En los últimos años, plataformas como Glovo, Uber Eats o Deliveroo han cambiado la forma en la que pedimos comida a domicilio, y han generado miles de empleos para repartidores en toda España. Hoy en día, trabajar como 'rider' se ha convertido en una opción habitual para quienes buscan ingresos rápidos o necesitan flexibilidad para compaginar otros trabajos o estudios. Sin embargo, detrás de la libertad aparente que ofrece este modelo, muchos empleados denuncian la falta de estabilidad y la dificultad para llegar a fin de mes.
Para entender un poco más la realidad que viven estos trabajadores, Junior Herrera, venezolano afincado en Madrid, ha decidido compartir a través de un vídeo en TikTok (@juniorherrera.7), que ya suma más de 10.000 visualizaciones, su balance semanal como repartidor autónomo para las plataformas Glovo y Uber Eats.
Cuánto cobra un repartidor de Glovo por 7 días de trabajo
Durante la semana analizada, Junior trabajó un total de 72 horas, repartidas entre las aplicaciones de Glovo y Uber Eats. “En Glovo hice, en total, 547,20 euros”, explica el repartidor, subrayando que a esa cantidad debe descontar un 20% de IRPF, lo que supone cerca de 164 euros. Es decir, el ingreso neto de Glovo se quedaría en 383 euros. Por parte de Uber Eats, la suma bruta fue de 23,86 euros, de los que, tras impuestos, quedan limpios unos 14,32 euros.
Además, esta cifra conjunta (397,36 euros) hay que descontar los gastos asociados a la actividad, como la cuota mensual de autónomos, que en su caso asciende a 300 euros, que son como unos 80 euros por semana, y unos 30 euros semanales en gasolina, que, según Junior, “se cubren casi con las propinas”.
De esta manera, el ingreso neto real se sitúa en 317 euros semanales. “¿Que si vale la pena o si no? No lo sé. Saquen ustedes sus propias conclusiones”, insta el repartidor a que sean los propios usuarios los que valoren sus situación.
El papel que juega la Ley Rider
En 2021, la conocida como Ley Rider intentó abordar parte de esta problemática al obligar a las plataformas a contratar a sus repartidores como asalariados. No obstante, muchas empresas han encontrado fórmulas para mantener parte de su plantilla bajo el régimen de autónomos, por lo que situaciones como la de Junior siguen siendo muy habituales.
Más allá del debate sobre la rentabilidad individual de cada empleado, el testimonio de Junior ilustra las dificultades a las que se enfrentan miles de trabajadores en el actual mercado laboral español, marcado por la temporalidad y la ausencia de garantías sociales para quienes dependen de plataformas digitales para sobrevivir.

