Su casero lo echa sin previo aviso tras descubrir que tenía un cultivo de cannabis en el piso alquilado: no denuncia el desalojo ilegal para que sus padres no lo pillen

Le exigieron dejar el apartamento, pero el joven prefirió marcharse sin denunciarlo para no revelar su cultivo ilegal ante sus padres y la policía.

Un joven saliendo de un edificio de viviendas |Gemini
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Los propietarios no pueden exigir a un inquilino que abandone un piso de forma inmediata, incluso si existen problemas con el contrato de arrendamiento. Sin embargo, hay veces en que el propio inquilino prefiere callarse y aceptar la situación antes que enfrentarse a posibles consecuencias legales. Eso fue lo que le ocurrió a un estudiante de 22 años que alquilaba un pequeño estudio en París que acabó saliendo del piso de manera voluntaria tras una confrontación con su casero, principalmente por miedo a que les contara a sus padres y a la policía que tenía en la vivienda un cultivo de cannabis.

Según la información recogida por Figaro Inmobiler el joven vivía de alquiler en un estudio amueblado de 21 metros cuadrados en el barrio de Picpus, en París, por el que pagaba unos 850 euros al mes. Un piso pequeño donde pasaba solo las noches, ya que durante el día asistía a la Escuela Nacional Superior de Artes y Oficios de París y los fines de semana viajaba a Bourges para ver a su novia.

Hasta que un día, al volver de sus clases, se encontró con su casero en el rellano enseñándole otra vivienda a una joven. Tras una conversación aparentemente cordial, el casero le pidió permiso para mirar por la ventana del apartamento, con la excusa de que iba a comenzar unas obras en el estudio contiguo. El joven le abrió la puerta sin recordar que en un rincón de la habitación estaba su instalación de cultivo de cannabis.

El casero descubrió el cultivo de cannabis en un armario 

Cuando mi casero entró, se acercó inmediatamente a la ventana y vio mi armario de cultivo… las seis plantas y todo mi equipo”, relató el joven. En cuanto lo vio supo de qué se trataba y le exigió una explicación. El joven cultivaba cannabis para su propio consumo (y para algunos amigos), pero no quería admitirlo ni enfrentarse a las consecuencias legales.

Entonces su casero reaccionó echándole de la vivienda. “Tienes una semana para irte de mi apartamento. Si no, llamaré a tus padres y a la policía”. Aunque legalmente el propietario podría denunciar o recurrir a los tribunales para intentar terminar el contrato por cultivo de drogas, no tenía derecho a obligar a un inquilino a marcharse de inmediato sin orden judicial.

Pese a que tenía motivos para impugnar la forma de proceder de su casero, el joven no se planteó denunciarlo. La razón principal es que sabía que, si empezaba un conflicto legal, su cultivo ilegal de cannabis saldría a la luz ante un juez o la policía. Y las consecuencias podrían haber sido mucho más graves que una mudanza precipitada.

“Era mayo y solo me quedaban unas semanas de clases. Así que mude mis cosas tres días después y me quedé en casa de un amigo hasta el final del curso escolar”, explicó. Para él, fue un precio pequeño comparado con las posibles sanciones por consumo o producción de drogas que habría enfrentado si la situación se judicializaba.

Desde entonces, no ha vuelto a ver a su casero. El día que dejó el estudio, puso las llaves sobre la mesa y salió por la puerta principal sin cerrarla con llave. Avisó al propietario por mensaje de texto de que había desocupado la vivienda. Unos días después, este le devolvió la fianza por correo junto con una copia del informe de inspección de la mudanza, pero se quedó con el alquiler que había pagado poco antes.

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