En España, donde el gasto medio en alimentación para una familia ronda los 6.400 euros anuales, el aumento del precio de los productos básicos derivado del conflicto en Oriente Próximo está poniendo a prueba la economía de muchos hogares. La subida de alimentos como los huevos, que se han encarecido más de un 20% en el último año, o de la electricidad en las horas punta, está tensionando aún más los presupuestos familiares. Ya lo advirtió Pilar García de la Granja, que todo "nos va a costar muchísimo más”.
Y si para una familia con 1 o 2 hijos (que es lo más habitual) el efecto ya se nota, en una familia numerosa con más de 10 integrantes el efecto se multiplica. Más comida, más ropa, más gastos escolares y más imprevistos hacen que cualquier subida de precios se note con mayor intensidad.
Es el caso de Raquel y Francisco, padres de 12 hijos y con otro en camino. La familia ha compartido su experiencia en el programa ‘Espejo Público’, donde han explicado cómo afrontan el aumento del coste de la vida sin cambiar su forma de vivir.
“Realmente no estamos echando muchas cuentas porque en una familia con 12 hijos siempre hay imprevistos”, explica Francisco, que reconoce que la subida de precios es “uno más” de los gastos que van surgiendo en el día a día.
Un gasto anual de 40.000 euros para toda la familia
Aunque no llevan un control exhaustivo de cada compra, sí tienen una idea clara de lo que supone mantener su hogar. “A nivel familiar, sin tirar cohetes, serán como unos 40.000 euros al año”, señala Francisco.
Una cifra que contrasta con la media nacional y que refleja el impacto que tiene el tamaño del hogar en el gasto total. Solo en alimentación, el coste puede dispararse, especialmente en un contexto en el que productos básicos como huevos, verduras o electricidad no dejan de subir.
Aun así, la familia asegura que no ha modificado sus hábitos de consumo. “No hemos cambiado nada. Tenemos un negocio familiar que nos permite vivir”, explica Francisco, que también apunta que esta situación no es nueva: “Es una tendencia que viene desde después de la pandemia”.
Eso sí, reconocen que el gasto en supermercado “se ha doblado en cinco años”, lo que les obliga a ajustar en determinados momentos.
Recortar cuando hace falta, pero sin grandes cambios
La clave de su economía familiar está en la flexibilidad. “Cuando la cosa viene más justa pues recortamos, y cuando está bien pues damos gracias”, resume Francisco.
Estos ajustes no implican grandes sacrificios, sino pequeñas decisiones del día a día. Raquel pone ejemplos concretos: menos compras de ropa o limitar ciertos gastos sociales de los hijos.
“Ellos mismos ven la realidad. A veces no se atreven a decir que quieren ir a todos los cumpleaños o cosas así”, explica. En una casa con tantos miembros, cada decisión cuenta.
También recurren a prácticas habituales en muchas familias numerosas, como aprovechar la ropa entre hermanos o ajustar las compras a lo realmente necesario.
Una forma de vida donde el dinero no lo es todo
Más allá de las cifras, Raquel y Francisco destacan su forma de afrontar la vida. Aseguran que nunca se han planteado dejar de tener hijos por motivos económicos y que, pese a las dificultades, no sienten que les falte lo esencial.
“Desde que nos casamos no nos ha faltado nunca de nada”, afirma Raquel, que vincula esa estabilidad a su forma de entender la vida y a su fe.
En un contexto de subida generalizada de precios, su caso refleja una realidad compartida por muchas familias numerosas: la necesidad de adaptarse constantemente, ajustar el gasto y apoyarse en la organización para mantener el equilibrio económico del hogar.

