Un joven trabaja en la empresa de su madre junto a su hermana: “Trabajar en el negocio familiar no siempre es fácil, pero me encanta la seguridad laboral”

No quería trabajar en el negocio familiar pero ahora está bajo las órdenes de su madre.

Teddy Rainville junto a su hermana |Teddy Rainville - Business Insider
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Un chico joven trabaja con su hermana en la empresa de su madre, algo que “no hubiera imaginado de niño”, pero que ahora confiesa que le gusta. Estar “a tiempo completo” con su familia es algo que puede resultar difícil a veces pero que le encanta y le ayuda a prepararse “ganando confianza para lo que venga después”.

Teddy Rainville nunca quiso trabajar en el negocio familiar, pero igualmente tuvo que empezar a trabajar en la empresa de su madre y al final consiguió acostumbrarse, hasta el punto de que ahora es algo que le llena. Cuando le propusieron dedicarse a tiempo completo a la empresa de la familia se dijo que solo sería algo temporal, pero ahí sigue ahora.

“Tuve muchos compañeros que planearon desde el principio hacerse cargo de las empresas de sus padres, pero yo no. Aun así, mi madre estaba decidida a que aprendiera todos los entresijos, hiciera lo que hiciera en el futuro”, admite el joven en una entrevista con Business Insider.

Ahora lleva 7 años como trabajador a jornada completa y ya sabe todo lo importante de cómo funciona el negocio familiar. “No es fácil, pero trabajar con mi familia me ha hecho apreciar todo lo que me ha enseñado y las habilidades profesionales que he adquirido”, confiesa Teddy.

“Mi madre es empresaria y también es mi jefa”

“Mi madre fundó las empresas en las que ahora trabajo cuando tenía poco más de 30 años”. Empezó como agente inmobiliaria y, trabajando con viviendas, detectó un problema que se repetía: muchas de las propiedades que vendía tenían tanques de gasóleo para calefacción, enterrados o en sótanos, que había que retirar y sustituir. Y pensó: en vez de coordinar a varios contratistas, ¿por qué no hacerlo todo desde una misma empresa?

Así nació su primer negocio, ofreciendo un servicio integral para gestionar todo el proyecto. Y como muchos clientes ya tenían tanques nuevos, dio un paso más: creó otra empresa para suministrar gasóleo y ofrecer mantenimiento técnico de los equipos de calefacción. “El servicio integral creció un poco con la nueva incorporación”, explica.

Para él y su hermana, el emprendimiento no fue una elección, sino el entorno en el que crecieron. “Como mi madre ha sido emprendedora toda su vida, es lo único que mi hermana y yo hemos conocido”. Recuerda fotos de su madre en obras, embarazada o con ellos en el carrito, mirando excavadoras y remolques como si fuera lo más normal del mundo.

La oficina también era casi una segunda casa. “Muchas de las personas que trabajaban allí me hacían sentir como si fuera parte de mi familia”, cuenta. Después del colegio, iban a ver a sus padres para que pudieran terminar la jornada mientras ellos hacían deberes o simplemente estaban por allí.

Y si algo tenía claro desde pequeño era quién mandaba. “En casa, en el trabajo o dondequiera que vayamos, mamá es la que manda”. Ni siquiera fue consciente de que la climatización y la construcción son sectores tradicionalmente masculinos hasta la adolescencia, porque en su mundo “todos sus compañeros hacían exactamente lo que ella decía, sin apenas cuestionarla”.

“Mi papel en la empresa fue creciendo con el tiempo”

Su relación con el negocio empezó desde abajo. Literalmente. “De niño, ayudaba a limpiar las oficinas los fines de semana”. En la universidad, trabajaba en la oficina durante las vacaciones de verano. Ya conocía el funcionamiento diario porque lo había visto y escuchado toda su vida.

“Comencé a responder teléfonos, a enviar correos de marketing y, gradualmente, asumí más responsabilidades”. Poco a poco fue ocupando tareas que años antes había llevado su hermana mayor.

Tras acabar la carrera, dio el salto definitivo: empezó a trabajar a tiempo completo como asistente de oficina. Hoy su puesto es mucho más amplio. Es coordinador de ventas, redacta contratos, lleva parte de la contabilidad, organiza la programación y asume “una serie de tareas administrativas que mantienen los negocios en marcha”.

Nunca imaginó que acabaría allí para siempre. “Aunque nunca me imaginé trabajando aquí a tiempo completo, intento ver el lado positivo”. Reconoce que terminó la universidad sin tener claro que esa fuera realmente su vocación, pero valora poder mantenerse y ayudar a los suyos mientras decide qué camino quiere tomar. 

“Aún puedo mantenerme a mí mismo y a mis seres queridos mientras decido el nuevo camino que quiero tomar”.

“Trabajar con mi familia no siempre es fácil, pero vale la pena”

Es la pregunta que más le hacen: si de verdad le gusta trabajar cada día con su madre y su hermana. “Mentiría si dijera que no tiene sus ventajas”, admite. La seguridad laboral y la flexibilidad para atender asuntos familiares son puntos a favor evidentes. Pero admite que no todo es positivo, a la hora de trabajar con su familia.

“Por supuesto, también conlleva una serie de desafíos”, afirma.

Su hermana mayor es la gerente de la oficina y está directamente por encima de él. “Cuando las cosas se ponen frustrantes, me trata fácilmente como a su hermanito”, reconoce. Aun así, no le quita mérito: “Aunque sea estricta, siempre tiene la respuesta correcta y se asegura de que no cometa los mismos errores dos veces”. Como su madre, sabe hacerse con la sala y recordar quién manda en cada momento.

Con su madre, la frontera entre lo personal y lo profesional tampoco siempre está clara. “Es difícil pedirle tiempo libre sin que indague en mi vida personal para averiguar por qué”. Sin embargo, tiene claro el aprendizaje que se lleva: trabajo duro, dedicación y una ética laboral inquebrantable. “Estoy aprendiendo de los mejores”, resume.

“Siempre apreciaré lo afortunado que soy”

A pesar de las tensiones y los roces inevitables, lo tiene claro: “Poder trabajar con mi familia es una de las mejores experiencias que he tenido en la vida”. Las frustraciones existen y los retos de un pequeño pero importante grupo de empresas familiares están siempre ahí.

Pero hay algo que pesa más. “Nunca puedo negar el privilegio de aprender y crecer con mis seres queridos”. No sabe cuánto tiempo seguirá en el negocio familiar, ni si ese será su destino definitivo. Lo que sí sabe es que, cuando llegue el momento de cambiar de rumbo, lo hará con una base sólida y con el respaldo de los suyos.

“No sé cuánto tiempo trabajaré en el negocio familiar, pero me siento preparado para cualquier camino que tome, con un sólido apoyo”.

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