Estudiar no es solo cosa de jóvenes y sino que se lo digan a José Castro, que consiguió sacar 8 matrículas de honor en el Grado de Derecho con 78 años, nada más y nada menos. Ejemplos como el suyo demuestran que nunca es tarde para aprender, una realidad que se repite en distintos puntos de España y que tiene en Las Palmas de Gran Canaria otra historia similar.
Se trata de Lola, una alumna peculiar por su edad y por llevar una vida similar a la de cualquier estudiante de 20 y pocos años. Ella disfruta cada día del “recreo” correspondiente a las clases que se dan en el salón del Risco de San Nicolás, junto a sus amigas y también compañeras.
En ese lugar, todos los lunes y jueves, entre las 3 y las 7 de la tarde, Dolores Campos Brito (que es su nombre completo) disfruta de su cortado mientras una compañera le acerca una silla y le dice con afecto: "Ahí sentada. De ahí no se menea". Con 92 años, Doña Lola es la estudiante de mayor edad del CEPA Las Palmas y, según le informaron, también de todos los centros de educación para adultos en España: "Me destemplé todo el estómago cuando me lo dijeron", declaró en una entrevista concedida a '65 y más'.
Una vida marcada por el esfuerzo y el regreso a las aulas
Nació el 2 de febrero de 1934, aunque en su DNI aparece el 2 de septiembre, fecha en la que su padre la registró oficialmente. Su paso por la escuela fue muy breve: "Con 8 años fui a clase en septiembre y en diciembre nació la niña de mi madrina. Dejé la escuela para ayudarla. Mi madre me dijo: cuando la niña vaya a clase, vas tú. Pero me quedé ahí". A esa misma edad también empezó a cuidar de su madre enferma.
Setenta años después, en 2012, decidió matricularse en el CEPA. Durante un tiempo acudió de forma intermitente debido a la enfermedad de su marido, pero tras enviudar retomó su formación con constancia. "Yo en mi casa no podía estar sin hacer nada. Tenía que buscar la forma de que mi cabeza funcione bien y no se me pare", recuerda.
Tiene que aprender con la visión de solo un ojo
Actualmente cursa la Educación Inicial de Personas Adultas, organizada en tres ámbitos: comunicación, científico-tecnológico y social. Su asignatura favorita siempre ha sido la Historia. Su visión es muy limitada, ya que apenas tiene un 20% de vista en un ojo y en el otro la tiene completamente perdida, por lo que las profesoras le leen los textos y ella responde. "Y si hay que escribir, lo escribo. Con dificultad, pero lo hago".
En Matemáticas, los números se los trazan con rotulador grueso: "Pones el dedo gordo con el siguiente en redondo y ese es el tamaño de los números que me tienen que hacer para yo verlos". Ella aprieta el lápiz con fuerza, aunque muchas veces no logra distinguir lo que escribe. Aun así, nunca responde con un "no puedo": "Desde el primer día decía que podía hacer todo. Y sigo haciéndolo".
Su hija, Lola, interviene en la conversación: "Los profesores le ayudan, pero la actitud que ella tiene de guerrera, tenga la edad que tenga, ayuda el doble. Tiene más ganas de estudiar que los propios hijos".

Un aula acogedora donde todos la ayudan
El grupo del Risco lo forman entre 15 y 17 personas, en su mayoría vecinas del barrio. La media de edad ronda los 60 años. Como explica el director, José Tacoronte, el perfil más frecuente es el de personas que no pudieron completar su formación en la infancia o juventud y regresan para "saldar esa deuda pendiente consigo mismas".
En la clase de Lola, actualmente, son todas mujeres. "Hombres no hay", comenta. Cree que a muchos les frena la vergüenza: "Yo encuentro a los hombres machistas y, para que no se sepa si saben o no saben leer ni escribir, no van".
Las ausencias se notan. Algunas compañeras han enfermado, otras han fallecido. "Es una racha mala", reconoce. Aun así, el director les ha asegurado que va a mantener el aula abierta aunque el grupo sea pequeño. "Eso es de agradecer".
Lola habla de Tacoronte con verdadera emoción: "No discrimina a nadie aunque tengamos dificultades físicas. Yo lo he comprobado, no solo conmigo, sino con todos. Es un amor que yo le tengo a esta persona...".
También menciona a algunos profesores, como Nina, Juani o Miguel Ángel de Córdoba. Y recuerda el día en que uno de ellos, Alejandro, la bajó en volandas por las escaleras. "Es un sol", dice mientras ríe al recordar el momento.
Lola se siente querida: "Es un amor que yo siento, lo veo, lo contemplo". Su hija da fe: "Lo he visto con mis propios ojos. Son todos muy atentos. Lo que tú das, lo recibes. Y ella da cariño, entonces recibe ese cariño".
Tacoronte también define su carácter como "cercano y vital" y asegura que se ha convertido en un pilar del aula por su actitud positiva y su capacidad para motivar al grupo. "No es habitual encontrar un temperamento tan proactivo y una energía tan movilizadora como la suya", resume.
Ella, en cambio, no habla de energía ni de ejemplo. Habla de gratitud: "Yo no pensé en la vida tener una cosa tan bonita. Que te quieran es bonito. Y poder hacer cosas aunque seamos mayores también. Estoy orgullosa de haber ido allí. A veces me parece un sueño. Que no me despierto".

