El paso de un contrato temporal a uno indefinido se asocia con un aumento de las bajas médicas. Esta es la conclusión de un análisis realizado por la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF), que utiliza la reforma laboral como “experimento natural” para identificar el efecto de la estabilidad contractual sobre la incapacidad temporal. En su estimación, el cambio de temporal a indefinido dentro de la misma empresa incrementa en torno a un 30% la probabilidad de iniciar un episodio de incapacidad temporal (IT). Y, además, eleva un 62% la ratio de días en situación de baja respecto al total de días trabajados.
Una matización que hay que hacer es que ese 62% no implica necesariamente que cada baja dure más tiempo. Lo que aumenta, según el estudio, es el peso de los días de incapacidad temporal sobre el conjunto de días trabajados. Para reducir sesgos, la AIReF recurre a un indicador alternativo, que divide los días en IT entre los días efectivamente trabajados en el mes, precisamente para evitar que cambios en la actividad distorsionen la lectura.
La reforma laboral, en vigor desde el 28 de diciembre de 2021, eliminó el contrato por obra y servicio y obligó a muchas empresas a reconvertir relaciones laborales si querían retener a los trabajadores. Esa discontinuidad normativa permite comparar trayectorias antes y después del cambio. El análisis se construye con un panel mensual que cruza la Muestra Continua de Vidas Laborales (MCVL) con el registro administrativo de episodios de IT (INCA). El grupo “tratado” lo forman quienes pasan de obra y servicio a indefinido dentro de la misma empresa; el grupo de control, quienes ya eran indefinidos antes y después.
El efecto del contrato indefinido sobre la incapacidad temporal
Los números que sostiene la Airef se ven en dos tablas del informe. En la probabilidad de iniciar una incapacidad temporal, el impacto global se sitúa en torno a un 30% sobre el promedio previo del grupo tratado. En el indicador de intensidad, el efecto estimado es de 0,47 puntos en la ratio días IT/días trabajados, que equivale al 62% sobre el promedio prerreforma. El informe también describe ejercicios de robustez para minimizar el riesgo de sesgo de selección, por ejemplo, acotando el tratamiento a conversiones realizadas en los primeros trimestres de 2022 o aplicando estimadores para tratamientos escalonados.
Los resultados muestran que la temporalidad introduce un factor de incertidumbre que puede desincentivar el uso de la baja, incluso cuando existe necesidad clínica. No es un argumento moral ni una acusación. Es una hipótesis de comportamiento bajo riesgo. De hecho, el informe cita literatura previa que encuentra que la temporalidad reduce entre un 10% y un 30% la ratio de días en incapacidad temporal sobre días trabajados, con diferencias por sectores.
El estudio explica que la incapacidad temporal ha empeorado en los últimos años. La AIReF señala que la incidencia de bajas por contingencias comunes ha aumentado del entorno de 21,4 casos por cada 1.000 afiliados en 2017 a 33,9 en 2024, un 58,4% más. Y la duración media ha pasado de 40 días a 45,9 en el mismo periodo, con repuntes más intensos durante la pandemia.
Aquí aparece un segundo e interesante, que es la reiteración. En 2017, el 23% de las personas con incapacidad temporal inició más de un proceso en el año. En 2024, ese porcentaje alcanza el 31,8%. La AIReF interpreta que el crecimiento apunta a un patrón estructural y sugiere profundizar en colectivos con recurrencia elevada y en medidas de prevención, seguimiento y coordinación.
La AIReF describe una “deficiencia estructural” en la gestión por la fragmentación de funciones, ya que la decisión clínica recae en atención primaria, pero el coste económico lo asume la Seguridad Social, en un sistema autonómico que multiplica los circuitos. Por eso propone avanzar hacia un sistema de información integrado e interoperable que conecte a los agentes implicados y permita detectar desviaciones, anticipar reincidencias y evaluar duraciones frente a criterios clínicos objetivos.
En otras palabras, que la estabilidad contractual puede aflorar necesidades que antes quedaban ocultas, pero el aumento global de las bajas también depende de factores sanitarios y organizativos. La pregunta que queda abierta es qué parte del fenómeno corresponde a salud y qué parte a engranajes administrativos.

