Lola (19), con un 11,7 en selectividad se queda fuera de Medicina: "Si tienes 12.000 euros al año, puedes estudiar lo que quieras, la criba es el dinero"

Se ha presentado dos veces a Selectividad y el resultado siempre es el mismo: un "no" por apenas unas décimas. Ella denuncia que estas notas imposibles castigan a quienes no tienen el bolsillo para la privada, convirtiendo la Medicina en un privilegio de clase.

Lola (19), con un 11,7 en selectividad se queda fuera de Medicina: "Si tienes 12.000 euros al año, puedes estudiar lo que quieras, la criba es el dinero" |Web-Universidad de Barcelona.
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Con 10 años, Lola salía de la consulta del pediatra pensando que delante tenía “una persona tan inteligente” que quería ser como él. Le fascinaban los pósters, las explicaciones a su madre y, sobre todo, el momento del diagnóstico, “casi como un juego en el que ir recogiendo pistas para resolver el misterio sobre qué le pasa a nuestro cuerpo”. 

Hoy, con 19 años, esa niña estudia Biomedicina en Vic y habla de Medicina en pasado: “Por eso quería ser médico… pero ahora ya lo he descartado”, recoge El Periódico. Y es que, tal y como se explica, la historia de esta joven no fracasa por falta de esfuerzo. 

Terminó el Bachillerato en el instituto Verdaguer de Barcelona, con un 9,42 de media y logró un 11,71 en la selectividad. Aunque “patiné en Historia con un 7,5 y en Catalán saqué un 6,5,", se quedó a menos de un punto para entrar en Medicina. 

“Los nervios pudieron conmigo”

Tras este bache, Lola no perdió el foco y decidió repetir la prueba un año después, pero tampoco sirvió. “Subí algo, pero muy poco, y de nuevo no entré”, recuerda. Admite que “los nervios pudieron conmigo”. Los profesores ya habían advertido a sus padres de que “era muy buena estudiante”, pero que en los exámenes no lograba reflejar lo que sabía por la ansiedad. 

El caso de Lola no es aislado. Encuestas recientes señalan que más de la mitad de los alumnos que se presentan a la selectividad confiesan sentir ansiedad ante los exámenes y que su mayor miedo es no llegar a la nota de corte. Incluso, en algunas facultades de Medicina se estima que hasta un 30% de los alumnos de primer año no entraron a la primera, sino en su segunda o tercera selectividad. 

Y no se equivocan. El sistema empuja a muchos jóvenes a repetir la prueba año tras año para rascar décimas. Aunque España mantiene una tasa de aprobados en selectividad superior al 96%, la presión se concentra en unas pocas carreras donde las plazas son muy limitadas y la demanda muy alta.

16.000 aspirantes para 9.000 plazas

Cada vez se reclaman más médicos, pero la puerta de entrada se estrecha. Para el curso 2025-2026, el Gobierno financió 1783 nuevas plazas de Medicina en universidades públicas, con una inversión de 26,7 millones de euros como parte de un plan para ampliar el grado y paliar la escasez en algunas especialidades. 

Aun así, el volumen total de plazas públicas ronda las 7.500 u 8.000 al año, mientras las solicitudes dejan a miles de estudiantes con notas superiores al 12 fuera de la carrera. Aun así, la exigencia no termina en la universidad. Una vez graduados, los futuros médicos se enfrentan al MIR. Tan solo en la convocatoria de 2026 se presentaron 16.014 aspirantes para 9.276 plazas, la cifra más alta de la historia, pero que sigue dejando fuera a unos 6.000 médicos cada año sin acceso a especialidad. 

La consecuencia es que el sistema selecciona con mucha dureza a los futuros médicos, mientras en atención primaria y zonas rurales siguen faltando profesionales. “No creo que el problema sea en sí la prueba de acceso, pero sí es muy injusto que en un día te la juegues”, puntualiza Lola. Ve lógico que haya una forma de selección, pero no que todo dependa de décimas condicionadas por el estrés o el contexto. 

“La gente con dinero sí puede estudiar lo que quiere. Si tienes 12.000 euros al año, puedes estudiar Medicina. Al final, la criba es esa”, sentencia. Y es que ella misma lo ha vivido. Para “no renunciar a Medicina” tuvo que empezar Biomedicina en un centro concertado donde paga 6.000 euros. Sin embargo, su objetivo es trasladarse a la universidad pública el próximo año.

Mientras, mira atrás y compara su camino con el de su tía, que entró justo en la carrera de sus sueños “con un 10” cuando las notas de corte eran más razonables. Sin embargo, ella, con un 11,71, se ha quedado fuera dos veces.

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