Con solo 24 años, la madrileña Sara Fernández ya ha logrado lo que para muchos es una carrera de fondo de casi media década: entrar con orgullo en el Cuerpo Superior de Inspectores de Trabajo y Seguridad Social (ITSS).
Sin embargo, lo que hace su historia realmente impresionante es el tiempo récord en el que ha conseguido una de las plazas más exigentes del Estado en solo 11 meses. Mientras la media de estudio para este cuerpo de élite (Grupo A1) se sitúa entre dos y cuatro años a tiempo completo, Sara ha roto las estadísticas gracias a una disciplina estricta y una organización milimétrica.
Su aventura comenzó en febrero de 2025, justo cuando un cambio en el número de plazas ofertadas permitió nuevas inscripciones. Pese a la dureza del proceso, esta joven no se dejó intimidar por los 242 temas del programa ni por la exigencia de las cinco fases eliminatorias que incluyen exámenes escritos, orales, técnicos, casos prácticos y pruebas de idiomas.
“Siempre me ha gustado estudiar y exigirme objetivos altos”
Para quienes sueñan con seguir sus pasos, el contexto actual es prometedor. Tan solo la convocatoria de enero de este 2026 ha ofertado 185 plazas, de las cuales 151 son de acceso libre.
Aunque parezca un desafío casi imposible, la ratio de competencia es de aproximadamente 1 de cada 10 u 11 aspirantes, una cifra mucho más ‘favorable’ que en otras oposiciones de alto nivel como Judicaturas.
El perfil del aprobado suele ser más duro, situándose la media entre los 28 y 35 años. Sin embargo, el caso de la madrileña demuestra que la juventud no es un freno si se cuenta con la titulación adecuada, como su doble grado en Derecho y Relaciones Laborales. Como bien dice a NoticiasTrabajo, “siempre me ha gustado estudiar y exigirme objetivos altos”.
La clave es “atacar” lo más difícil
Pero, ¿cuál fue el secreto de su éxito? A diferencia de la mayoría, Sara decidió cambiar el orden lógico de estudio. En lugar de empezar por lo fácil, se lanzó a por los contenidos más densos para dominar la literalidad de las leyes. Según explica la joven inspectora, “cuando comprendes bien una materia compleja, otros temas relacionados se vuelven mucho más intuitivos”.
Su jornada era una gestión de metas. Aunque estudiaba de 08:00 a 13:00 y de 16:00 a 20:00 horas, mantenía una planificación flexible que le permitía no aislarse de su entorno. Tal y como detalla a este medio, la clave emocional fue el apoyo de su familia y su pareja: “Convivir con una opositora implica adaptarse a horarios, silencios y rutinas bastante particulares”.
“El descanso no es una pérdida de tiempo”
A pesar de su seguridad, no todo fue fácil, Sara también vivió momentos de crisis, especialmente antes del tercer examen. Al intentar reducir los descansos, notó que su rendimiento caía en picado: “El descanso bien gestionado no es una pérdida de tiempo”, dice a este medio de comunicación.
Ahora, tras superar el ‘filtro’ más duro y el curso en la Escuela de Inspección, su objetivo es seguir creciendo profesionalmente. Además, tiene la intención de ayudar a otros opositores compartiendo su metodología, porque tiene claro que “tener información clara y una estrategia adecuada puede marcar una gran diferencia”.

