España está preocupada por el alto absentismo laboral, y eso a pesar de que durante los tres primeros días no se percibe ningún tipo de prestación económica. Este mecanismo de “dejar sin pagar los primeros días” tenía como objetivo reducir las bajas, pero según un informe elaborado por ifb y DataPulse Research, a partir de datos armonizados de la OCDE, muestra que España va en la dirección contraria. España aparece con casi 4,9 semanas de baja por enfermedad al año entre los asalariados a tiempo completo, muy por encima de la media europea de 2,6 semanas, pese a que su sistema figura entre los más duros en el arranque de la incapacidad temporal.
La propia OCDE explica que esta estadística se construye con encuestas de población activa y mide semanas anuales de ausencia por enfermedad, ajustadas además para corregir la infradeclaración habitual en este tipo de encuestas.
El dato de España resulta llamativo porque desmonta esa idea de que “como no cobras los primeros días” pues los trabajadores no se dan de baja. Además, de que se cobra menos, ya que la Seguridad Social establece para la enfermedad común y el accidente no laboral una prestación del 60% de la base reguladora desde el cuarto día hasta el vigésimo, y del 75% desde el día 21, por lo que se cobra menos que en otros países de nuestro entorno. El estudio comparado subraya precisamente esa paradoja: España mantiene habitualmente tres primeros días sin prestación y, aun así, registra una de las cifras más elevadas de ausencia por enfermedad de Europa.
España, entre los países con más bajas pese al recorte inicial
El ranking europeo que maneja el informe sitúa a Noruega a la cabeza, con 5,9 semanas anuales, seguida de Finlandia, con 5,0. España ocupa la tercera posición, con 4,9 semanas, por delante de Eslovenia, Portugal y Francia. Alemania, que ha protagonizado buena parte de esta discusión en los últimos dos años, se queda en 3,6 semanas y ocupa el séptimo puesto. La comparación, por tanto, no describe una anomalía exclusivamente alemana, sino un mapa mucho más heterogéneo en el que España aparece entre los países con más tiempo de baja.
El estudio central del análisis es que no existe un patrón claro entre dureza económica de la baja y menor absentismo. Es más, el propio informe pone como ejemplo a España, donde tiene un sistema más duro al comienzo de la baja, roza las cinco semanas anuales. En cambio, Lituania paga el 100% de la prestación desde el primer día y tiene 1,5 semanas. Con esto se puede decir, que la enfermedad no actúa como determinante. Ahora bien, penalizar la nómina, si que puede llevar a cierto tipo de conductas.
Hay otra cosa que llama la atención del informe y es, que las cifras bajas no siempre son una buena noticia. Es decir, en países como Rumania o Grecia, donde la ausencia declarada es mínima, puede deberse a la inseguridad laboral y menor protección social (miedo a ser despedido por una baja) y esta no debe estar necesariamente vinculada a que es una población trabajadora más sana. Dicho de otro modo, acudir enfermo al trabajo puede maquillar la estadística, pero no mejorar la salud de la plantilla ni la calidad real del empleo.
Lo que de verdad empuja las ausencias
Si el quitar dinero de la prestación no se sostiene, conviene mirar a los factores que sí pesan. El informe identifica tres grandes motores en el caso alemán, que son extrapolables al debate europeo: el mayor peso de las enfermedades respiratorias desde la pandemia, el auge de los problemas de salud mental y el impacto desproporcionado de los procesos largos. Según la AOK, las patologías musculoesqueléticas concentraron el 19,8% de las jornadas perdidas en 2024, las respiratorias el 15,1% y las mentales el 12,5%. Además, los días de baja vinculados a salud mental han aumentado un 47% desde 2014.
El tercer factor es decisivo para entender por qué el debate suele equivocarse de objetivo. En Alemania, menos del 6% de la población trabajadora acumula ausencias de 29 días o más, pero ese grupo concentra algo más de la mitad de todos los días de baja. Es decir, el problema económico no lo generan tanto los procesos muy breves como las incapacidades prolongadas, muchas veces asociadas a patologías complejas, crónicas o de recuperación lenta. Por eso, centrar toda la discusión en los primeros dos o tres días de baja equivale, así, a atacar la parte menos determinante del fenómeno.
¿Qué pasa en España con las bajas?
Se puede decir, que España es el claro ejemplo de la contradicción, ya que durante los primeros días no se cobra nada, pero eso no quita que el volumen de bajas sea alto. La comparación con Europa hace ver que se debería plantearse en términos morales, como si el trabajador decidiera enfermar en función del descuento salarial, sino en términos de salud pública, organización del trabajo y gestión del sistema.
Además, no hay que olvidar que en España el deterioro es tanto cuantitativo como de gestión. La AIReF explica que entre 2017 y 2024 la incidencia de las bajas por contingencias comunes aumentó un 58,4% y la duración media un 14,8%. En términos absolutos, los episodios pasaron de 4,7 millones en 2017 a casi 8,6 millones en 2024. El organismo sostiene que la incapacidad temporal presenta deficiencias de gobernanza y propone reforzar la supervisión, la coordinación institucional y los sistemas de información, en lugar de reducir el debate a una penalización lineal del trabajador.