El absentismo laboral se ha convertido en uno de los principales problemas del mercado laboral en España. Cada día, alrededor de 1,5 millones de trabajadores no acuden a su puesto de trabajo, lo que supone un enorme gasto para la Seguridad Social, que en los últimos 10 años se ha incrementado un 200%, superando los 16.000 millones de euros.
Pero gran parte de este absentismo se explica por las bajas médicas, que no solo ha aumentado el número de casos, sino también el tiempo que duran. Según un informe de la AIReF, de media, se ha pasado de 40 días en 2017 a 46 días en 2024, siendo los trastornos mentales las patologías más largas, con bajas que pueden rozar los 100 días.
Este incremento, que se ha acentuado desde la pandemia, ha abierto el debate sobre sus efectos en la productividad y sobre las posibles vías para contenerlo. Aunque la mayoría de las bajas responden a motivos justificados, principalmente problemas de salud, también han crecido las sospechas de uso indebido del sistema.
Incentivos que reduzcan las ausencias injustificadas en el trabajo
En este sentido, la abogada laboralista, Ana Gómez, ha defendido el uso de la negociación colectiva como herramienta para introducir incentivos que reduzcan las ausencias injustificadas. Los convenios colectivos, que regulan salarios, jornadas y condiciones laborales, podrían limitar los complementos que permiten a los trabajadores percibir el 100% del salario durante una incapacidad temporal. “No puede ser lo mismo cobrar lo mismo estando enfermo que trabajando”, sostiene, según recoge ‘Magas’.
Así, mantener intacta la retribución durante la baja elimina, según la abogada, la diferencia económica entre trabajar y no hacerlo, lo que podría influir en determinados comportamientos y prolongar la duración de las ausencias, ya que “estar de baja y cobrar el 100% del salario hace que nadie quiera incorporarse a trabajar”. Sin embargo, esta propuesta se enfrenta al equilibrio entre evitar abusos y garantizar la protección de los trabajadores realmente enfermos.
Una parte del absentismo, en torno al 80%, está vinculada a problemas de salud, especialmente dolencias comunes como lumbalgias, cefaleas o trastornos de salud mental. En estos casos, la evaluación objetiva de la incapacidad resulta compleja, lo que hace dudar del sistema, a lo que también se suma la saturación del sistema sanitario, con listas de espera que retrasan diagnósticos y alargan las bajas más allá de lo previsto.
Propuestas para mejorar el control y la reincorporación
Ante esta situación, algunas propuestas apuntan a reforzar el control y la gestión de las incapacidades temporales. Gómez plantea dotar de mayores competencias a las mutuas colaboradoras para que puedan intervenir también en contingencias comunes, como ya ocurre en los accidentes laborales. Además, señala que el actual modelo, fragmentado entre las comunidades autónomas, que son responsables de la asistencia sanitaria, y el Estado, encargado de las prestaciones, también dificulta el proceso.
Otra línea de actuación es facilitar la reincorporación progresiva al trabajo, mediante fórmulas que permitan adaptar la jornada o las funciones del trabajador tras una baja. Esta práctica, que ya se hace en otros países europeos, busca compatibilizar la recuperación con la vuelta a la actividad laboral de forma gradual.

