El trabajo doméstico sigue siendo uno de los más precarizados y feminizados en España. Jornadas físicamente exigentes, salarios bajos y una percepción social que minimiza el esfuerzo continúan marcando la realidad de miles de empleadas del hogar.
En este contexto, el testimonio de Pilar se ha viralizado en TikTok por poner voz a una reivindicación compartida. Durante tres años trabajó en una casa donde se sintió respetada y valorada. “Yo no he visto un matrimonio más coherente, más empático… Ojalá todos los jefes fueran como ellos”, recuerda. Sin embargo, no todas sus experiencias han sido así.
“Me he encontrado también con gente que te piden barbaridades”, denuncia, aludiendo a exigencias que traspasan los límites del trabajo doméstico. Le han pedido que caliente y sirva la comida. “¿Qué quieres? ¿Una empleada del hogar, una chacha? ¿Una criada?”, se pregunta.
“Tú sabes cómo es tu casa, sabes la roña que tienes"
Uno de los aspectos que más indignación le genera es cuando le piden presupuesto “por privado”, asegura que es “la pregunta que hacen siempre” para contratar a la persona que cobre menos. Para Pilar, la lógica debería ser otra: “Tú sabes cómo es tu casa, sabes la roña que tienes. Entonces, tú tienes que saber perfectamente por cuánto lo harías tú”.
Marca un límite claro: “Yo por menos de 12 euros no voy”. Su negativa se apoya en el desgaste físico que implica el trabajo doméstico. “Es que yo no me arrodillo, yo no me pongo a limpiar porque aquí la que trae el dolor de lumbago, de cuello, de espalda y de todo soy yo, no tú”.
En medio de su alegato, Pilar lanza una de las frases que más ha conectado con otras trabajadoras del sector, porque desmonta la idea de que aceptar cualquier condición es sinónimo de necesidad extrema: “No tenemos telarañas en el monedero, mi alma. Pero tenemos dignidad.”
Actualmente está en paro y reconoce que podría aceptar trabajos puntuales, pero el problema persiste. “Es que la gente no lo paga. Te va a pagar lo que ellos más o menos ven bien”, lamenta. Frente a esa mentalidad, lanza un mensaje que ha resonado con fuerza en redes sociales: “Vamos a ser personas con cabeza, vamos a ser personas humanas”.
Su testimonio se ha convertido en un reflejo de una realidad estructural que sigue invisibilizando el valor del trabajo doméstico. Y su postura queda clara en una frase que resume su reivindicación: “Yo no me voy a tirar al suelo por menos de 12 euros, es que me niego en rotundo”.

