Santiago Niño Becerra, economista: “8 de cada 10 inquilinos lo serán siempre, ya que no esperan heredar una vivienda, su única posibilidad para convertirse en propietarios”

La única esperanza de convertirse en propietarios para algunos jóvenes es heredar de algún familiar.

Santiago Niño Becerra, economista |NoticiasTrabajo
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Hay un problema en España que cada día que pasa se hace más grande y parece más difícil de resolver y no es otro que el acceso a la vivienda, ya sea mediante compra o alquiler. Una oferta escasa y unos precios que no paran de crecer son, entre otros motivos, el ‘caldo de cultivo’ de una de las preocupaciones más generalizadas de la sociedad española actualmente. Es por eso que algunos economistas están dando su visión e intentando dar algunas respuestas sobre un tema cada vez más difícil de analizar.

Es el caso de Santiago Niño Becerra, economista y catedrático barcelonés, que no es la primera vez que deja una reflexión sobre la situación de la vivienda en España. Ahora ha vuelto a dejar una declaración contundente en referencia a lo que les espera a los jóvenes en tema de vivienda: heredar o ser inquilino de por vida. Para el economista, el acceso a la propiedad se está viendo cada vez más condicionado por la herencia y no por el esfuerzo personal, según expresó en un post de la red social X.

Una brecha social marcada por la vivienda

Santiago Niño Becerra dibuja un país profundamente desigual en materia de vivienda. Según su análisis, España está claramente dividida entre “un 20% que puede acceder a la propiedad” y “un 80% que no”. Para el economista, esta realidad evidencia una ruptura social que ya no está relacionada con el esfuerzo personal, sino con el hecho de haber nacido en un entorno familiar con patrimonio. Como él mismo explica, “la única vía que les queda para llegar a ser propietarios es la herencia”.

En este contexto, la posibilidad de ahorrar lo suficiente para comprar una casa se vuelve inalcanzable para una gran parte de la población que vive de alquiler. El encarecimiento de los pisos, unido a la inestabilidad laboral, convierte la compra en un objetivo casi irreal. Niño Becerra lo sintetiza con una afirmación tajante: “8 de cada 10 inquilinos lo serán siempre, ya que no esperan heredar una vivienda, su única posibilidad para convertirse en propietarios”.

El profesor en economía recalca que este escenario está dando lugar a una sociedad claramente polarizada: quienes acceden a la vivienda en propiedad gracias a herencias y quienes permanecen atrapados en el alquiler sin lograr estabilidad, por mucho que se esfuercen. Aquello que durante décadas representó seguridad y progreso se ha transformado en un privilegio al alcance de muy pocos.

El colapso del ascensor social y un aviso a los que están arriba

Las implicaciones de este panorama trascienden el ámbito inmobiliario. Niño Becerra alerta del “fin del ascensor social”, una idea que durante años sustentó la creencia de que el trabajo y el ahorro permitían mejorar la posición económica. Sin embargo, cuando la herencia pasa a ser el principal factor de seguridad financiera, ese principio se debilita.

A su juicio, esta situación rompe uno de los fundamentos del contrato social: la confianza en que el esfuerzo individual tiene recompensa. La movilidad social se frena y las nuevas generaciones se enfrentan a un futuro en el que el origen familiar determina las oportunidades.

No obstante, el economista también dirige su mensaje a quienes hoy forman parte del grupo más favorecido. “La permanencia en ese grupo del 20% no está, ni mucho menos, garantizada”, advierte. Es decir, ni siquiera quienes han heredado o poseen una vivienda pueden dar por asegurada su posición. Los cambios económicos y la volatilidad del mercado pueden modificar su situación en cualquier momento.

Este planteamiento pone de relieve la vulnerabilidad del sistema actual. La vivienda deja de funcionar como un derecho accesible para convertirse en un elemento que profundiza la desigualdad, una fractura que termina afectando a toda la sociedad, incluso a quienes hoy parecen estar en una posición cómoda.

Ser propietario ya no tiene el mismo significado

El diagnóstico de Santiago Niño Becerra resulta contundente, pero invita a una reflexión de fondo. La vivienda ha dejado de ser únicamente un bien material para convertirse en el reflejo de una sociedad dividida entre quienes heredan y quienes no. El mensaje para el lector es evidente: el esfuerzo personal ya no es suficiente y el acceso a la propiedad depende cada vez más del patrimonio familiar.

En resumen, Niño Becerra no solo señala un problema económico, sino una transformación profunda en la manera de entender la equidad y la justicia social. Sus palabras, aunque incómodas, ayudan a explicar por qué una parte creciente de la población percibe que el sueño de tener una vivienda en propiedad está cada vez más lejos.

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