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Juanma Lorente, abogado laboralista: "si tu empresa empieza a sancionarte por escrito sin que te cueste nada, ya está preparando un despido sin indemnización"

El laboralista identifica tres señales que preceden habitualmente a un despido: el traslado a un centro con peores resultados, la vigilancia repentina de cada error y las amonestaciones escritas que parecen inocuas pero construyen el expediente disciplinario.

Juanma Lorente, abogado laboralista
Juanma Lorente, abogado laboralista |Instagram y Freepick
Francisco Miralles
Fecha de actualización:
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Hay situaciones en el trabajo que se perciben como molestias pasajeras y son, en realidad, los pasos previos a un despido. El abogado laboralista Juanma Lorente ha explicado cuáles son las tres señales que, según su experiencia con casos reales, son inconfundibles. “Hazme caso porque he visto muchísimos, muchísimos despidos y esto es inconfundible”, advierte al inicio.

El primer aviso que relata Lorente es el cambio de destino. “Si tienes varios centros de trabajo, por ejemplo si trabajas en una tienda de ropa y te mandan a uno que no está funcionando muy bien, ten mucho cuidado”, explica. “Es bastante posible que la empresa ya haya dado el primer paso para despedirte”.

El traslado a un centro con peores resultados puede responder a una doble lógica. La primera, situar al trabajador en un entorno que facilite la justificación de un despido objetivo por causas económicas o productivas (regulado en el artículo 52 del Estatuto de los Trabajadores). La segunda, exponerlo a mayor presión y mayor probabilidad de cometer errores documentables. “Así que te aconsejo que te asesores”, recomienda el abogado ante esta situación.

El segundo indicador es más sutil, pero igual de relevante. “Si ves que están demasiado encima de ti, pendientes de cada cosa que haces cuando nunca nadie se había fijado tan de cerca en tu trabajo, lo normal es que estén buscando fallos”, relata Lorente. “Fallos que vayan a aparecer en una carta de despido”.

El abogado da la clave para distinguir cuándo esta vigilancia es una señal real: "si sientes más de cerca a tu superior, a tu jefe o al encargado, cuando nunca lo has visto así, lo normal es que la empresa te quiera despedir”. Una supervisión repentina e inusual responde, en la mayoría de los casos que Lorente ha manejado, a la búsqueda deliberada de infracciones contractuales que sustenten un despido disciplinario (artículo 54 del Estatuto de los Trabajadores). Pero ese despido, para ser procedente, necesita pruebas documentadas. Y eso es lo que la empresa empieza a recopilar.

La tercera señal es la más engañosa de las tres. “Si te pone una amonestación por escrito, que no duele al bolsillo, que no estás días sin ir a trabajar, lo más normal es que la empresa esté preparando el terreno”, explica Lorente. Y añade la advertencia que muchos trabajadores ignoran: "porque una sanción a lo mejor no tiene ningún efecto, pero si te sancionan dos o tres veces, ya es muy complicado volcarlo, y lo normal es que el despido sea disciplinario sin indemnización”.

La amonestación escrita es la sanción laboral más leve del régimen disciplinario del artículo 58 del Estatuto de los Trabajadores, ya que no descuenta salario ni suspende el contrato y por eso pasa desapercibida. Pero su función real, es la de crear un historial de sanciones escritas para que la empresa pueda acreditar ante un juzgado un patrón de incumplimientos que sostenga la procedencia del despido disciplinario, es decir, el único tipo de despido que no da derecho a indemnización (ni a los 20 días por año del despido objetivo ni a los 33 días del improcedente).

Para finalizar, el abogado lanza un consejo en el que “si estás sufriendo alguna de estas tres situaciones, te aconsejo que te asesores”.