María, cuidadora a domicilio en España: "Ni chachas, ni grúas, ya está bien de que se rían de nuestro trabajo"

María asegura que está cansada de que, además de cuidar, pidan limpiar o cocinar, tareas que están lejos de una profesión que resulta imprescindible para más de 1.000 personas con dependencia reconocida en España.

María Ortiz. |TikTok y Freepick.
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En España, más de 1.6 millones de personas viven en situación de dependencia reconocida, según el Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030. Detrás de esa cifra hay miles de familias que se enfrentan cada día al reto de cuidar, un trabajo que sigue recayendo, sobre todo, en mujeres. 

En muchos hogares esta figura se ha vuelto imprescindible no solo porque aligera la carga, sino que garantiza una atención profesión y humana para quienes necesitan un apoyo cada día. Sin embargo, a pesar de este valor, este oficio continúa señalado por la falta de reconocimiento.

“Este trabajo no lo aguanta cualquiera”

María Ortiz lo sabe bien. Es auxiliar de ayuda a domicilio desde hace varios años y, cansada de los malos tratos e injusticias, decide compartir la situación que hay detrás de su profesión. 

“Según algunos, nosotras deberíamos ser chachas, podólogas, enfermeras, peluqueras, paseadoras de mascotas… esto pasa de castaño a oscuro”, dice totalmente molesta. 

Su tono de enfado solo disimula a medias el hartazgo. “Somos grúas humanas porque movemos a las personas con nuestro propio cuerpo. Este trabajo no lo aguanta cualquiera”, dice.

“No estamos para lo que tú no quieres hacer”

España envejece a gran velocidad. Casi un 20% de la población supera los 65 años, y la demanda de cuidados sigue creciendo. Sin embargo, quienes sostienen este sistema, en su inmensa mayoría mujeres, lo hacen en condiciones de sobrecarga física, emocional y sueldos bajos.

María denuncia que, más allá de las labores sanitarias o acompañamiento, a menudo se les pide que limpien o cocinen, asumiendo tareas fuera de sus funciones. 

“No estamos para limpiar, no estamos para lo que tú quieras hacer. Estamos formados para cuidar, y si te molesta, pues te aguantas”, defiende. 

La desconfianza y el maltrato también forman parte del ‘pack’, según la mujer. “Nosotras vivimos violencias, insultos, y aun así nos quedamos  porque el usuario lo necesita. Habrá de todo, pero muchas entramos a los domicilios sin bolso porque tenemos miedo a que nos roben”. 

“Ya es hora de que se nos respete”

El trabajo del cuidado a domicilio implica fuerza, empatía y una enorme carga emocional. “Movemos cuerpos frágiles como si fuéramos máquinas, y luego, si te lesionan, te ponen excusas”, denuncia María 

Aun así, insiste que su trabajo tiene una cara muy humana: la necesidad de acompañar y aliviar la soledad de tantas personas mayores y dependientes. “Sin nosotras, muchas personas no se asearían ni seguirían su tratamiento. La soledad se los come vivos”, advierte. 

María no duda en levantar la voz en nombre de miles de compañeras que tienen el mismo sentimiento: “Somos el sostén invisible de miles de vidas. Ya está bien de que se rían de nuestro trabajo,  ya es hora de que se nos respete”.

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