Lisa tiene 31 años y trabaja como consultora de gestión en Alemania. Hace dos meses cambió de empresa y, desde entonces, cobra 6.800 euros brutos al mes, unos 4.800 euros netos. Un salario por encima de la media, pero que a ella no le termina de encajar. “No me parece muy satisfactorio mi sueldo”, relata.
Además del salario, la empresa le cubre prestaciones como coche de empresa, seguro complementario de pensión y gastos de viaje, según explica para el medio Stern. Aun así, insiste en que el problema no es solo la cifra mensual, sino lo que implica para conseguirla. “Viajo y trabajo mucho; a veces ni siquiera tengo tiempo para comer. O los clientes están de mal humor”, explica.
Su contrato se basa en un horario laboral “de confianza”, que en teoría se ajusta a una jornada estándar. Ahora bien, en la práctica, asegura que trabaja unas 60 horas semanales y que no recibe ninguna compensación por las horas extra.
Cuando hace cuentas, afirma que el salario por hora es de unos 15 euros. Y ese cálculo cambia por completo la perspectiva. “Por el nivel de exigencia, no me parece especialmente satisfactorio”, sostiene. El trabajo, dice, absorbe casi toda la semana: viajes constantes, comidas rápidas y tensión diaria.
Vive en el centro de Múnich y paga 1.650 euros de alquiler
A esa carga laboral se le suma el coste de vida. Lisa vive en el centro de Múnich y paga 1.650 euros al mes, con gastos incluidos, por un piso de 43 metros cuadrados, de una habitación y media y construido en los años 80. Tiene un pequeño balcón y una azotea, pero reconoce que “no tiene nada de especial por el precio”.
Otro gasto fijo importante es el seguro médico privado. Según cuenta, casi 700 euros mensuales de sus 4.800 euros netos van destinados a esa cobertura.
En alimentación se mueve entre 300 y 500 euros al mes, en parte porque come fuera y como ella misma admite, no siempre puede evitarlo. “A veces tengo que salir a comer con clientes, aunque me gustaría ahorrar”, explica. Además, como suele pasar noches en otras ciudades, rara vez puede cocinar en casa.
“Al final del mes siempre me quedo con 0 euros”
Pese a los ingresos, Lisa asegura que llega a final de mes sin margen. “Al final del mes siempre me quedo con 0 euros”, confiesa. Según relata, esto se debe a gastos elevados recientes que está pagando a plazos.
Entre esos desembolsos menciona la congelación social de óvulos, una intervención que le costó entre 4.000 y 5.000 euros. Lo hizo para preservar la posibilidad de ser madre en el futuro, si en unos años no encuentra una pareja adecuada o no puede hacerlo de forma natural.
También señala otros gastos como la depilación láser por un coste anual de 6.000 euros, financiado, y 2.400 euros para publicar su tesis doctoral en una editorial. A todo esto se suman los gastos de transporte, donde calcula que se le van unos 100 euros al mes. Sobre el coche de empresa, indica que por 136 euros tiene incluido el alquiler, la recarga y el seguro, y que solo paga el aparcamiento cuando lo usa para fines privados.
En condiciones normales, cuando no tiene estos gastos extra, dice que suele ahorrar 600 euros al mes para la jubilación, repartidos entre un plan de empresa, una pensión Rürup, un plan privado vinculado a unidades y ETFs.
De crecer con poco a sentir que el esfuerzo no compensa
El trasfondo personal explica parte de su relación con el dinero. Lisa cuenta que creció en un hogar sin estudios, con una madre soltera que recibía ayuda social. Desde pequeña, dice, aprendió a comprar lo más barato. Ahora busca una experiencia de compra distinta, con productos regionales y orgánicos, e incluso compra directamente a agricultores.
También por eso afirma que su trabajo es “un símbolo de igualdad de oportunidades”: como alguien de origen no académico, logró entrar en una de las consultoras más importantes de Alemania. Aun así, reconoce que no sabe si quiere dedicarse a esto toda la vida. “El trabajo es increíblemente exigente”, sostiene. “Hay que aceptar muchas cosas y tener resiliencia”. Y lo resume diciendo que cuando el salario se mide solo en euros al mes, parece alto. Pero cuando se mide en horas y desgaste, el balance ya no es tan claro.

