España es líder mundial en turismo, y ha convertido la hostelería en uno de los motores de su economía, generando millones de empleos y aportando casi el 12% del PIB nacional. Sin embargo, el éxito del sector se apoya, en gran medida, sobre el trabajo invisible de las camareras de piso, conocidas como ‘Kellys’, quienes, a pesar de su papel esencial, siguen afrontando condiciones laborales muy precarias.
Yolanda García, de 56 años, limpia hasta 30 habitaciones al día en un hotel de Benidorm por 1,5 euros cada una. Su testimonio, compartido en plena temporada alta, tal y como recoge el diario ‘Magas’, resume cómo se sienten miles de camareras de piso. “No llegamos a la jubilación”.
Denuncian la mejora de condiciones laborales
Desde 2016, las Kellys han conseguido poner sobre la mesa un debate que durante décadas ha permanecido en la sombra. Como colectivo, han logrado presencia en varias comunidades autónomas y, desde 2018, actúan también como sindicato. Sin embargo, sus principales reivindicaciones siguen sin traducirse en mejoras legales efectivas.
De hecho, la llamada “Ley Kelly”, que plantea la prohibición de la externalización, el reconocimiento de enfermedades profesionales y la garantía de derechos laborales básicos, permanece aún pendiente de aprobación.
“Este trabajo, tal y como está planteado, es lesivo. A los diez años, la mayoría estamos de baja o ya tenemos dolencias crónicas”, denuncia García, que a su vez es portavoz del sindicato Las Kellys en Benidorm.
Limpian entre 20 y 30 habitaciones al día
Así, la rutina en hoteles de la Comunidad Valenciana, una de las regiones con mayor turismo, obliga a muchas camareras a limpiar entre 20 y 30 habitaciones en jornadas que, sobre el papel, deberían ser de ocho horas. “No podemos entrar a las habitaciones hasta las 9 de la mañana, así que realmente solo tenemos seis horas para hacerlas todas”, explica García.
A esta carga se suma la presión de la dirección, controles estrictos de tiempo y la imposibilidad de realizar pausas, con la consecuencia de una elevada incidencia de lesiones de espalda, manos y hombros, así como un cansancio acumulado que, según denuncia la portavoz sindical, rara vez obtiene el reconocimiento de “trabajo penoso” por parte de la administración.
Además, esto tiene un impacto directo en la salud y la vida personal de las trabajadoras. Durante el mes de agosto, muchas no disfrutan de vacaciones y deben encadenar turnos. “Trabajamos hasta que el cuerpo dice basta. Y cuando eso pasa, el sistema no nos protege”, lamenta García, que subraya la ausencia de mecanismos efectivos de apoyo, lo que deriva habitualmente en jubilaciones anticipadas por incapacidad o en bajas médicas.
Cobran 1,5 euros por habitación
A la sobrecarga física se suma la precariedad salarial. En numerosos hoteles, el sueldo se calcula por habitación y no por jornada completa, con pagos que oscilan entre 1 y 1,5 euros por habitación, según han denunciado Las Kellys en distintas regiones. Así, esta fórmula de remuneración contribuye a que muchas trabajadoras perciban salarios que apenas superan los 800 euros al mes, una cifra muy inferior a la media de otros empleos del sector servicios.
Uno de los principales reclamos del colectivo es la realización de estudios ergonómicos y psicosociales que permitan evaluar de forma rigurosa la carga real del trabajo y adecuar las condiciones laborales. “No todas las camareras tenemos el mismo ritmo. No es justo medirnos por igual. Algunas tienen lesiones previas, otras son mayores, y todas arrastramos años de sobrecarga”, concluye la portavoz.

