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Es despedido tras 27 años en la empresa por consumir CBD aun teniendo receta: “soy bipolar, forma parte de mi tratamiento”

El sindicato de la empresa denuncia que la decisión ya estaba tomada y que la corporación quiere prescindir de los trabajadores con una discapacidad.

Jean-Jacques Modeste, de 47 años
Jean-Jacques Modeste, de 47 años |Le Parisien
Esperanza Murcia
Fecha de actualización:
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Los despidos son complicados de por sí pero cuando entra en juego una posible vulneración de derechos fundamentales, lo son todavía más. El caso de Jean-Jacques Modeste, de 47 años, lo ejemplifica a la perfección. Trabajaba como personal de mantenimiento en la RATP (el operador de transporte público de París) y, tras 27 años en la estación de autobuses de Saint-Maur-des-Fossés, ha sido despedido por dar positivo en cannabis.

La complejidad de este caso comienza con que el trabajador consume CBD porque forma parte de su tratamiento por bipolaridad, motivo por el que dio positivo. Sin embargo, la compañía no le creyó, por lo que le abrió un expediente disciplinario. “Una reacción incomprensible, injusta e injustificada”, declaró ya antes del cese Jean-Jacque a ‘Le Parisien’, en septiembre de 2025.

Fue en junio cuando, sin previo aviso, la empresa sometió al trabajador a una prueba de alcoholemia y drogas. Esta detectó THC, el principal ingrediente activo de la marihuana. En un principio, Jean no se preocupó, ya que podía demostrar que respondía a una prescripción médica: “Estoy en tratamiento por mi trastorno bipolar. Tomo CBD y puedo proporcionar una receta médica”, explicó a la empresa, pero la respuesta de esta fue retenerlo más de dos horas en la oficina hasta que un representante de los trabajadores le acompañó hasta su coche.

A los días, recibió por carta certificada una citación para comparecer ante el consejo disciplinario, además de informarle de que había sido suspendido de sus tareas de mantenimiento. Tras ello, Jean-Jacques presentó distintas recetas y certificados médicos, tanto de médicos generales como de psiquiatras y médicos del trabajo, donde se recogía que requería la ingesta de CBD por un “uso terapéutico sustitutivo”.

“Está reconocido como trabajador discapacitado. No se le reprocha nada en relación con su trabajo”

El abogado de Jean-Jacques, Henri Braun, explicó al citado medio que, según la ley, el consumo de CBD está permitido. Y, además, en el caso de este es para uso terapéutico y está prescrito por su médico. “Está reconocido como trabajador discapacitado. No se le reprocha nada en relación con su trabajo. Y además, no conduce ningún vehículo. Si fuera conductor de metro, se podría entender que no se quiera que el conductor haya tomado sustancias un poco extrañas, pero este no es el caso en absoluto”, defendió el abogado.

Jean denunció que la compañía se estaba saltando “todo un aspecto médico-social”. Además, en la corporación podía disfrutar de un permiso especial por motivos médicos, una ventaja y una particularidad específica y exclusiva de la RATP que no va a encontrar en otros trabajos, de ahí que su preocupación por haber perdido el puesto sea todavía mayor.

“Necesito esos descansos. Necesito mi tratamiento, mis actividades creativas... Siempre he trabajado y me entristece mucho. No quiero perder mi empleo por ser bipolar”, se lamentaba antes de conocer el despido. El sindicato de la empresa de transporte le brindaron todo su apoyo, denunciando las acciones que se habían tomado contra él: “Es vergonzoso y me duele el corazón”, afirmó Ahmed Berrahal, el representante sindical de la CGT en el comité de empresa de la RATP.

“Lleva 27 años trabajando y está en mantenimiento. Barre el depósito. ¿A quién va a matar con su escoba?”, manifestaba, al tiempo que aseguraba que el cese responde más bien una “caza de brujas”. En su opinión, la operadora sabe “distinguir entre los distintos agentes. Él forma parte del grupo que hay que despedir, los agentes estatutarios y los trabajadores con discapacidad”.

“Soy bipolar, tengo receta médica. Forma parte de mi tratamiento”

Es la declaración que Jean-Jacques reiteró a ‘Le Parisien’ más adelante, tras conocer oficialmente que su expediente disciplinario había acabado en despido. “Los tres representantes de los trabajadores pidieron que me mantuvieran en mi puesto, pero no los de la dirección”, explicó, frustrado y profundamente disgustado. “Estoy triste porque llevo en la empresa desde que era pequeño. Mi madre y mi abuela trabajaron allí”.

En concreto, entró a los 18 años como trabajador no cualificado con una enfermedad grave: “Siempre he trabajado. El certificado médico suele ser válido, no los entiendo”, denuncia Jean, quien aseguró que durante todo el proceso tuvo la sensación de chocar contra un muro, convencido de que la decisión estaba tomada antes de que le dejaran explicarse. “No intentaron comprender ni analizar. Me encontré ante la mala fe encarnada. Delante de mí había personas muy cerradas. Solo soy un número”, manifestó.

“Todo estaba ya decidido”

El representante sindical de la CGT no ha dejado de apoyar a Jean, denunciando una “ruptura social”. “Es triste, desde el punto de vista humano, despedir a una persona discapacitada que lleva 27 años en la empresa y que no ha hecho nada malo. El consejo disciplinario fue solo una formalidad. Todo estaba ya decidido”, expresó al citado medio.

“Voy a inscribirme en la oficina de empleo por primera vez en mi vida, ¡va a ser muy extraño! Pero siempre he trabajado, no voy a quedarme sin hacer nada”, contó Jean, quien también afirmó que impugnará el despido, por lo que será el tribunal laboral francés quien tendrá la última palabra.