Lucía, soldado española: "Mi sueldo es de 1.000 euros al mes por maniobras a 30 grados y sin agua en las que llegué a pensar que no podía más"

En España, unas 16.260 mujeres visten el uniforme militar. Cada día, estas soldados superan retos constantes que ponen a prueba su fuerza y resistencia, demostrando su compromiso en cada misión.

Lucía, soldado española |YouTube.
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España tiene hoy más mujeres que nunca en sus Fuerzas Armadas. A inicios de este 2026, ya son más de 16.200  los militares en activo, lo que supone el 13,2% del total de efectivos, según los datos del Observatorio Militar para la Igualdad. Es un récord histórico que refleja tres décadas de progresos en igualdad de oportunidades dentro del ejército. 

Por escalas, la mayoría pertenece a Tropa y Marinería, con más de 11.500 mujeres, el 15,1% del total. En los puestos de mando y oficiales, todavía la proporción es mucho menor. Se calcula que hay en total 10 mujeres generales.

Este incremento, conocido como ‘Leonor’, ha animado a nuevas generaciones de mujeres a plantearse una carrera militar. En los últimos procesos de acceso, una de cada cinco solicitudes, ha sido presentada por mujeres jóvenes, muchas de ellas inspiradas por la visibilidad mediática de la Princesa de Asturias en la Academia General Militar.

Pero detrás del uniforme y la disciplina, aún quedan muchos retos por cumplir. Conciliar la familia con la carrera, oportunidades de ascenso o incluso barreras culturales siguen siendo los principales obstáculos dentro de una institución tradicionalmente masculina.

“Me dijeron que estaba loca”

Lucía lleva varios años en el ejército. “Siempre me había llamado la atención, pero mi madre me decía que ni se me ocurriera. Todos me decían: ”No te vayas al ejército siendo mujer, ni se te ocurra", pero hice lo que me dio la gana y no me arrepiento de nada", confiesa en El podcast de Duo

Entró con 21 años. Quería estabilidad, pero sobre todo buscaba una vida con propósito. “Mis pruebas físicas, mentales y psicológicas en dos semanas ya las tenía preparadas. Las físicas, con que hayas hecho un poco de deporte, te las sacas. Lo difícil no es entrar, sino mantenerse”, dice. 

Los primeros meses en el cuartel fueron los más duros. “Te meten mucha caña porque quieren que te vayas. Llegó un punto de cansancio físico y mental en el que pensé: ‘¿Para qué estoy aguantando esto? Me quiero ir a mi casa’.”. 

“Pensé que no podía más”

En un cargo como el de ella, de soldado, el sueldo ronda los 1.000 euros mensuales, una cifra que, después de impuestos y retenciones, deja poco margen. Sin embargo, se queda con el espíritu de grupo: “El compañerismo es lo mejor. Cuando dices ‘me voy a morir’, vienen los compañeros, te hacen bromas y te empiezas a reír. Los peores momentos se convierten en los mejores”.

Lucía reconoce que las pruebas son muy duras y el ritmo, exigente. “Hubo unas maniobras en la montaña, en junio, con más de 30 grados y apenas teníamos agua. Estás en continuo movimiento y trabajando todo el tiempo. Pensé que no podía más", explica. 

Y es que, la fuerza bruta es el pan de cada día. De acuerdo a la joven, hay “mucho trabajo de fuerza” donde las mujeres se sienten obligadas a demostrar “que sí podemos, y podemos exactamente igual que los hombres”. 

A pesar de los avances en igualdad, el informe del Observatorio de la Vida Militar de 2025 dejó cifras preocupantes: más de 50 denuncias por acoso sexual en un solo año, el dato más alto desde que se iniciaron los registros. Aunque el número sea bajo en comparación el con el total de efectivos, los expertos recuerdan que el miedo a represalias aún frena muchas denuncias. 

Otro de los obstáculos es la conciliación. Las maniobras, las guardias o desplazamientos siguen recayendo con frecuencia en las mujeres, que suelen pedir más reducciones de jornada. Aun así, Lucía se mantiene optimista: “El ejército está cambiando. Hay cada vez más mujeres y se nota. En mi unidad me tratan igual que a cualquiera”. 

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