Durante más de tres décadas, Luis fue una figura discreta pero constante en uno de los hoteles más emblemáticos de Madrid. Trabajó 32 años como limpiabotas en el Hotel Palace, un oficio casi desaparecido que le permitió ver pasar ante sus manos a artistas, políticos y clientes anónimos con alto poder adquisitivo. Hoy, sin embargo, su realidad es radicalmente distinta: duerme en la calle desde que estalló la pandemia.
En su rincón habitual de la Gran Vía, Luis pasa ahora las horas observando los zapatos de los turistas que cruzan la ciudad. “Yo era limpiabotas, trabajé 32 años en el hotel Palace”, recuerda con serenidad cuando el equipo de La Sexta le muestra imágenes de su pasado. En una de ellas, aparece impecablemente afeitado, ejerciendo su oficio junto a la majestuosa escalera del hotel. “Claro, hombre, cómo debe ser”, comenta al verse, casi sorprendido por el contraste con su situación actual.
Luis fue el último limpiabotas de hotel en España, un símbolo de un oficio que resistió hasta que la pandemia lo arrasó todo. El Palace cerró sus puertas y con ello se apagó también su única fuente de ingresos.
“Cerró todo, entonces a la calle. Me quedé sin piso y sin nada”
El golpe fue inmediato. Luis trabajaba como autónomo y, cuando intentó acogerse a las ayudas habilitadas durante el COVID, no obtuvo respuesta. “Cerró todo, entonces a la calle y como yo era autónomo, solicité la ayuda esa que daban. Como no tengo hijos, ni tengo mujer, ni tengo nada, a mí no me dieron nada. Me quedé sin piso y me quedé sin nada”, relata.
Desde hace cinco años, su hogar es un parque de Madrid. “En una tienda de campaña y metido en un saco militar”, explica sin dramatismos, describiendo una rutina marcada por la precariedad. Su historia rompe con el perfil tradicional de las personas sin hogar y refleja una realidad cada vez más frecuente: trabajadores que, tras una vida laboral completa, caen en la exclusión social por falta de protección.
Luis no solo fue testigo silencioso del lujo, también formó parte de la historia política reciente. En 1994 protagonizó una fotografía lustrando los zapatos de Javier Arenas, una imagen que acompañó al político durante años y que este llegó a defender públicamente. “Me parece una profesión muy noble y es mi amigo, no tengo más que comentar”, decía Arenas en su momento.