Creyó haber encontrado una pepita de oro y guardó la roca durante años: en realidad era un fragmento del sistema solar

El meteorito de Maryborough, de 17 kilos y con una edad estimada de 4.600 millones de años, es una condrita H5 que conserva “gotas” minerales formadas cuando el Sol aún no existía como lo conocemos.

Una pepita de oro |Envato
Fecha de actualización:

En el sureste de Australia, un buscador de oro salió al monte con la idea de localizar metal precioso. Lo que levantó del suelo, sin embargo, no era una pepita ni un mineral terrestre llamativo, sino un fragmento del sistema solar. La historia empieza en mayo de 2015, cuando David Hole encontró una roca “pesada y misteriosa” mientras prospectaba en el Maryborough Regional Park con un detector de metales. El hallazgo, que acabó en el Melbourne Museum, se convirtió después en una pieza científica de primer nivel.

Según recoge el medio Science & Vie, Hole estaba convencido de que aquella masa rojiza escondía oro. Y, como suele ocurrir en estas historias, el primer choque con la realidad fue físico, es decir, que no consiguió partirla. La roca resistía intentos mecánicos y químicos, y terminó almacenada durante años hasta que, en 2018, decidió llevarla a Museums Victoria para que la identificaran.

En el museo, los geólogos sospecharon casi de inmediato que no era una roca cualquiera. “Los meteoritos son, con diferencia, la forma más barata de exploración espacial”, explicó el geólogo Dermot Henry al presentar la pieza, destacando su valor como registro del pasado del sistema solar.

La confirmación llegó al obtener una lámina con una sierra de diamante. En el interior aparecía la firma de una condrita. Pequeños condrulos, esferas milimétricas solidificadas en los primeros compases del sistema solar, incrustados en una matriz cristalizada. Ese detalle es clave porque funciona como un marcador de origen, indica que el material se formó en la nebulosa solar primitiva antes de que la Tierra terminara de ensamblarse.

Los datos del análisis sitúan el meteorito en la categoría de condrita ordinaria H5, un tipo caracterizado por abundancia de hierro y níquel y por un grado de metamorfismo interno que deja la matriz más recristalizada. La pieza, además, no es pequeña. Mide cerca de 39 por 14 por 14 centímetros y pesa 17 kilogramos, un tamaño notable para un hallazgo no observado en caída.

El origen del sistema solar

Un meteorito así se valora por su capacidad de actuar como archivo geológico. Henry lo explico de forma sencillo diciendo que “nos transportan atrás en el tiempo y dan pistas sobre la edad, la formación y la química del sistema solar”. En ese “atrás” caben procesos que ya no se pueden observar directamente como choques, calentamientos, mezclas de polvo y metal, y la química que acabó alimentando la formación de planetas.

La ironía es evidente. En una región asociada históricamente a la fiebre del oro, lo realmente excepcional era otra cosa. Un meteorito puede pasar desapercibido porque no encaja en el imaginario del tesoro. No brilla, no promete riqueza inmediata, y aun así puede ser infinitamente más raro. En este caso, la roca que parecía una decepción terminó siendo una pieza con valor científico real, una ventana sólida y pesada hacia los primeros capítulos del sistema solar.

Archivado en

Lo más leído

Últimas noticias