismo estudio, el 57,9% de los parados de 55 o más años eran de larga duración, frente al 36,1% en el grupo de 25 a 54 años y al 17,8% entre los jóvenes de 16 a 24 años.
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Unas cifras que tienen rostro. Y uno de ellos es el de Pepe. Durante años, estuvo trabajando como encargado en una empresa de lucha contra incendios, hasta que lo despidieron a los 50 años. En un principio, estaba tranquilo, pensando que, con su amplia experiencia, encontraría trabajo pronto: “Pensaba que a la semana o a los 10 días iba a estar trabajando”.
Sin embargo, no ocurrió así, algo que le “cambió mucho”, tal y como contó en el programa ‘La Tarde’ de COPE. Por mucho que buscaba, en todas las ofertas le acaban descartando por su edad, escuchando siempre lo mismo como respuesta: “Tienes un currículum fenomenal, pero no te vamos a contratar por la edad”, respondiéndole así “claramente”.
“Los días se me hacían largos y las noches eternas”
Recibiendo siempre el mismo ‘no’ por respuesta, a pesar de estar altamente cualificado, la situación para Pepe se volvió crítica. A todos los niveles. En la citada radio, cuenta que solo le llamaban para cubrir vacantes en periodos cortos, como las vacaciones, y que su hijo le iba buscando “chapucillas”. “Me veía negro”, afirma.
Tal así que, a los tres años de perder su empleo, se encontró con dificultades para hacer frente a la hipoteca. Un desgaste que acabó dejándole también consecuencias emocionales: “Los días se me hacían largos y las noches eternas”, relata, añadiendo que “hay noches que me las pasaba enteras llorando pensando qué iba a hacer, era muy duro”.
Llega el ansiado empleo: “se veía en su mirada que necesitaba que alguien le diera una oportunidad”
Todas las empresas parecían cortadas por el mismo patrón hasta que, tras 9 años en situación de desempleo, se encontró con Juan José. Este, propietario de una empresa de servicios (CICUE), le dio la oportunidad que tanto anhelaba, contando en el programa que hay tres datos en los que nunca se fijan a la hora de valorar el currículum: la edad, el sexo y la nacionalidad. Ninguna de estas cuestiones les interesa.
¿En qué sí se fijan? “En que sea buena gente y tengan ganas de trabajar”. Contrató a Pepe en plena pandemia, confesando que su caso fue “muy curioso” y que lo recuerda perfectamente: “Es muy curioso, por la luz de sus ojos, se veía en su mirada que necesitaba que alguien le diera una oportunidad”.
A día de hoy, asegura que están encantados con su trabajo: “Es una excelente persona, es un trabajador modelo, hubiera perdido una gran baza humana”, reiterando vio en él “humildad, honestidad y ganas de trabajar”. De hecho, cuenta que incluso a los trabajadores más jóvenes les cuesta seguirle el ritmo, mostrando que el talento no entiende de edades.