El mercado inmobiliario en España está por las nubes, tanto en lo que se refiere al alquiler como a la compra, lo que unido a los bajos sueldos no hacen sino consolidar la pobreza en nuestro país más y más. A pesar de la recientemente aprobada subida del SMI, los salarios no dan para acceder a la compra de una casa, ya que el precio de la vivienda no para de subir de forma descontrolada.
Una pobreza laboral y estructural a la que el economista Niño Becerra pone cifras, dejando ver una realidad que ya es difícil de ocultar: trabajar ya no garantiza llegar a fin de mes y mucho menos poder pagar una propiedad. En España se considera pobre a quien ingresa menos del 60% de la renta mediana, una cifra que ronda los 11.000 euros anuales, por lo que "si una persona trabaja legalmente, cotiza a la Seguridad Social, pero no llega a esa cantidad porque no suma suficientes horas, es pobre", explica el profesor en economía.
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La vivienda supone un esfuerzo sobrehumano
En la actualidad, el mayor desembolso que tienen que afrontar los hogares españoles está relacionado con la vivienda. Las estadísticas más recientes sobre el mercado del alquiler reflejan máximos históricos: en Baleares, arrendar un inmueble implica destinar el 60% de los ingresos; en Málaga, cerca del 49%; y en Madrid, por encima del 41%. Todos estos porcentajes superan con creces el 35% que los especialistas sitúan como límite aconsejable.
"Es el mayor esfuerzo de las familias desde mediados de 2011", señala Niño Becerra. A su juicio, la raíz del problema no es pasajera, sino estructural: la oferta disponible es muy reducida frente a una demanda en constante aumento. "Se construye muy poca vivienda y eso tensiona los precios de forma inevitable".
Una riqueza “inflada”
El economista también pone en duda el método con el que se calcula la riqueza en España. Desde la década de los 80, recuerda, se dio por hecho que la vivienda habitual debía incluirse como parte del patrimonio. "Es una falacia", afirma. Poseer una casa valorada en un millón de euros no convierte automáticamente a alguien en rico si se trata de su residencia principal y necesita otra vivienda para vivir.
Según Niño Becerra, únicamente deberían computarse como patrimonio las segundas residencias o los inmuebles destinados al alquiler o que permanecen vacíos, ya que cuentan con un valor real en el mercado. "Lo otro es hacernos trampas para inflar la riqueza de los españoles", sostiene.
Los datos sobre los grandes propietarios respaldan esta tesis. En Madrid ya hay más de 75.000 personas con tres viviendas y más de 500 propietarios que acumulan hasta 50 inmuebles, concentrados no solo en la capital, sino también en municipios como Alcobendas, Parla o Getafe.
A modo de conclusión, defiende que la clave está en ampliar la oferta. "La vivienda no se puede devaluar, pero sí se puede deflactar". Si de repente salieran al mercado las 700.000 viviendas que el Banco de España considera necesarias, los precios descenderían de inmediato. Sin embargo, muchas de las que ya existen están sin terminar, en mal estado o situadas en áreas donde no hay suficiente demanda.
Entretanto, el acceso a la vivienda continúa siendo el principal elemento que empuja a una parte cada vez mayor de trabajadores hacia situaciones de pobreza.