La vivienda sigue siendo el gran reto de España en este 2026, ya que lejos de mejorar la situación esta no para de empeorar debido a la falta de oferta y a que el precio de los inmuebles ya está en máximos históricos. Y es que si se compara con el resto de la Unión Europea, vemos como el precio ha aumentado en España casi tres veces más que en Europa, concretamente un 12,8%, en un país donde los sueldos se estancan más que nunca a pesar de la última subida del SMI.
Si nos vamos a los jóvenes y a las familias con menos ingresos, la situación se complica aún más, viendo como gran parte de las personas que pertenecen a estos colectivos tienen que dedicar entre un 40% y un 50% de su sueldo al alquiler (el precio del alquiler también ha aumentado sin parar). Según expertos, el pago de la hipoteca mensual o el alquiler más los gastos típicos (facturas, internet, comunidad…) no debería superar el 30% o 35% de los ingresos, pero esto no es así y de hecho está lejos de serlo.
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Así lo denuncia el propio Gonzalo Bernardos, experto económico, que tiene claro qué grupo de persona es el que debería ser considerado vulnerable en realidad: “Vulnerable es quien cobra 1.613 euros y dedica más del 30% de su sueldo a pagar el alquiler y suministros”, declaró Gonzalo Bernardos en su intervención en el canal ‘Property Buyers’. ¿Qué alternativas existen ante la creciente alerta de vivienda? Más allá de incrementar la oferta, el economista defiende la posición de los propietarios y cuestiona la ley de vivienda actual.
Los precios siguen subiendo sin parar
El acceso a la vivienda se ha convertido en una de las principales preocupaciones en España, tanto para ciudadanos como para especialistas. Cerca de 1 de cada 4 hogares ha tenido dificultades para acceder o mantener una vivienda, es decir, alrededor del 25% de la población desde el inicio de la crisis habitacional. La evolución de los datos es clara: los precios han crecido con fuerza durante la última década y en 2026 alcanzan máximos históricos.
En las grandes ciudades, alquilar un estudio de unos 30 metros cuadrados puede costar hasta 1.000 euros mensuales. Compartir piso tampoco resulta económico: una habitación oscila entre 400 y 700 euros en ciudades como Madrid, Barcelona o Valencia, donde la demanda sigue en aumento.
En el mercado de compra, la situación es similar. El precio medio del metro cuadrado se sitúa en torno a 2.200 euros en vivienda de segunda mano y unos 3.300 euros en obra nueva. Esto implica que un piso usado de 95 metros cuadrados ronda los 209.000 euros.
Con estos niveles, solo quienes cuentan con mayor capacidad económica pueden acceder a la compra, especialmente si se tiene en cuenta que el salario mínimo en España es de 1.221 euros brutos al mes.
Aunque todavía no está claro si los precios se estabilizarán a partir de 2027, los expertos describen el escenario como “desolador”. Gonzalo Bernardos advierte de una “subida espectacular” que, según apunta, podría agravarse con la actual Ley de Vivienda.
"El propietario es una persona que, cuando se siente maltratada, huye", señala al criticar las medidas actuales. El profesor de la Universidad de Barcelona considera que esta situación provoca que muchos propietarios retiren sus inmuebles del mercado, reduciendo aún más la oferta disponible.
Independientemente de las causas del déficit, los especialistas coinciden en que serían necesarias unas 700.000 viviendas adicionales para equilibrar el mercado.
Los jóvenes están cada vez más lejos de comprar una casa
La falta de acceso a la vivienda afecta especialmente a los más jóvenes. Según Gonzalo Bernardos, “la única manera de que un joven sea propietario es que sus padres le compren la vivienda". Además, lamenta que “si antes había pocas probabilidades de encontrar piso, ahora es una misión casi imposible".
Ante este contexto, muchos jóvenes se ven obligados a compartir piso, vivir de alquiler o permanecer en casa de sus padres, ya que ahorrar resulta cada vez más complicado. Sin apoyo familiar, el acceso a la compra puede alargarse durante años.
La edad media de emancipación en España ya supera los 30 años, muy por encima de otros países europeos. En Finlandia se sitúa en 21,5 años y en Suecia en 21,8 años, lo que refleja una diferencia cercana a una década respecto a España.
El panorama actual, especialmente para las nuevas generaciones, es preocupante y no parece que vaya a mejorar a corto plazo. Por ello, expertos en economía e inversión reclaman medidas urgentes, aunque advierten de que la solución requerirá tiempo y recursos.