Si existe un sector donde la falta de relevo generacional es cada vez más patente ese es la construcción. Ahora los jóvenes no quieren trabajar de albañil, por eso es cada vez más fácil encontrarse con migrantes trabajando en la obra, casos como el de Andrés Tavera son ya bastante comunes. Y sino que se lo digan a Rafael Domínguez, un albañil jubilado que ha estado trabajando en la construcción desde los 13 años.
Para él, la mano de obra extranjera ha resultado determinante para que la construcción se pudiera mantener en los últimos años, ya que los jóvenes no se interesan en estos trabajos y prefieren otros menos duros.
Además, quiso subrayar que, pese a haber dedicado toda su vida a la construcción, la prestación que percibe como autónomo es muy reducida, hasta el punto de definirla en su conversación con ‘Wall Street Wolverine’ como “una pensión de pobre”.
Antes construir una casa era mucho más fácil
Domínguez explicó que levantar una casa antes era mucho más fácil, ya que “no te pedían ni la mitad de las cosas; no hacía falta pedir permisos de nada”, lo que facilitaba enormemente el trabajo y reducía los costes.
Al contrario que en aquella época, ahora la burocracia y las exigencias administrativas son mucho mayores, complicando la construcción de vivienda nueva. “Ahora te piden de todo”, afirmó, poniendo como ejemplo una experiencia personal reciente: “He puesto paneles solares, para tener la eficiencia energética; luego lo he vendido y los he tenido que quitar porque no los querían”.
A su juicio, este tipo de requisitos se han convertido en un negocio muy rentable para determinadas compañías, a las que acusó de aprovecharse de la situación. Considera que se trata de “un chollo de las empresas”, cuyo objetivo real es incrementar sus beneficios: “A mí me han sacado 6.000 o 7.000 euros; vinieron en el día, me lo hicieron en 3 horas y luego apaga y vámonos”. En este sentido, denunció que muchos profesionales se ven obligados a asumir gastos elevados sin apenas margen de maniobra.
La gente joven no quiere trabajar en la obra
El albañil también destacó otro de los grandes problemas del sector: la falta de relevo generacional. Según su experiencia, cada vez es más difícil encontrar jóvenes dispuestos a aprender el oficio y a comprometerse a largo plazo.
“Ahora mismo la gente joven es que no tiene ni idea de nada”, afirmó con contundencia. Atribuyó esta situación, en parte, a que antes se empezaba a trabajar desde edades muy tempranas, como fue su propio caso, cuando comenzó a los 13 años “porque había que ayudar a tus padres”.
En esa misma línea, criticó el cambio de mentalidad que, a su juicio, se ha producido con el paso del tiempo. “Antes, para empezar a trabajar, no te daban nada, ni un duro; y ahora estos jóvenes van a un taller mecánico o a una empresa de construcción y lo primero que hacen es preguntarte cuánto van a ganar”, señaló visiblemente molesto.
Para Domínguez, esta actitud resulta especialmente indignante porque considera que el salario debería ir ligado a la experiencia y a la capacidad demostrada. En sus palabras, “primero, me tienes que demostrar lo que sabes hacer o me tengo que fiar de lo que tú me digas”.
Nadie quiere oficios duros, como la construcción o la hostelería
Este cambio de mentalidad, añadió, ha provocado que muchos oficios tradicionales queden desatendidos, ya que “nadie quiere trabajar duro; en la hostelería pasa lo mismo”. Desde su punto de vista, se trata de un problema generalizado que afecta a varios sectores esenciales.
“¿Quién va a la hostelería? Si en cuanto dicen que tienes que estar hasta las 12 de la noche trabajando, porque hay que recoger y dejar limpio, ya no quiere trabajar nadie”, argumentó, señalando las duras condiciones laborales como un factor clave.
Como consecuencia directa de esta situación, explicó que gran parte de los puestos acaban siendo ocupados por trabajadores extranjeros. “¿Cómo no van a venir?”, se preguntó con ironía, aludiendo a la falta de interés de la mano de obra nacional.
Durante la conversación, tanto Domínguez como el entrevistador coincidieron en que otro de los motivos es el menor coste que supone para muchos empresarios contratar a trabajadores de fuera. Aun así, el albañil quiso dejar claro que su experiencia con ellos ha sido positiva.
De hecho, destacó su compromiso y constancia en el trabajo: “Yo los marroquíes que he tenido han sido trabajadores y se han tirado hasta 20 años trabajando conmigo”. Según explicó, muchos de ellos demostraron una implicación que hoy echa en falta en otros perfiles.
Por último, volvió a cargar contra la presión fiscal y la actuación de la Agencia Tributaria, a la que acusó de asfixiar especialmente a los pequeños autónomos. Denunció que “Hacienda me tiene abrasado” y relató cómo le han reducido su prestación: “Me han quitado 81 euros de la pensión de pobre que tengo de autónomo, que cobraba 740 euros, porque he vendido un piso”.
En su generación, especialmente en el ámbito de los oficios, recordó que fueron habituales las irregularidades en cotizaciones y relaciones laborales, lo que ha tenido consecuencias directas en la jubilación. Muchos profesionales, como él, han terminado recibiendo pensiones muy bajas pese a haber trabajado durante décadas.