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Viena da una lección a España con su modelo de vivienda pública: solo destina el 37% del sueldo al alquiler frente al 74% de los españoles

Mientras en España el alquiler absorbe gran parte del salario, Viena mantiene desde hace un siglo un sistema público que contiene los precios.

bandera de viena en el parlamento con la estatua de Atenea
Parlamento de Viena |Envato
Ana Cara
Fecha de actualización:
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El acceso a la vivienda se ha convertido en uno de los principales problemas sociales y económicos para miles de familias en España que, en ciudades como Madrid y Barcelona, destinan de media el 74% de sus ingresos al alquiler, una cifra que duplica el límite del 40% recomendado por la Carta Social Europea. 

Aunque es uno de los principales desafíos comunes a otros muchos países europeos, encontrar modelos de vivienda que sirvan como horizonte, es posible. Es el caso de Viena, que ha consolidado el suyo como uno de los más estables de Europa, donde el esfuerzo medio para pagar la renta se sitúa en torno al 37% del salario, según recoge la agencia EFE. 

Su política de vivienda, sin embargo, no es reciente. Nació al acabar la I Guerra Mundial, en 1919, cuando el gobierno socialdemócrata llegó al poder y reconoció éste como un bien de primera necesidad y una de sus prioridades políticas. El Ayuntamiento creó impuestos específicos sobre viviendas y bienes de lujo como coches, cigarros y champán, destinados a sufragar un parque público de viviendas, para combatir el hacinamiento y las pésimas condiciones en las que vivía la clase trabajadora. Desde entonces, la capital austríaca ha mantenido una apuesta estructural y sostenida por el alquiler social.

Un parque público masivo que regula el mercado

Según el informe Participación Sindical en la vivienda social de Viena en el que participan la Federación Austríaca de Sindicatos (ÖGB por sus siglas en alemán) y UGT, actualmente, el 76% del parque residencial de Viena es de alquiler social. El Ayuntamiento es propietario de unas 220.000 viviendas y otras 200.000 están gestionadas por cooperativas sin ánimo de lucro. Solo el 19% de la población es propietaria, frente al 50% en el conjunto de Austria. En comparación, ciudades como París o Londres apenas superan el 20% de vivienda social.

El sistema funciona gracias a dos grandes vías. Por un lado, la vivienda municipal, gestionada directamente por el Ayuntamiento, a través de contratos indefinidos y donde solo se paga el mes en curso al acceder al piso. Por otro lado, las cooperativas sociales, reguladas por ley y cuyos beneficios son limitados. Estas exigen una aportación inicial, entre 20.000 y 40.000 euros, que se devuelve al finalizar el contrato. En ambos casos, los precios están tasados: el alquiler social ronda los 6 euros por metro cuadrado, frente a los aproximadamente 12 euros del mercado privado.

Esta amplia oferta pública ejerce un efecto regulador sobre el mercado privado, evitando subidas descontroladas como las que se registran en otras capitales europeas.

Contratos indefinidos, financiación estable y mezcla social

Una de las grandes diferencias con España es la estabilidad contractual. En Viena, los contratos son indefinidos y el desahucio solo procede por impago reiterado o por uso indebido de la vivienda, como el alquiler turístico. Antes de llegar a esa situación, intervienen trabajadores sociales para buscar soluciones y evitar la pérdida del hogar. Además, existe un fondo municipal específico para personas en riesgo de exclusión residencial.

Otro de los pilares del sistema es la financiación, en la que un 1% de la masa salarial (0,5% aportado por el trabajador y 0,5% por el empleador) se destina a un fondo de vivienda que recauda alrededor de 500 millones de euros anuales para la capital austríaca. A ello se suma un sistema de fondo rotatorio: los préstamos concedidos para construir vivienda se devuelven y se reinvierten en nuevas promociones o en rehabilitación, garantizando la sostenibilidad del modelo a largo plazo.

El modelo también incorpora planificación urbana y mezcla social. Las viviendas públicas están repartidas por todos los distritos, incluidos los de mayor renta, evitando la segregación por nivel económico y la formación de “guetos”. Desde el diseño urbanístico se exige reservar una parte significativa del suelo a parques, espacios comunes y servicios públicos, manteniendo el principio histórico de “luz, aire y sol”.

Pese a la solidez del modelo, se enfrenta a algunos desafíos como la rehabilitación integral de edificios antiguos, la transición energética, el aumento de los costes de materiales y mano de obra, entre otros. Aún así, Viena invierte constantemente en la ampliación y modernización de su parque público.

Mientras en España el debate sobre la vivienda se centra en medidas a corto plazo, la capital austríaca demuestra que una estrategia sostenida durante décadas puede contener los precios y reducir a la mitad el esfuerzo salarial que supone pagar un alquiler.