Cuando en 2021 entró en vigor la llamada Ley Rider, el Gobierno prometió poner fin a la figura del falso autónomo en las plataformas de reparto y garantizar derechos laborales básicos a miles de trabajadores. La norma obligó a empresas como Glovo a contratar a sus repartidores como asalariados e informar sobre los criterios de los algoritmos que organizan el trabajo. Sin embargo, cinco años después, parte de la plantilla asegura que el cambio a la condición de asalariados no ha resuelto los problemas del sector.
Uno de los principales focos de conflicto es la exposición constante a riesgos laborales en la calle, como los accidentes de tráfico y las inclemencias meteorológicas, o las jornadas partidas sumadas a la presión por los tiempos de entrega, sin que exista un sistema de protección eficaz cuando surgen incidencias.
Así lo ha denunciado Matías José Martignone, repartidor de Glovo, en una entrevista exclusiva para NoticiasTrabajo, quien ha sido recientemente elegido presidente del comité de Glovo Almería tras las elecciones sindicales celebradas el pasado mes de enero en las que la candidatura de Comisiones Obreras (CCOO) obtuvo 9 de los 13 representantes.
Condiciones laborales marcadas por un algoritmo
“Nosotros no somos un algoritmo. El día a día en la calle puede cambiar”, reivindica Matías frente a un sistema de control automatizado que organiza cada jornada laboral de los repartidores de Glovo. Según denuncia, la aplicación fija tiempos cerrados de entrega y registra cada movimiento del repartidor, penalizando cualquier desviación, incluso cuando responde a circunstancias ajenas al trabajador, como atascos, cortes de tráfico o condiciones climáticas adversas. De hecho, con respecto a este último existe un derecho para todos los trabajadores.
Así, cualquier ‘desliz’ puede traducirse en sanciones o descuentos en nómina.“Te sancionan porque tardas más o porque entras a un ascensor y el móvil pierde la señal”, afirma, y añade que “si el repartidor se sale del perímetro marcado en el mapa para acortar camino, el sistema lo interpreta como un abandono del puesto y también te sancionan”.
Riesgos en la calle y penalizaciones
Los episodios de viento registrados en la provincia de Almería el mes pasado, consecuencia de las diversas borrascas, con caída de árboles y mobiliario urbano, pusieron a prueba el sistema de reparto que, según Matías, no contempla las circunstancias reales de los riesgos de la calle.
“Vas en la moto o en el patinete más lento por precaución y, ¿qué pasa? Que pueden llegar a sancionarte con la suspensión de empleo y sueldo durante una semana”.
Ante ello, la única solución que tienen estos trabajadores es comunicar la incidencia y pedir la paralización o reasignación del pedido cuando no se puede trabajar con normalidad. Sin embargo, según el presidente del comité, ese contacto se canaliza a través de la aplicación, con respuestas automatizadas que no siempre llegan a tiempo, o mediante el jefe de zona, que solo trabaja en horario de mañana y tiene un margen de actuación limitado. “La aplicación falla miles de veces. Intentas hablar con soporte y no te contestan o tardan un mundo. ¿Cómo le explicas tú a un bot lo que te está pasando?”, apunta.
Cambios de turno y conciliación
La organización del tiempo de trabajo es otro de los focos de conflicto. Según Matías, los horarios se comunican con dos semanas de antelación, pero pueden modificarse el día previo o incluso el mismo día. “Hay compañeros que el día de antes o el mismo día la aplicación les ha cambiado el turno”, asegura.
Además, sostiene que las solicitudes de conciliación no siempre obtienen respuesta favorable. “Existe la conciliación, está apoyada por la ley, pero no se aplica”, señala, aludiendo al caso de una compañera con dos hijas cuyos horarios no se adaptan a su situación familiar. “Siempre es lo mismo: es un algoritmo el que asigna los horarios”.
Nóminas imposibles de descifrar
En materia salarial, los repartidores cobran el salario mínimo interprofesional que fija su convenio colectivo, “que no se actualiza desde 2.006”. Aunque los sueldos “pueden variar mucho” en función de las horas contratadas y los complementos, la base retributiva es el SMI con las pagas prorrateadas, pero, tal y como denuncia Matías, “te llega la nómina y no sabes exactamente qué te están pagando ni por cuántos pedidos o kilómetros”.

Además, la empresa ha introducido sistemas de incentivos o “retos” ligados a determinados objetivos de pedidos y kilómetros. Pero, según su versión, el convenio colectivo dificulta que esos complementos permitan superar de forma efectiva el salario mínimo actual. “Me esfuerzo para hacer el reto, pero después no supero el SMI y me terminas pagando el SMI”, apunta.
El accidente laboral que evidenció las carencias del sistema
Sin embargo, la peor parte para Matías llegó en febrero del año pasado, cuando sufrió un accidente de tráfico mientras realizaba una entrega. El siniestro, según relata, le provocó “fracturas en la tibia y el peroné, además de lesiones en la rodilla y el tobillo”, que requirieron varias intervenciones quirúrgicas. Pero más allá de las consecuencias físicas, asegura que se encontró con un vacío administrativo sobre quién debía asumir la contingencia del accidente laboral, lo que retrasó su atención y el reconocimiento de la baja.
“Mi mutua decía que ya estaba dado de alta como empleado y que tenía que hacerse cargo la mutua de la empresa. Y desde la empresa me dijeron: ‘A mí qué me cuentan si nosotros no te hemos dado de alta’”, explica. Finalmente, fue el seguro de su moto el que asumió los primeros gastos al tratarse de un accidente de tráfico. A día de hoy, asegura, sigue a la espera de que se reconozca definitivamente como accidente laboral.
“Me vi en una camilla sin que nadie se quisiera hacer cargo”, resume Matías, que tras varias operaciones y con placas y tornillos en la pierna, actualmente sigue de baja médica.
“Glovo funciona y sobrevive por nosotros”
Pese al temor a posibles represalias entre los trabajadores de la compañía, el nuevo comité aspira a negociar con Glovo la actualización del convenio y una mayor claridad salarial, porque “Glovo funciona y sobrevive por nosotros. Nosotros somos los que estamos en la calle”, asegura Matías.
Entre sus principales reivindicaciones figuran también la mejora de los protocolos ante riesgos meteorológicos, la revisión de las suspensiones de empleo y sueldo y una regulación más clara sobre el uso y mantenimiento de los vehículos propios, además de reclamar que las incidencias técnicas o los fallos de la aplicación no se traduzcan en penalizaciones económicas.
“Nosotros no es que no queramos trabajar. Queremos trabajar, pero que nuestro trabajo se vea reflejado en nuestro sueldo y que se respeten nuestros derechos”, concluye Matías, que confía en abrir una vía de diálogo estable con la empresa en las próximas semanas.

