¿Qué ocurre cuando quienes tienen que contar las guerras y crisis de 14 países trabajan bajo condiciones de extrema vulnerabilidad? El equipo de la Agencia EFE en Oriente Medio, una de las delegaciones más estratégicas para el periodismo en castellano, ha dicho ‘basta’. A partir del 18 de febrero, el Servicio Internacional iniciará un parón informativo histórico ante lo que denuncian como una situación de “limbo legal” y precariedad económica insostenible.
A pesar de lo que se pueda imaginar que cobra un corresponsal español en una zona de conflicto, la realidad es que, aunque hay una “alta cualificación”, los salarios no se equiparan a lo que esconde su labor. Así lo han reflejado los integrantes del Servicio Internacional de Agencia EFE en Egipto a NoticiasTrabajo, en una entrevista exclusiva.
El equipo está formado por nueve periodistas, cinco de ellos españoles, con dobles grados, másteres en conflictos armados y ciberseguridad, así como el dominio de idiomas (árabe, francés e inglés). Sin embargo, desde abril de 2025, el descontento estalló cuando sus nóminas sufrieron un recorte de entre el 25% y el 27,5%.
Actualmente, un redactor percibe unos 1.130 dólares mensuales, aproximadamente unos 930 euros; una cifra que fluctúa según el mercado de divisas. Con ese sueldo, deben afrontar alquileres en El Cairo, que oscilan entre los 500 y los 1.000 dólares, además de costearse sus propios visados de trabajo o asumir el pago de un 10% del seguro médico.
“El sueldo que percibíamos era de 1.300 euros. Desde abril de 2025, el sueldo pasó a ser de 950 euros mensuales, si bien hemos llegado a cobrar 930 euros al mes por la fluctuación del dólar. (…) Muchos propietarios de pisos se aprovechan de que empresas internacionales y oficinas diplomáticas asumen el gasto de vivienda de sus trabajadores extranjeros, pero no es el caso de Agencia EFE", señalan los trabajadores.
Eso no es todo. Debido a su salario, existen ciertos gastos que se ven obligados a asumir de su propio bolsillo: “Nosotros asumimos el pago de nuestro permiso de trabajo anual, cuyo importe ronda los 21 dólares. Este gasto es simbólico, pero lo que denunciamos es que los españoles, en este caso, que nos hemos visto desplazados a El Cairo desde España tras una entrevista, debemos asumir este pago y la Agencia no es capaz ni de asumir esa cuantía”, sentencian.
“No cotizamos en España”
Para cualquier trabajador en España, la seguridad de saber que sus años de esfuerzo cuentan para su jubilación es fundamental, pero para el equipo de EFE en Oriente Medio esa certeza no existe. A pesar de ser la cara y voz de la principal agencia de noticias española en una de las regiones más complejas del mundo, estos profesionales operan bajo contratos locales egipcios.
Esto se traduce en que no cotizan en la Seguridad Social española, lo que les priva de derechos básicos como la prestación por desempleo o la jubilación en su propio país. Como no existe un convenio bilateral entre España y Egipto que permita trasladar los fondos, los años de aportaciones en el sistema egipcio se pierden irremediablemente al regresar a casa. Además, si mañana decidieran volver a la sede central en Madrid, lo harían sin que se les reconozca ni un solo día de antigüedad.
“Nuestra vida laboral en España aparece vacía”, confiesan los trabajadores a NoticiasTrabajo, subrayando que esta desconexión jurídica les deja en una “desventaja respecto a cualquier compañero en España”, convirtiéndolos, a efectos legales, en fantasmas para el sistema de protección de su país.
Periodismo en primera línea y bajo presión
Informar desde El Cairo, Jordania o Siria no es un trabajo de oficina convencional, es una labor de vigilancia constante sobre 14 países marcados por la censura, la inestabilidad y conflictos armados.
El equipo de EFE Oriente Medio se enfrenta diariamente a la falta de transparencia, llegando a sufrir detenciones policiales por el simple hecho de grabar en la calle, donde se les obliga a borrar material bajo amenazas de represalias.
“Nuestra última cobertura en un terreno hostil fue la guerra de Israel contra el Líbano. Nos desplazamos a Beirut y desde la capital libanesa nos dirigimos a la zona de ataques para cubrir de primera mano lo que esta sucediendo equipados con casco y chaleco blindado en un coche. La cobertura la realizamos acompañados por un equipo de fixers libaneses, que nos ayudaron a tramitar los permisos de prensa con el Ministerio de Información y las acreditaciones requeridas por el Ejército para viajar a zona de conflicto, además de ayudarnos a buscar la ruta más segura para evitar daños durante posibles bombardeos”, explican.
A pesar de este nivel de entrega y de los riesgos evidentes para su integridad física, los periodistas denuncian una “inexplicable falta de comunicación” por parte de la dirección en Madrid. Tras 10 meses de una crisis que ha mermado sus salarios hasta un 27,5%, la única respuesta que reciben es un vago y repetitivo: “Estamos trabajando en ello”.
Lo más grave es que, según el propio equipo, la empresa ignoró durante una década las advertencias de informes y auditorías internas que avisaban de que el sistema de exención fiscal de la oficina era un “castillo de naipes” destinado a derrumbarse. Mientras ellos ponen el cuerpo en un peligro constante por estar en una zona de conflicto, sienten que los despachos en Madrid se han dado la espalda a una situación que ya es insostenible.
Un parón que silencia a 14 países
Tan solo hay que imaginarse que la actualidad de medio mundo se apaga por un momento. A partir del 18 de febrero, la información sobre Egipto, Sudán, Arabia Saudí, Irak, Líbano o Siria dejará de fluir con el sello de la principal agencia en español. El equipo del Servicio Internacional de EFE en Oriente Medio ha decidido plantar cara a su situación con un “parón informativo”.
Es importante entender que no se trata de una huelga al uso, ya que en Egipto “el derecho a huelga está prohibido para los trabajadores extranjeros”. Por eso, los periodistas acudirán a su puesto de trabajo, pero “no publicaremos noticias de ninguno de esos 14 países”.
Al ser EFE la única agencia hispanohablante con presencia permanente allí, el riesgo es que la información de una zona tan sensible pase a depender de fuentes de segunda mano o traducciones ajenas.
Para estos profesionales, el contraste entre la imagen corporativa y su realidad diaria es doloroso. Mientras la empresa utiliza el eslogan #EFEsiempreestá, los trabajadores denuncian que “ese eslogan no se sostiene por ninguna parte”. Sienten que la marca se construye sobre su esfuerzo en las zonas más convulsas del planeta, mientras ellos lidian con la falta de seguridad social en España y recortes que les impiden llegar a fin de mes.
La solución que exigen no es una promesa al aire, sino que “lo que queremos es una respuesta y una solución". Dicen que su “línea roja” para volver a teclear noticias es muy clara: exigen la “presentación de un plan, plazos y garantías”. No piden privilegios, sino la restitución de sus salarios y un marco legal que no ignore que, aunque trabajen en El Cairo, siguen siendo periodistas españoles que algún día querrán volver a casa con una jubilación mínima.
Y como ellos mismos recuerdan, su trabajo es un valor añadido para la tercera lengua más hablada del mundo. Ahora, la pelota está en el tejado de Madrid, la cual pide que se cuide a quienes informan, o el castellano perderá su mirada más directa sobre Oriente Medio.

