Logo de Huffpost

Lorena del Río, ganadera con 24 años: “No es la España vaciada, es la España vacilada, no nos quieren”

La joven dejó un trabajo en la ciudad para volver al pueblo y denuncia los prejuicios hacia las mujeres en la ganadería.

Lorena del Río en su explotación ganadera con vacas detrás
Lorena del Río, ganadera con 24 años |Youtube ‘Castilla y León Televisión’
Antonio Montoya
Fecha de actualización:
whatsapp icon
linkedin icon
telegram icon

La ganadería es uno de los oficios más antiguos y esenciales de España, pero también uno de los más castigados por la despoblación y la falta de relevo generacional. En muchos pueblos, mantener una explotación ganadera resulta casi imposible a día de hoy. Y encima todavía muchos no están preparados para ver a una mujer al frente de una de estas explotaciones por culpa de los prejuicios.

Así lo cuenta Lorena del Río Martín, de 24 años, ganadera en Villatoquite, un pequeño pueblo de Palencia, en una entrevista para el canal de YouTube de ‘Castilla y León Televisión’. “Soy ganadera, tengo ovejas de leche y vacas de carne”, empieza con naturalidad explicando a lo que se dedica.

Lorena trabajó fuera del pueblo, se fue a la capital, pero decidió regresar. “Hablé con mi padre y le dije que yo al final no quería estar trabajando fuera. Coger el coche todos los días y marcharte a la capital a trabajar y volver, por mucho más dinero que ganes no te compensa”, asegura. Para ella, la felicidad no estaba en la ciudad ni en un salario mayor, sino en el pueblo, “con los animales, con los quehaceres”.

“Es lo que te llena y por eso das el paso”, afirma. Su decisión no fue solo profesional, sino vital: apostar por el campo como proyecto de vida.

“¿Dónde está el jefe? El jefe soy yo”

A pesar de que cada vez hay más mujeres en el sector primario, los prejuicios siguen muy presentes. Lorena lo vive en primera persona. “Todavía se asusta la gente cuando te ve con el tractor. Se quedan mirando: ‘es una chica con un tractor’”, relata.

La escena se repite cuando alguien llega a la explotación. “Siempre dicen: ‘¿Dónde está el jefe?’ No, el jefe yo, yo soy el jefe. Me vienes buscando a mí”. La corrección es constante: no es “el jefe”, es la jefa. Y es ella quien toma las decisiones.

También percibe dudas sobre su capacidad. “Me preguntan a ver si sabes y eres igual de válida”. El hecho de ser mujer y joven parece exigirle demostrar continuamente que está preparada. “Para ellos es raro todavía”, reconoce, aunque matiza que poco a poco lo van viendo como lo que es: algo completamente normal.

Su mensaje es claro: “Los límites te los pones tú y cuantos menos te pongas mejor, porque todos somos capaces de hacer cualquier cosa”.

Vivir en el pueblo con grandes valores pero sin internet

Más allá de la reivindicación profesional, Lorena defiende el modo de vida rural. Le gustaría que, si forma una familia, sus hijos crezcan como ella lo hizo. “Aquí se vive feliz, rodeado de animales. Aprendes unos valores en este trabajo que igual en las ciudades no llegas a valorar o que en el colegio no te llegan a enseñar”.

Sin embargo, la realidad diaria dista de ser idílica. “No nos facilita la vida en el pueblo porque aquí no llegan ni los médicos”. Para ir a la escuela hay que desplazarse. El abastecimiento depende de que “venga el panadero y venga el frutero”. Y el acceso a internet, imprescindible hoy para cualquier gestión administrativa, sigue siendo inestable.

“Hace poco que nos ha llegado internet, todavía seguimos con problemas”, explica. La digitalización obligatoria choca con la falta de infraestructuras. “Aquí no podemos hacer ni un papel. En diez minutos tienes que hacer una guía y luego se corta el internet y no tenemos nada. Exigen algo que no puedes cumplir porque es imposible”.

“Desde un despacho juegan con el pan de las personas”

La crítica de Lorena va más allá de las dificultades técnicas. Apunta directamente a cómo se toman muchas decisiones que afectan al campo. “Es muy fácil tomar una decisión desde un despacho sin haber hablado conmigo, sin haber hablado con un agricultor o con un ganadero de la montaña”.

Reclama que las políticas se hagan “a pie de nave”, escuchando a quienes viven del sector. “Hay que contar con la gente que está metida en el mundo”, insiste. Porque, recuerda, no se trata solo de trámites o normativas: “Juegan con el pan de las personas, porque es nuestro modo de vida”.

Por eso lanza una frase que resume su sensación y la de muchos jóvenes rurales: “No es la España vaciada, es la España vacilada totalmente, no nos quieren”.

Aun así, Lorena lo tiene claro. Quiere quedarse “100 por 100” en su pueblo. Frente a la precariedad de servicios, la burocracia y los prejuicios, su respuesta es la convicción. La de una joven de 24 años que conduce un tractor, dirige su explotación y defiende que el campo no es pasado, sino presente y futuro si se le da la oportunidad.