La escasez de mano de obra cualificada en la construcción y la dificultad para atraer a nuevas generaciones es un problema estructural que va más allá de la falta de vocación. Lo que antaño era un oficio que permitía a los jóvenes generar grandes ahorros, hoy se percibe como una profesión sacrificada donde la remuneración ha dejado de compensar la dureza del trabajo.
Esta realidad la analiza Tony, un albañil conocido como Tony Multiservicios, un profesional de Granada que aprendió el oficio de su padre y que ha expuesto la situación actual en el podcast Sector Oficios.
Tony recuerda con claridad cómo, en sus inicios, el esfuerzo tenía una recompensa inmediata que hoy parece haberse diluido. "Yo cuando empecé los tejados... no tenía los 16 años, y me daban 140.000 pesetas".
Aquellos ingresos de verano permitían a los jóvenes sentirse poderosos económicamente: "Eras capitán general" . Sin embargo, la inflación y el coste de vida actual han roto esa equivalencia. "Ahora no es así... la vida ha subido muchísimo y es que te dicen pues 1.200 euros” lo que asegura que es un salario que “no está acorde a cómo está la vida".
El coste de la profesionalidad frente a la realidad del mercado
Uno de los mayores retos para las empresas del sector es encontrar oficiales verdaderamente autónomos y resolutivos. Tony es contundente sobre el valor que tiene un trabajador experto, para él se trata de un perfil que pueda dejarlo en la obra solo, y él "no tenga que tocar nada” después para arregarlo, asegura.
Para este tipo de profesional, el albañil tiene claro que la remuneración debería ser mucho más alta. "A lo mejor me dice 2.500 o 2.800 euros, y se los doy", valora la tranquilidad de contar con “un tío que no te dé problemas”, y asegura que los pagaría “porque los vale”.
No obstante, la escasez de personal cualificado y la estructura actual del mercado dificulta la transmisión del oficio y la apuesta por la formación de nuevos talentos.
Las pequeñas empresas asumen un riesgo elevado al contratar a aprendices sin experiencia. “Te tendrían que poner facilidades para contratar un joven para enseñarlo... porque ahora lo metes y le tienes que pagar 1.000, 1.300 euros a un peón, más seguro... y pierdes tu tiempo en enseñarle”. Esta inversión de tiempo y dinero, a menudo, no tiene retorno porque los jóvenes acaban abandonando.
El sacrificio personal y las barreras burocráticas
La dureza física del trabajo y los horarios exigentes son factores determinantes que alejan a la juventud, que prefiere opciones menos desgastantes aunque sean temporales, como asegura el entrevistador: "Se meten en otros sitios... hay un montón de riders, se meten en logística, incluso en hostelería". Tony comprende este rechazo, recordando sus propias jornadas maratonianas: "Yo acababa y decía que no tengo vida fuera de aquí".
A esto se suman las dificultades administrativas para quienes deciden emprender. El propio Tony relata cómo el sistema puede castigar al trabajador autónomo con dureza. "Cuando yo me fui a quitar del autónomo pues me penalizaron 7.000, 7.000 y pico euros que estoy pagando a 120 euros al mes”. Pese a todo, él sigue defendiendo la belleza del oficio, ahora enseñando a su hija Saray, bajo la premisa de que "lo más esencial es que te guste... si tú amas tu trabajo, no te pesa".

