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Los psicólogos coinciden: la generación que creció en los años 60 y 70 desarrollaron una gran fortaleza mental basada en la supervivencia

Un análisis revela que muchas personas que crecieron en estos años tuvieron que enfrentarse a problemas desde muy jóvenes sin contar con la protección de sus familias.

Un hombre mayor apoyado en un baston
Los psicólogos coinciden: la generación que creció en los años 60 y 70 desarrollaron una gran fortaleza mental basada en la supervivencia |Envato
Berta F. Quintanilla
Fecha de actualización:
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Los psicólogos coinciden en que la fortaleza mental que se aprecia hoy día en la generación que creció entre los años 1960 y 1970 no es casualidad, sino fruto del entorno en el que crecieron. En aquella época, las expresiones de afecto o protección familiar que se observan hoy eran menos frecuentes y los entonces niños o jóvenes tenían que buscar el modo de hacer frente a la adversidad sólos. 

Así, aparecen diferentes enfoques psicológicos que interpretan esta dureza como una manera de adaptarse a los entornos definidos por la autosuficiencia, la escasez de apoyo emocional explícito y el trabajo, que en aquel entonces era diferente al concepto que se tiene hoy día. 

En la llamada década de los 70, el día a día transcurría con muchas menos herramientas para afrontar los problemas emocionales. No había redes sociales, y era más complejo acceder a especialistas en salud mental. De hecho, este tipo de problemas no estaban tan normalizados como lo están a día de hoy, y muchos de los que los padecían tenían vergüenza de reconocerlo. 

Criar a los niños era distinto, desde el primer momento se les enseñaba a ser autónomos, a resolver ellos mismos sus propios problemas. Si este comportamiento se trasladase al año 2026, se podría decir que estaban “reprimidos emocionalmente”. ¿No será que en aquellos años la ausencia de queja, asumir responsabilidades o verbalizar sentimientos se entendían como algo positivo y no símbolos de represión emocional?

Los niños expuestos a un entorno adverso luego son adultos funcionales y adaptados

La psicóloga Emmy Werner, en un estudio que comenzó en la década de 1970, comprobó que cerca de un tercio de los niños que estaban expuestos a situaciones adversas, luego eran adultos funcionales y adaptados. 

Esto era así por la presencia de factores protectores ligados, en muchos casos, a la asunción de responsabilidades y al desarrollo de habilidades prácticas, más allá del acompañamiento emocional. De aquí salió una generación que entendía la resiliencia como el modo de plantar cara a la vida.

Werner no fue la única que encontró en esta generación una fuente de inspiración y Ann S. Masten estudió cómo se activaron mecanismos de adaptación que permitieron a los entonces niños y jóvenes plantar cara a situaciones extremas. Y cuando se habla de esto, se hace de crisis familiares o falta de dinero.

Problemas para mostrar el afecto a los demás

Uno de los rasgos más característicos de quienes crecieron en la década de los 60 y 70 es la dificultad para mostrar afecto. Estaban completamente dedicados tanto al trabajo como al cuidado del hogar, dejando de lado la comunicación emocional directa.

Enfrentar las situaciones complicadas con seguridad es una ventaja pero también tiene su lado oscuro. Este no es otro que el de no saber cómo gestionar su lado emocional. Los psicólogos coinciden en que esta actitud es una respuesta que viene condicionada por el entorno. 

Los expertos no quieren “idealizar el pasado”

Los expertos en psicología coinciden en que el debate no debe entrar en una idealización del pasado y tampoco en una crítica simple de lo que está pasando. Se trata de entender las condiciones por las que esta generación presenta unos comportamientos que son diferentes a los que se ven en pleno siglo XXI.

Ahora se trata de una manera más profunda la salud emocional, incorporando nuevas herramientas para integrar la vulnerabilidad y la fortaleza. La fortaleza emocional y a la vez la expresión de sentimientos no deberían ser contradictorios, sino complementarios. 

Entender esta dureza sirve para que las generaciones actuales entiendan lo que han pasado sus mayores para redefinir sus modelos de autocuidado.