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Una electricista venezolana en España: “Cuando le dije a un cliente que era la electricista, me dijo que mejor lo arreglaba él. He tenido muchos prejuicios por ser mujer y extranjera”

Esta electricista autónoma denuncia prejuicios por ser mujer y extranjera y alerta de la falta de relevo en el sector.

Carolina, electricista autónoma
Carolina, electricista autónoma |Cedidas a NoticiasTrabajo
Icíar Carballo
Fecha de actualización:
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Encontrar una mujer electricista todavía sigue sorprendiendo en España. Aunque cada vez son más las mujeres que se incorporan a oficios tradicionalmente masculinizados, los prejuicios persisten. Además, a esto se suma la falta de relevo generacional, ya que cada vez menos jóvenes quieren dedicarse a estos trabajos. 

A sus 29 años, Carolina, electricista autónoma, cuenta esta realidad desde su experiencia personal en una entrevista para NoticiasTrabajo“He tenido dos tipos de prejuicios, tanto por ser mujer como por ser extranjera”, reconoce al ser preguntada por el trato recibido en algunos servicios por parte de los clientes.

La joven, que trabajaba como policía en su país natal, llegó a España sin experiencia previa en el sector de la electricidad. Hoy en día, tras un proceso de adaptación marcado por la precariedad y la búsqueda de oportunidades, ha conseguido consolidarse como profesional independiente, con unos ingresos mensuales que superan los 2.500 euros limpios. Sin embargo, su trayectoria no ha estado exenta de obstáculos marcados por ser mujer y extranjera.

Prejuicios por ser mujer y extranjera

Relata cómo en su primera etapa como asalariada, un cliente se negó inicialmente a que realizara una reparación al comprobar que era mujer. “Me dijo: ‘¿Tú quién eres?’, y cuando le respondí que era la electricista, contestó que mejor lo hacía él”. Finalmente, tras no poder resolver la avería por sí mismo, accedió a que ella realizara el trabajo. “Le resolví el problema y obviamente le callé la boca”, apunta satisfecha.

Pero no es el único obstáculo al que se ha enfrentado. Carolina asegura haber recibido también comentarios por su condición de extranjera. “Tú por ser sudamericana no deberías tener ese puesto de trabajo”, recuerda que le dijeron en una ocasión. Pese a ello, afirma que estas actitudes no la han llevado a abandonar la profesión, porque asegura que “trabajando y aportando puedo hacer muchas más cosas que cualquiera que me diga esos comentarios”.

Brecha de género en el sector

De este modo, la electricista sostiene que en el sector “hay mucha brecha de género”, aunque señala que cada vez son más las mujeres que se incorporan al oficio. “Somos muchas más las mujeres que hoy en día nos animamos a hacer estos trabajos que llaman de hombres”, señala, rechazando la idea de que existan tareas reservadas a un sexo concreto y subraya que, más allá de la fuerza física, el trabajo puede desempeñarlo cualquier persona. “No veo por qué ponerle un género a un trabajo”, insiste.

En su opinión, lejos de ser una desventaja, la diferencia física puede traducirse en otra forma de abordar las tareas. “Ellos hacen todo a la fuerza; nosotras usamos más el pensamiento, buscamos la manera de hacerlo más fácil”, explica. Un enfoque que, a su parecer, desmonta estereotipos y demuestra que la competencia profesional no depende del género.

Falta de relevo generacional

Más allá de la desigualdad, el sector arrastra el gran problema de la falta de relevo generacional, tan común en sectores y oficios tradicionales. En este sentido, Carolina describe unas condiciones económicas “bastante precarias para todo el esfuerzo y el trabajo que hacemos en el día a día”

Por ello, la combinación de salarios no muy elevados y la exigencia física dificulta, según explica, la incorporación de jóvenes. “Nadie va a trabajar contento si sabe que a fin de mes va a gastar todo su sueldo en las necesidades básicas”, sostiene, haciendo hincapié en que sin una mejora de las condiciones laborales y económicas, “no habrá relevo” en el sector.

En este sentido, Carolina reconoce que “aunque está muy mal pagado, la juventud de hoy en día no quiere trabajar. Lo quieren todo fácil”. Desde su experiencia, como autónoma, asegura que no puede plantearse contratar personal porque “un chaval que se pasa todo el día con el móvil no me rinde”, además de los impuestos que le supondría pagar. “Y si se da de baja, ya ni te digo”, apunta.

La experiencia de Carolina ilustra así un reto en el que se reclama dignificar los salarios y los oficios tradicionales, erradicando los prejuicios de género que aún persisten. Sin ese doble avance, el sector eléctrico corre el riesgo de enfrentar no solo una brecha de género, sino también una brecha generacional difícil de cerrar.

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