Antes estar casado con un albañil significaba ser pobre, pero parece que ahora eso ha cambiado, según explicaba Pepe Cañas, albañil veterano que sabe bien de qué va esto de trabajar en la obra. De lo que no hay duda es de que trabajar en la construcción siempre ha sido un empleo poco atractivo para jóvenes que, especialmente en los últimos tiempos, han preferido trabajos más tecnológicos y cómodos.
Esto ha provocado que en la actualidad el sector sufra una falta de relevo generacional y de personal cualificado acuciante. Las empresas de la construcción se quejan de que nadie quiere trabajar en la obra porque es muy duro, a la vez que los jóvenes y algunas personas del sector se quejan de que a veces resulta difícil entrar a trabajar en el mismo o de que piden demasiados requisitos en las entrevistas para ser albañil.
Una de esas personas que conoce bien el sector de la construcción es José Toro, que empezó a trabajar de albañil con solo 16 años y, desde entonces, ha pasado por prácticamente todos los puestos del sector: peón, oficial, encargado, jefe de obra e incluso promotor. Hoy, además, forma a nuevos trabajadores, lo que le permite tener una visión completa de la situación actual. Y lo tiene claro: “el problema no es exactamente la falta de gente, sino la dificultad para encontrar profesionales preparados y la poca voluntad de algunas empresas para formar”, según declaró en una entrevista con La Vanguardia.
Las empresas de construcción no le dan oportunidades a los jóvenes
En los últimos años, cada vez está más presente la idea de que faltan albañiles en España, pero este obrero dice que no es totalmente cierto. “Desde mi experiencia el problema no es exactamente ese. Lo que falta es personal cualificado”, asegura. Según explica, cada año salen alumnos preparados de los cursos de formación, pero se encuentran con una barrera inesperada: “muchas empresas no los quieren porque buscan oficiales que ya tengan experiencia y que desde el primer día sepan hacerlo todo”.
Para el profesional, esta situación genera un círculo vicioso difícil de romper. “Si tú llevas a cien personas a una obra, muchas no van a servir porque no tienen los conocimientos necesarios y las empresas, en lugar de enseñarlas, prefieren seguir buscando perfiles que ya estén formados”, lamenta.
Los jóvenes sí quieren, pero no siempre pueden
Otra de las ideas extendidas es que los jóvenes no quieren trabajar en la construcción. Toro reconoce que hay parte de verdad, pero no es toda la historia. “En parte sí, pero no del todo. Hay muchos jóvenes que prefieren no dedicarse a esto porque lo ven como un trabajo duro”, explica. Sin embargo, también subraya que existe interés: “hay chavales que sí quieren aprender y trabajar, sobre todo gente con pocas oportunidades o con baja formación”.
El problema, insiste, vuelve a ser el acceso. “A muchos tampoco se les da la oportunidad de entrar en el sector”, afirma. De hecho, relata casos concretos: “yo he llegado a ofrecer alumnos en prácticas a empresas, incluso gratis durante tres meses, y algunas no los quieren”. Por eso concluye con contundencia: “muchas veces el problema no es la falta de gente, sino que no se quiere formar a nuevos trabajadores”.
Sueldos: grandes diferencias según la habilidad
Sobre los salarios, Toro desmonta otro mito habitual: no todos los trabajadores cobran lo mismo. “Depende mucho de lo hábil que seas en el oficio”, señala. Y marca diferencias claras: “si eres muy bueno, puedes ganar bastante dinero, incluso más que en otros trabajos sin estudios, pero si eres del montón, vas a cobrar un sueldo normal”.
De hecho, insiste en que la brecha es considerable: “en este sector hay una diferencia enorme entre un profesional sobresaliente y uno normal, igual que pasa en otros ámbitos, como el deporte”.
Las cifras lo reflejan. “Un albañil que trabaje a destajo y sea bueno puede ganar entre 3.000 y 4.000 euros al mes sin demasiados problemas”, afirma. Incluso más: “los que son considerados los mejores pueden llegar a 5.000 o incluso 6.000 euros”. En cambio, la otra cara de la moneda es muy distinta: “un jornalero que cobre según convenio suele estar alrededor de los 1.500 o 1.600 euros mensuales”.
Un trabajo duro física y mentalmente
A pesar de los salarios más altos en algunos casos, Toro no oculta la dureza del oficio. “Lo más duro es el desgaste físico diario”, explica. “Estás todo el día moviendo materiales, levantando peso y trabajando con frío o con calor extremo”.
Su experiencia lo respalda: “yo he trabajado con temperaturas bajo cero en invierno y también en pleno verano”. A eso se suma la repetición constante de movimientos: “son trabajos muy repetitivos… todo eso acaba pasando factura con los años”. Las consecuencias son habituales: “es muy común que los trabajadores tengan problemas en la espalda, los codos o las rodillas”.
Jornadas largas y desplazamientos
El horario tampoco ayuda a atraer mano de obra. “Depende mucho de dónde esté la obra”, señala. “Muchas veces tienes que desplazarte bastante lejos de casa”. Describe jornadas exigentes: “hay días en los que me he levantado a las cinco y media de la mañana porque tenía que trabajar a cien kilómetros”.
El resultado son días interminables: “hay jornadas en las que te pasas todo el día fuera y vuelves a casa a las ocho o nueve de la noche”. Por eso reconoce que “el horario también es una de las cosas que más echa para atrás a la gente”.
Por qué construir es cada vez más caro
Sobre el encarecimiento de la vivienda, Toro identifica varios factores. “Primero, los materiales han subido muchísimo de precio en los últimos años”, explica. A eso se suma un modelo más fragmentado: “hoy en día cada parte del trabajo la hace una empresa distinta y eso también aumenta los costes”.
Y añade otro elemento clave: “hay muchísima burocracia para conseguir licencias o permisos”, lo que retrasa los proyectos “durante meses”.
La mano de obra también influye. “Si un trabajo tarda más tiempo en hacerse, alguien tiene que pagar esa diferencia”, afirma. Antes, dice, había más profesionales altamente experimentados: “trabajaban muy rápido y podían sacar mucho trabajo en un día”. Hoy la situación ha cambiado: “hay menos profesionales con ese nivel de experiencia y eso hace que las obras duren más tiempo y se encarezcan”.
El error más común en las reformas
Para quienes reforman su vivienda, Toro advierte de un fallo frecuente: “el error más común es contratar al más barato o a alguien que trabaja sin estar dado de alta”. Y alerta de las consecuencias: “mucha gente no es consciente de que si ocurre un accidente en una obra en su casa, la responsabilidad puede recaer sobre ellos”.
También detecta falta de información: “hay mucho desconocimiento y falta de asesoramiento”. Por eso insiste: “muchas personas no buscan empresas serias y luego aparecen los problemas, así que al final lo barato muchas veces sale caro”.
Consejos para trabajar de albañil
A los jóvenes que quieren dedicarse a la construcción, Toro les da un consejo claro: “siempre les digo a mis alumnos que se especialicen en algo”. El mercado, asegura, va en esa dirección: “el sector cada vez busca más especialistas”.
Pone ejemplos concretos: “gente muy buena colocando azulejos, trabajando con yeso o instalando pladur”. Y resume la clave del éxito: “si eres excepcional en algo, siempre vas a tener trabajo”.
Para quienes quieren emprender, recomienda paciencia y formación: “primero trabajar varios años para aprender bien el oficio y después seguir formándose”. Además, aconseja ampliar competencias: “también es buena idea sacarse habilitaciones como electricidad o fontanería porque eso permite ofrecer más servicios”.
En definitiva, José Toro dibuja un sector lleno de oportunidades, pero también de retos. Y lo resume en una frase que desmonta muchos tópicos: “no falta gente, lo que falta es querer formar a los que vienen detrás”.

