El astrofísico Stephen Hawking dejó una frase para la historia: “Me he dado cuenta que incluso las personas que dicen que todo está predestinado y que no podemos hacer nada para cambiar nuestro destino, igual miran antes de cruzar la calle”. Es una de tantas frases célebres que nos dejó el científico pero sin duda de las que más ha trascendido a la gente, ya que cualquiera podría verse reflejado en ella. Esta frase viene a decir que el futuro es impredecible.
La cita aparece en su libro Agujeros negros y pequeños universos y otros ensayos, en el capítulo titulado “¿Está todo determinado?”. Ahí Hawking reflexiona sobre la posibilidad de que el universo esté regido por leyes tan completas que todo, incluso nuestras acciones, esté fijado de antemano. Y, sin embargo, lo rompe con una acción cotidiana que prácticamente todo el mundo hace: mirar antes de cruzar la calle.
Hawking con esta frase no pretendía dar una charla motivacional ni negar las leyes de la física. Estaba señalando una contradicción práctica: si realmente creyéramos que nada depende de nosotros, actuaríamos como si el riesgo no existiera. Pero no lo hacemos. Miramos a ambos lados. Esperamos el semáforo. Damos un paso atrás si un coche acelera.
El detalle que convierte la frase en algo más que una broma
En ese mismo pasaje, Hawking añade una coletilla cargada de sentido: “Tal vez es solo que aquellos que no miran no sobreviven para contarlo”. Ahí está el golpe de realidad. No es solo filosofía, es estadística.
La escena es tan cotidiana que casi pasa desapercibida. Imaginemos a alguien que repite en una sobremesa que “lo que tenga que pasar, pasará”. Pero al día siguiente, cuando baja a la calle con el móvil en la mano y oye un motor acercarse, levanta la vista. Ese gesto automático revela algo más fuerte que cualquier discurso: la intuición de que nuestras decisiones influyen en el resultado.
Hawking, que dedicó su vida a estudiar las leyes que rigen el cosmos, no estaba defendiendo el caos. Estaba recordando que vivir implica tomar decisiones bajo incertidumbre. Aunque existan ecuaciones que describan el universo, nosotros no conocemos el resultado final de cada cruce, de cada elección, de cada riesgo asumido.
Determinismo no es resignación: un ejemplo práctico
El debate que plantea en el capítulo “¿Está todo determinado?” no es nuevo: si el universo funciona con leyes físicas precisas, ¿queda espacio para la libertad? Hawking responde con una idea práctica. Aunque en teoría todo pudiera estar descrito por una “gran teoría unificada”, en la práctica no sabemos cuál es nuestro destino. Y mientras no lo sepamos, actuamos como si nuestras decisiones contaran.
Es una postura menos épica y más honesta. No dice que controlemos el futuro. Dice que el futuro es impredecible para nosotros. Y en ese margen de ignorancia es donde aparece la responsabilidad.
Un ejemplo práctico: quien ahorra cada mes no tiene garantizado nada. Puede perder el empleo, puede enfermar, puede cambiar la economía. Pero aun así aparta una parte del sueldo. No porque controle el mañana, sino porque asume que sus decisiones aumentan sus probabilidades. Lo mismo ocurre cuando alguien estudia una oposición, cambia de ciudad o decide empezar de cero tras un fracaso. No hay garantías, pero sí margen.
Qué hacer con esta frase, más allá de compartirla
La cita de Stephen Hawking no significa que ahora tengamos que posicionarnos en contra de las leyes del universo ni que ahora tengamos control absoluto de todo lo que ocurre a nuestro alrededor. Solo nos indica que debemos actuar como si nuestras decisiones importaran, porque siempre son relevantes.
Mirar antes de cruzar la calle es un gesto mínimo, casi instintivo. Pero simboliza algo mayor: aceptar que el futuro no está escrito en un cartel. No sabemos qué va a pasar. Y precisamente por eso elegimos.
La frase se puede aplicar a la vida real siempre que la tomemos en serio. No sabemos si todo está determinado. Lo que sí sabemos es que, en la medida de nuestras posibilidades, cada paso cambia el escenario.
Hawking lo explicó sin dramatismo y sin promesas grandilocuentes. En un universo inmenso y regido por leyes complejas, el futuro puede ser impredecible para nosotros. Y mientras lo sea, seguiremos haciendo lo más humano de todo: mirar a ambos lados antes de avanzar.

