Hay testimonios que no se escuchan, se heredan. Voces que no hablan desde la nostalgia, sino desde la supervivencia. El programa ‘Centenarios’ de Canal Sur, en su séptimo episodio, reúne a varios jubilados con más de 100 años y que han sido testigos de algunos de los capítulos más duros de la historia reciente de España. Sus palabras son lecciones que casi todos podríamos aplicarnos hoy en día, ya que la vida que vivieron no tiene nada que ver con la que vivimos nosotros ahora.
Son hombres y mujeres que trabajaron desde la infancia, que sobrevivieron a la posguerra, al hambre y a la pérdida, y que hoy comparan aquel mundo con el actual sin reproches, pero con mucha claridad. Para muchos de estos centenarios, trabajar desde niños era lo normal, y solo para llevar un plato a la mesa.
“La vida muchos palos… y aquí estamos vivos”
Estrella Aquiles tiene 104 años y vive en Baza, Granada, rodeada por cuatro generaciones de su familia. Cuando le preguntan cuántos años tiene, responde con una sonrisa: “Yo poquillo… 50”. Su hija la corrige: “104, y va a cumplir 105”.
Nació en un cortijo, fue la menor de once hermanos y aprendió a leer sola, “cogía un papel y me liaba a leer… yo sola”. No hubo estudios ni comodidades. “Antes no era como ahora, que ahora le da uno todo a los hijos y a los nietos y a todos. Antes no”.
Se casó con 22 años, sin vestido blanco y sin lujos. “Me monté en una mula. Ni coche, ni caballo, ni de nada. En una mula los dos”. Tuvo seis hijos, perdió a una de ellos con solo 15 años y desde entonces vistió de negro durante décadas. “Luto riguroso… de luto siempre. Ahora ya no se ponen en luto ni se ponen en nada”.
Lavaba a mano, rompía el hielo para lavar pañales y recuerda cómo sus hijos dejaron la escuela pronto para trabajar. “Yo con 10 años ya estaba cogiendo aceituna con mi padre”, explica. La guerra marcó su matrimonio: su marido se fue al frente poco después de casarse. “Mi padre vino a verme y al otro día se fue otra vez a la guerra”.
Estrella enviudó con 60 años y nunca volvió a enamorarse. “Yo no me he enamorado más”. Pero fue precisamente a partir de los 80 cuando empezó a disfrutar de una vida que antes no pudo permitirse. Gracias a los viajes del Imserso conoció España: “A Palma, Málaga, Fuengirola… cumplí los 85 años en un hotel”.
“Vivíamos muy felices. Ahora tenemos de todo y como esto no ha sido nunca nada”, admite Estrella.
“Durillo… pero aquí sigo”
Rafael nació en 1924, en Espiel (Córdoba), y ha pasado gran parte de su vida sobre un camión. Renovó el carné de conducir con 90 años y condujo hasta los 92. “Durillo, porque cuando yo me metí en un camión no sabía… cargaba de todo. Pasaban unos veranos horribles”.
Aprendió a escribir gracias a su mujer. “Pues sí, con eso ya pude sacar el carné”. Recorrió España cientos de veces mientras su familia esperaba en casa. “Nosotros hemos estado solos. Estaba deseando que el domingo se fuera mi padre de viaje para acostarme con mi madre”, recuerda su hija entre risas.
Rafael sigue activo: camina, va al gimnasio, a natación y cuida sus pájaros cada semana. Cuando le preguntan el secreto para llegar a los 100 años, responde sin darle demasiadas vueltas: “Comer bien y ya está”. Su familia añade uno más: “Gazpacho diario por la noche”.
Pero si algo marca su historia es el amor. Lleva casi 80 años junto a su mujer, aunque ahora ella vive en una residencia y no pueden verse con normalidad. “Se echa de menos”, dice con sencillez. Cuando logra hablarle desde la calle, alza la voz: “¡Madre, estoy aquí! Dame un besito que nos vamos”.
“Yo me creo que sí. Yo sí estoy”, responde cuando le preguntan si se puede estar enamorado toda la vida.
“Solo llorábamos. La carretera llena”
Mati tenía 16 años cuando vivió uno de los episodios más trágicos de la Guerra Civil: la Desbandá. Durante ocho días caminó desde Málaga hacia Almería huyendo de los bombardeos. “Muchos querían ir para Almería. La carretera llena”.
Recuerda los obuses cayendo desde el mar y escenas que nunca se borran. “He visto a un padre enterrar a su hijo con las manos”. Su padre, temiendo morir, se tendió en el suelo: “Decía: a mí que me maten por el pecho”.
Consiguieron llegar todos a Almería. Allí conoció a su marido, Enrique. “Era un hombre bueno para la casa, bueno para mí”. Vivieron en Sevilla y Madrid, ella cosiendo como modista, él trabajando de chófer. No tuvieron hijos, pero su casa estuvo siempre llena de sobrinos. “Por mi casa pasó un ejército. A mí me encantaba”.
“Cambiaría la muerte de mi marido. Fue horrible”, recuerda Mati, cuando le preguntan si cambiaría algo de su vida
“La vida no es un mapa, la vida es un camino”
En Utrera vive Antonio Peña Otero, ‘El Cuchara’, uno de los cantaores más veteranos de España. Empezó a cantar con 11 años y ha compartido vida y escenario con Camarón, Lola Flores o María Jiménez. “Algo tendré yo”, dice con humildad.
Padre de 16 hijos, matarife durante más de 50 años y artista en activo con más de 90, resume su vida rodeado de familia y compás. “Casi 70 años con ella. Nadie es capaz de criar a 16 hijos sola”, dice sobre su mujer, Consuelo.
El programa se despide con una frase que lo resume todo: la vida no es un mapa, la vida es un camino. Y quienes han recorrido más de un siglo lo confirman sin adornos ni dramatismos.
Porque, como demuestra Estrella, Rafael, Mati o El Cuchara, sobrevivir no siempre fue vivir. Pero vivir, cuando llegó el momento, supieron hacerlo hasta el final.

