Con la llegada de la primavera, los agricultores y los que cultivan sus propios huertos comienzan la labranza. Se trata de una actividad tradicional, que se mantiene de padres a hijos en familias con arraigo en el campo. Muchos pueblos conservan, de hecho, las herramientas rudimentarias y es normal encontrar azadas, picos, palas o escardillas en manos de ancianos, veteranos que ahora enseñan a las nuevas generaciones.
Ahora, varios estudios demuestran que estas actuaciones podrían no ser tan buenas como se pensaba para los cultivos, provocando peores cosechas. Porque, como publica el medio francés 20 Minutes, en su apartado de Journal des seniors hay que tener especial cuidado con las excavaciones intensivas.
El motivo principal es que “la tierra está viva” como semana agricultores ancianos que coinciden en la importancia de tratar al campo con cariño. Bajo nuestros pies, en los primeros 20 centímetros de suelo, habita una población que no vemos. Un gramo de suelo sano tiene entre 100 y 1.000 millones de bacterias que son hongos, nematodos, artrópodos o lombrices.
Labrar de manera intensiva altera el equilibrio de la tierra
El problema tiene nombre y es el de la labranza intensiva ya que daña el equilibrio entre la tierra y esta vida microscópica. Y es que todas estas labores de cultivo dañan el equilibrio de la tierra porque las capas que hay en el suelo son distintas y en cada una de ellas puede vivir una especie concreta.
Cuando se realiza la labranza intensiva, en muchas ocasiones se eliminan estos pequeños seres vivos, terminando con la vida microbiana que es fundamental para que se pueda sembrar y cosechar fruto.
Pero hay otro factor muy perjudicial, que son las excavaciones. Se rompen las redes de hongos micorrícicos que sirven para conectar las raíces de las plantas con los nutrientes del suelo.
Los agricultores jubilados desconocían una herramienta clave
Los agricultores más veteranos, los sénior, están descubriendo ahora una nueva herramienta que podría haberles facilitado mucho el trabajo. Se trata de la horca de doble filo, también llamada ‘garra biológica’. Sirve para aflojar la tierra en profundidad sin dañar la vida microscópica. Tiene un funcionamiento muy sencillo, clavándola en el suelo, luego tirar del mando para levantar la tierra y repetir las veces que haga falta.
Para los más mayores, esta herramienta supone una comodidad extra ya que se ejerce menos presión en la espalda que con una tradicional. Lo mejor es usarla cuando el suelo está húmedo, pero no encharcado.
Hay otra opción, que recomienda la publicación especializada, que es la del acolchado, como paja, hojas secas o recortes de césped que estén secos o astillas de madera que protegen nutriendo el suelo constantemente.
¿Qué es el acolchado que se ve cada vez en más huertos?
El acolchado de los jardines retiene la humedad del suelo, y reduce las necesidades de riego entre el 30 y el 50%, como se ha comprobado en varios estudios. Además se regula la temperatura del suelo, evitando un choque térmico.
Otro de sus muchos beneficios es que sirve de alimento a las lombrices y microorganismos que luego fertilizan el suelo para las plantas. Varios jardineros mayores han asegurado al medio antes citado que contar con este material supone ahorrar tiempo y esfuerzo porque tendrán que quitar menos malas hierbas, usarán menos agua y supondrá menos esfuerzo labrando.
Entender lo que pasa bajo la tierra es esencial para mejorar los cultivos
La ciencia del suelo, del sembrado y de los cultivos es más compleja de lo que parece en un primer momento. Ha avanzado en los últimos años y ya se conoce que las plantas no sólo se nutren del agua sino que mantiene relaciones con el entorno como las bacterias y los hongos que hay en el suelo.
Las bacterias fijadoras de nitrógeno, por ejemplo, son muy útiles porque atrapan este componente atmosférico y lo transforman en formas que las plantas puedan absorber. Los hongos micorrícicos aumentan la superficie de absorción efectiva de las raíces de 10 a 100 veces.
Los excrementos de las lombrices son muy ricos en nutrientes ya que estos gusanos se alimentan de materia orgánica.

