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Varios jubilados mayores de 100 años: “Mi padre me llevaba de noche a la escuela porque de día le hacía falta para regar; entonces no había las posibilidades que hay ahora”

Carmen, Francisca, José y Pedro crecieron en la posguerra y empezaron a trabajar siendo casi niños.

José, uno de los jubilados centenarios durante el programa
José, uno de los jubilados centenarios durante el programa |Youtube 'Canal Sur'
Antonio Montoya
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Escuchar la voz de la experiencia que transmiten aquellos que están cerca de cumplir 100 años, si no los han cumplido ya, es garantía de aprendizaje. Así lo declara incluso la narradora del programa ‘Centenarios’, de Canal Sur, quien considera estar “aprendiendo a valorar aquellos caminos que ellos ya han recorrido y a los que nosotros nos enfrentaremos en el futuro” durante sus entrevistas a jubilados centenarios de Andalucía.

Los protagonistas del programa de Canal Sur nacieron entre 1920 y 1925. Vivieron la posguerra, la escasez y un país donde trabajar no era una elección, sino una necesidad inmediata. Sus recuerdos no buscan dar lecciones, pero su comparación con el presente es inevitable.

“Mi padre me llevaba de noche a la escuela porque de día le hacía falta para regar”

José Hortelano nació en 1920 y aprendió pronto que la prioridad era el campo. “Mi padre me llevaba de noche a la escuela porque de día le hacía falta para regar”, recuerda. La educación quedaba en segundo plano cuando había que sacar adelante la tierra.

Fue hortelano toda su vida. “He sido hortelano de toda la vida y con respeto a la naturaleza”, explica. Aprendió el oficio desde niño, observando, trabajando con las manos y entendiendo los tiempos de la tierra. Más tarde tuvo una vaquería con más de cuarenta vacas y repartía la leche con una yegua. “Mucha gente se ha criado con la leche de nuestras vacas”.

Su historia está atravesada por la guerra y la represión. “A mí me llevaron a un campo de concentración porque era hijo de un ‘peligroso’”. Se salvó porque sabía escribir bien: “Me pedían un escribiente y yo de caligrafía estaba muy bien”. El trabajo, incluso en las peores circunstancias, fue lo que le permitió sobrevivir.

“Entonces no había las posibilidades que hay ahora”

Carmen Campoy perdió a su padre cuando tenía meses. “Mi padre murió con 33 años. Mi madre se quedó viuda con dos hijos”. La infancia fue, como ella misma la define, “regular”. Vivió acogida por familiares y con muchas carencias. “Entonces no había las posibilidades que hay ahora”.

Aun así, pudo ir al colegio gracias a sus tíos y aprendió a leer y escribir. Esa formación básica fue clave para su futuro. Tras casarse, pasó décadas trabajando en la papelería familiar de Sevilla, uno de los comercios más antiguos de España. “Mi padre siempre decía: ‘Carmen, baja y ayúdame’. Yo me bajaba todos los días a despachar diariamente”.

No era una ayuda puntual, era su trabajo. Su hijo lo recuerda con claridad: “Siempre recuerdo a mi madre trabajando con una sonrisa”. Atendía clientes, decoraba regalos y sostenía el negocio sin descanso. Trabajó hasta muy mayor. “He dejado de ir a la papelería cuando ya me he puesto medio carcamal”, dice entre risas.

“He ido a coger aceituna, era duro, todo el día allí de rodillas”

La frase vuelve a aparecer porque define toda una vida. Francisca nació en Baena, entre olivares. Su padre trabajaba en el campo y su madre era modista. Ella empezó muy joven en las faenas agrícolas. “He ido a coger aceituna, era duro, todo el día allí de rodillas”.

Después entró en una fábrica de medias y calcetines. Allí, mientras trabajaba, cantaba. “En la fábrica cantaba mucho y me decían: ‘niña Francisca, canta una canción’”. Más adelante fue practicante en el pueblo. “La que va pinchando con la jeringuilla”. Hacía su trabajo con cuidado: “No se le infectó a nadie ninguna”.

Nunca habla de sacrificio como algo excepcional. Habla de lo que había que hacer. De trabajar donde hiciera falta.

“Era un niño yuntero destinado a la tierra”

Pedro Jiménez también empezó trabajando desde muy joven. “Era un niño yuntero destinado a la tierra”, explica su hija. La guerra civil marcó su juventud. Pasó por un campo de concentración y después fue obligado a hacer la mili.

Años más tarde, ya en Chiclana, trabajó en los astilleros. Allí comenzó su implicación sindical. “Luchábamos por la solidaridad y la igualdad”. Sin estudios universitarios, acabó siendo diputado en las primeras Cortes democráticas y participó en la aprobación de la Constitución de 1978.

Su hija lo resume con orgullo: “Llegar donde ha llegado sin tener carrera, un simple chico de pueblo”. Para Pedro, el trabajo siempre fue el eje de todo, también cuando entró en política.