Cuando hablamos de los riesgos a los que se enfrenta un autónomo o trabajador por cuenta propia, siempre pensamos en aquellos que afectan a la parte económica. Pero, ¿qué ocurre cuando el peligro va mucho más allá de los números y amenaza la integridad física o emocional de la persona? Hay ocasiones en las que un conflicto laboral trasciende lo profesional y sitúa al empresario en una situación de vulnerabilidad.
Es el caso de Ricardo Piñeiro, pintor autónomo de 44 años natural de Madrid que trabaja en Almería, y que casi no lo cuenta. El pasado 22 de octubre vivió uno de los episodios más graves de su trayectoria profesional, cuando un exempleado descontento con su despido le esperó a las puertas de su domicilio y le atacó con una navaja. “Me dijo que quería matarme”, recuerda durante la entrevista con NoticiasTrabajo, mostrando la puñalada en el brazo que le atravesó una arteria y un tendón.
Le apuñaló con una navaja por disconformidad en el despido
Ricardo, que lleva varios años al frente de una pequeña empresa de pintura, el verano pasado incorporó a su plantilla a un joven de 27 años sin experiencia “que venía al trabajo a dormir y todos los días llegaba tarde”, apunta, asegurando que su actitud generó en más de una ocasión algunas complicaciones.
“Le pillé durmiendo varias veces. La última vez, dijo que no estaba dormido, que estaba mareado y que por eso estaba acostado en lo alto del casetón a las 12 de la mañana”.
Tras veinte días de ausencias y episodios de descuido, Ricardo decidió prescindir de sus servicios. Sin embargo, el despido marcó el inicio de un conflicto que, lejos de resolverse, fue agravándose con el paso del tiempo. “No estuvo conforme con la forma de despedirle, decía que le debía más dinero. Yo le dije que lo que había firmado era lo que le correspondía y que, si tenía alguna duda, que me denunciara”, cuenta.
“Intentó apuñalarme en el pecho”
Pero la peor parte llegó el pasado 22 de octubre, cuando el joven se presentó en la puerta del domicilio de Ricardo. “Yo vivo en un ático y cuando bajé a la calle a coger el coche, él estaba esperándome”, relata. “Al principio vino recriminándome que le debía algo más de dinero, que no estaba conforme con lo que le había pagado”, añade.
Sin embargo, el tono de la conversación cambió de manera repentina. “Llevaba la navaja abierta en el bolsillo y me dijo: ‘Lo que pasa es que te voy a matar’”, recuerda Ricardo. “Intentó apuñalarme en el pecho, pero me dio tiempo a apartarme, y de la inercia, me pinchó en el brazo. No me di cuenta hasta que vi la sangre salir a chorros. Me dio una puñalada de 8 centímetros de profundidad. Me había cortado una arteria y el tendón”, sostiene.

La gravedad de lo sucedido obligó a que Ricardo fuera intervenido quirúrgicamente de urgencia y a pasar por un largo proceso de recuperación. “He estado un mes con la arteria cortada y un coágulo de sangre. Cuando me operaron del tendón, la cosa se complicó y tuvieron que trasladarme a un hospital con especialistas cardiovasculares para hacerme un bypass”, explica Ricardo a este periódico, aún convaleciente.
A la espera de juicio
El agresor, que no presenta antecedentes de violencia conocidos, provenía de un entorno familiar acomodado. Según cuenta Ricardo, “el padre es catedrático y la madre trabaja en la Junta de Andalucía. No era un chaval con apariencia problemática. De hecho, nunca había tenido una experiencia así”, aunque asegura haber “visto de todo” en su empresa, como empleados que se drogan, que vienen bebidos, hasta incluso algún robo, “pero jamás me había sentido amenazado a este nivel”, reconoce.
El caso, ahora pendiente de juicio con una orden de alejamiento hacia la víctima, pone de relieve la vulnerabilidad a la que se exponen a veces los pequeños empresarios ante situaciones imprevistas, ya que nadie está preparado para que una disputa laboral acabe de esta manera. Así, la historia de Ricardo subraya la importancia de reforzar los mecanismos de protección en el ámbito laboral, especialmente para los autónomos y pequeños empresarios.

