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Virginia y Rubén, padres de 14 hijos: "Estuvimos 2 años en el paro y teníamos 6 hijos ya, entonces sí que era más duro"

La familia Peinador Morquecho vive en Burgos y es una de las más numerosas de España.

Virginia y Rubén con sus 14 hijos
Virginia y Rubén con sus 14 hijos |YouTube 'Pedro del Castillo'
Antonio Montoya
Fecha de actualización:
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En España, el número medio de hijos por mujer apenas supera el 1,1, según los últimos datos del INE. Las familias numerosas son cada vez menos frecuentes y, cuando se habla de más de tres o cuatro hijos, la gente siempre pregunta lo mismo: cómo pueden conciliar trabajo con el cuidado de tantos hijos y cómo pueden hacer frente a todos los gastos.

Pero hay algunas casas que lo consiguen, eso sí, con mucho esfuerzo y una organización milimétrica. Y es que no puede ser fácil hacer frente al precio de la cesta de la compra actual con tantos hijos, que no hacen sino multiplicar este gasto. Es el caso de Virginia y Rubén Peinador Morquecho, padres de 14 hijos y protagonistas de una entrevista en el canal de YouTube Pedro del Castillo. En total, son 16 en casa. Tantos, que más de una vez les han confundido con un colegio.

“Entramos en un museo y nos dijeron que la entrada de grupos y colegios era por otro lado. Pero no, es que no somos un colegio”, cuentan entre risas. La anécdota se repite cada vez que salen juntos. Incluso cuando Rubén comenta que tiene 14 hijos, la reacción suele ser de sorpresa: “Uno me dijo que tenía cuatro y esperaba que me quedara con la boca abierta. Cuando le dije que yo tenía 14, fue él el que se quedó así”.

Dos lavadoras al día y dos paquetes de macarrones para una comida

La logística diaria es, probablemente, el mayor reto. La familia lleva cinco años viviendo en una casa más amplia, después de que el anterior piso se quedara pequeño. Aun así, la organización es clave.

“Pongo dos lavadoras al día y alguna secadora”, explica Virginia. El sistema ha ido evolucionando con el tiempo. Antes, la ropa circulaba por toda la casa y el proceso de lavar, secar, planchar y guardar se convertía en un caos. Ahora han centralizado todo en la planta baja: “Ahí se lava, se dobla, se plancha y ya se sube directamente a las habitaciones”.

La subida de la luz también les ha afectado. Virginia intentó durante un tiempo poner las lavadoras por la noche para ahorrar, pero el estrés de estar pendiente hasta tarde no compensaba. “Procuro hacer todo el tema de la ropa por la mañana para que por la tarde, cuando están los niños en casa, tenga más tiempo para estar con ellos”.

Identificar la ropa tampoco es sencillo. Muchas veces recurre a las tallas para saber a quién pertenece cada prenda. Con los mayores, reconoce, se confunde más.

En la cocina, las cifras también impresionan. “Usamos dos paquetes de macarrones si estamos todos”, explica Virginia mientras enseña una despensa repleta de productos no perecederos, todos etiquetados para no perder el control. Pasta, arroz, tomate, aceite… La compra se divide en dos: una grande y genérica con básicos y otra cada dos o tres días para pan, fruta o productos más concretos.

Para la cena, la escena es casi coreografiada: 24 sándwiches preparados en cadena. “Mientras uno hace una cosa, otro hace otra. Es sencillo, saludable y fácil”, aseguran.

Solo tienen un sueldo y el coche es financiado

Rubén trabaja como técnico de alarmas y es el único sustento económico fijo de la familia. “Nos da para esto porque nos adaptamos”, resume. La casa es de alquiler y las grandes compras se planifican a largo plazo.

El coche, por ejemplo, ha sido una adquisición reciente y muy meditada. Han estado más de dos años sin vehículo, organizándose en el día a día por la ciudad. Ahora cuentan con un 9 plazas, financiado a 8 años. “Pagamos algo cada mes. Otro coche es impensable hasta que no paguemos este, o a no ser que toque la lotería”, bromea Rubén.

Cuando necesitan desplazarse todos juntos para un viaje largo, alquilan una segunda furgoneta de siete plazas. El capricho de un coche deportivo quedó atrás hace tiempo: “Me gustaba el coche deportivo, pero no me queda otra que el furgón mental”.

Tareas por separado y en conjunto

En casa, la organización no depende solo de los padres. Cada inicio de curso revisan una cartulina con el reparto de tareas domésticas. Cocina, basura, desayunos… todo está asignado.

“Colaboran en la medida que pueden según su edad”, explica Virginia. Y si alguien intenta escaquearse, hay consecuencias que afectan al conjunto: “Si no preparas el desayuno, el otro llega tarde. Si no sacas la basura, el otro saca el doble”.

La cocina es la tarea menos popular. Aun así, la asumen como parte del aprendizaje. La idea, dicen, es que entiendan que la convivencia implica responsabilidad compartida.

Diversidad y red de apoyo

Dos de sus hijas tienen discapacidad: María, con discapacidad visual, y Laura, con síndrome de Down. Durante el embarazo de Laura, les advirtieron de la alta probabilidad de que naciera con este síndrome. “Como queremos a cada uno de nuestros hijos, también la vamos a querer a ella”, recuerdan.

Virginia reconoce que tuvo “cinco minutos de duelo” la noche que nació, por la incertidumbre de si sabrían cuidarla adecuadamente. “Luego es un hijo más que necesita otras cosas”.

Laura acude a una asociación en Burgos donde recibe sesiones de estimulación. Además, Virginia impulsa una cuenta de Instagram para visibilizar el síndrome de Down y participa en un proyecto de radio sobre discapacidad. Aunque estudió Periodismo, decidió centrarse en el cuidado de la familia: “Considero que lo que tengo que hacer es estar en casa”.

“Nos vamos adaptando”

No siempre ha sido así y, aunque el entrevistador ve su momento actual como el más complicado al tener 14 hijos de tantas edades diferentes, Rubén le contesta que pasaron tiempos peores. "Estuvimos 2 años en el paro y teníamos 6 hijos ya”, recuerda sobre otro momento pasado en el que lo tuvieron más complicado. “Entonces sí que era más duro económicamente, pero tampoco para agobios en el sentido de que no fuera una situación elegida. Te vas adaptando”.

Tras 20 años de matrimonio, aseguran que nunca fijaron un número concreto de hijos. “Teníamos claro que íbamos a tener los hijos que Dios quisiera”. Han sido 14, “aunque dos no llegaron”, refiriéndose a que tuvo 2 abortos, y ahora tienen una familia con hijos desde los 19 años hasta solo 1.

¿Por qué consideran que son una gran familia? “Por la diversidad y la riqueza que nos aporta”, responde Rubén. “Cada uno es una pieza que, si las juntamos todas, funcionan”, concluye Virginia, dejando una clara reflexión: La familia es como un puzzle, necesita que todas las piezas encajen para verse mejor.