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Pedro, 87 años, jubilado y artesano del corcho: “Me jubilé a los 60 años; he estado trabajando en los albañiles siempre, yo no he sido carpintero en mi vida”

Este antiguo trabajador de la construcción ha encontrado en los tapones de botella una segunda vocación.

Pedro en su taller
Pedro, 87 años, jubilado y artesano del corcho |‘Canal Extremadura’ (Youtube)
Antonio Montoya
Fecha de actualización:
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En Santa Marta, en pleno corazón de Tierra de Barros, Pedro ha hecho de la jubilación una de sus etapas más creativas desde que nació. A sus casi 87 años, este jubilado de la construcción pasa los días entre maderas recicladas y tapones de corcho, el material con el que ha descubierto una pasión inesperada tras dejar los andamios.

La historia de ‘Morgan’, que es como muchos lo conocen en el pueblo, aparece en un reportaje del ‘Canal Extremadura’ en Youtube, donde cuenta que él nunca había sido carpintero“Yo no he sido carpintero en mi vida, porque yo he sido siempre constructor, he estado trabajando en los albañiles siempre”, relata. Se jubiló pronto, a los 60 años, cuando vivía en Barcelona. Pero en vez de quedarse quieto, decidió mantenerse activo.

“Me jubilé en Barcelona a los 60 años”, recuerda. Y añade una reflexión que repite varias veces durante la entrevista: “Eso de apotronarse no es bueno”, en referencia a quedarse parado sin hacer nada, que es lo que hacen muchos tras la jubilación.

“Todos los días de aquí a casa y de casa aquí”

Desde que regresó a su pueblo, su rutina es sencilla pero constante. “Sigo mi ritmo y aquí estoy todos los días, de aquí a casa y de casa aquí”, explica. En ese pequeño taller da forma a objetos prácticos utilizando madera, en muchos casos procedente de palets que le facilita su hijo, que también es constructor.

Con ellos fabrica cucharas, tablas para cortar lomo, salchichón o chorizo, utensilios para servir gazpacho en el campo e incluso pequeños martillos para partir patas de cangrejo. Todo pensado para el día a día.

Sin embargo, el material que más le entusiasma es el corcho. “Para mí el corcho es una cosa que me encanta”, asegura. Con simples tapones de botella forra tarros, crea adornos y construye todo tipo de piezas: maceteros, bandejas, lámparas, marcos… y hasta pájaros.

“De cada tapón hago un pájaro”, afirma. Aunque reconoce que no entiende mucho de aves, se deja llevar por lo que ve. “Hoy voy a imitar una golondrina, hoy voy a imitar una tórtola”, cuenta con naturalidad.

No vende nada, todo lo regala

Para poder seguir creando necesita muchos tapones, pero nunca le faltan. La cooperativa le avisa cuando tiene cajas disponibles y los vecinos y bares del pueblo se los guardan. “Tengo corchos para muchos días y no me faltan”, explica.

Su taller se ha convertido en un punto de encuentro. Los niños acuden porque les regala llaveros del Real Madrid, del Barcelona o con forma de bellota extremeña, y los vecinos presumen de tener en casa cucharas y tablas hechas por él.

Pedro no vende ninguna de sus creacionesTodo lo entrega como regalo. “Cualquier cosa que se necesite, me pueden montar esta cosita y le monto las cosas”, comenta, dejando claro que disfruta haciendo favores.

“Que no se sienten en los bancos esperando la hora de comer”

Más allá de la artesanía, su mensaje va dirigido a las personas mayores que, tras jubilarse, sienten que les sobra tiempo. Pedro lo tiene claro a sus 87 años: “Que no se apotronen, que se haga cualquier cosita, que no se sienten en los bancos esperando a la hora de comer”.

Para él, la clave está en mantener activa la mente. “Hay que trabajar y hacer algo porque la mente es muy bonita. Eso es fabuloso”, sentencia.

Su historia demuestra que la jubilación no siempre significa parar. A los 60 años dejó la construcción, pero encontró una nueva vocación entre tapones de corcho. Hoy, casi tres décadas después, sigue entrando cada mañana en su taller con la misma idea: no apotronarse y seguir creando.