En los últimos años, numerosos sectores profesionales, como el transporte o la construcción, afrontan grandes dificultades para atraer a las nuevas generaciones, amenazando así su continuidad. De esta manera, el auge de empleos vinculados a la digitalización han relegado a un segundo plano oficios tradicionalmente valorados y necesarios para la economía del país.
Jordi, conductor de autobús con más de 15 años de experiencia en España, trabaja en Barcelona y hace rutas internacionales por Europa, lo que implica jornadas de trabajo especialmente exigentes. De hecho, al finalizar cada trayecto, tras estar varias horas al volante, no termina su trabajo.
“Después de todo el día conduciendo, me quedo a limpiar el autocar, tengo que revisar que todo esté en condiciones, descansar, y al día siguiente vuelvo a empezar”, explica en una entrevista en el podcast ‘Rutas de éxito’, donde resume la dificultad para encontrar profesionales que garanticen el relevo generacional en o el salario que se cobra en este oficio.
A esta rutina se suma la responsabilidad permanente de llevar a decenas de pasajeros a su cargo. “Llevas 60 personas detrás”, destaca, poniendo en valor el nivel de atención y compromiso que requiere esta profesión y la presión añadida que supone garantizar la seguridad y el bienestar de los viajeros durante cada desplazamiento.
Cuánto cobra un conductor de autobús
Jordi recuerda sus inicios en la profesión, cuando comenzó a trabajar cuando era un adolescente. “Empecé a los 19 a fondo, trabajando 300 horas cada mes y ahorrando todo al máximo”, relata. Tras tres años pagando alquiler, tomó conciencia de que ese esfuerzo no se veía recompensado, y “a los 22 me di cuenta de que pagar alquiler es una locura, que estaba tirando el dinero, y lo primero que hice fue coger todo el dinero que pude y comprarme un piso”, explica.
Con respecto al salario real que cobra en su trabajo, Jordi detalla que su sueldo base “son 1.600 euros al mes”, aunque puntualiza que la cifra final depende en gran medida de los complementos. “Vivimos de los complementos, de las dietas y de las horas extra”. Según explica, gracias a estos conceptos puede llegar a percibir hasta 2.600 euros en un mes, aunque la media suele situarse en torno a los 2.400 euros.
“Una persona que trabaja en Mercadona, en un almacén o en una fábrica hace sus 8 horas y se va a su casa con el mismo sueldo. Yo llevo una responsabilidad de llevar 60 personas detrás, más lo que me pueda encontrar”.
Además, Jordi subraya la dureza de las condiciones a las que deben hacer frente muchos conductores de autobús, especialmente aquellos que se ven obligados a trabajar lejos de sus casas durante largos periodos.
“Es lo más complicado que he hecho en este sector. Irte 15 o 20 días sin saber si vas a volver en ese plazo, o si vas a regresar en uno o en dos meses, es muy duro”, confiesa, convencido de que es uno de los principales sacrificios que exige la profesión y un factor determinante a la hora de disuadir a posibles relevos generacionales. “La gente no piensa que yo por ejemplo el día 1 de enero he estado 15 horas fuera de mi casa, me he levantado a las 5:30 de la mañana y he dejado una familia atrás”, añade.
No hay relevo generacional
Pero el caso de Jordi no es aislado. El sector del transporte en autobús lleva años alertando sobre la escasez de conductores, un problema atribuido a la falta de atractivo para las nuevas generaciones. Esto, sumado a la jubilación de los perfiles más experimentados, han derivado en una búsqueda constante de personal por parte de las empresas, que, según los profesionales, “buscan por todas partes”.

