Jesús, dueño de un negocio de ascensores de lujo: “Vamos a pasar a una facturación de 6 millones de euros; instalamos unos tres ascensores a la semana”

Empezó en 2021 con 40.000 euros de préstamo, un hijo recién nacido y cero clientes, y hoy vende entre 250 y 300 ascensores al año en España y Portugal.

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Montar una empresa en España no es fácil y menos aún cuando se parte de cero, con un bebé recién nacido y sin clientes en cartera. Sin embargo, Jesús Arévalo decidió dar el paso en 2021 tras años trabajando por cuenta ajena en el sector de los ascensores.

Pidió un préstamo de 50.000 euros, aunque finalmente el banco solo le concedió 40.000. Con ese dinero reformó una nave en Madrid, montó una pequeña exposición y contrató a dos personas para arrancar el proyecto. Cuatro años después, las cifras han cambiado por completo.

“Empezamos en el 2021 con la marca de cero, ahora a finales de 2025 vamos a pasar a una facturación de 6 millones de euros”, explica. La empresa cuenta ya con un equipo de “unas 18 personas aproximadamente” y un ritmo de instalaciones que no deja de crecer: “instalamos unos tres ascensores a la semana que son entre 250 a 300 ascensores al año más o menos”.

Un nicho que casi nadie quería vender

A diferencia de las grandes compañías del sector, su negocio no se centra en edificios comunitarios. “Somos una empresa de ascensores para el hogar”, aclara, especializada en viviendas unifamiliares, chalés, villas o dúplex. Es decir, ascensores de uso privativo.

La clave de su crecimiento estuvo en apostar por un producto considerado “demasiado caro” para el mercado español. Según relata, cuando contactó con la marca sueca que hoy distribuye en exclusiva en España y Portugal, la respuesta inicial fue de escepticismo: otras empresas habían rechazado vender esos modelos por su elevado precio.

Su argumento fue claro: “Mira estoy vendiendo un producto que es peor que el vuestro a un precio similar con lo cual sé que voy a vender”. Los números le dieron la razón. Si en los años anteriores apenas se vendían tres o cuatro unidades anuales en España, el primer año completo superaron las 20. Después llegaron los 100, 150, 200 y este año prevén rebasar los 300 ascensores instalados.

Crecen un 40% cada año, pero los márgenes son ajustados y tienen altos costes operativos

Desde su fundación, la empresa ha crecido a un ritmo poco habitual en un sector tradicional. “Este año estamos creciendo al 40% más o menos”, señala. Según explica, cada ejercicio han aumentado entre un 40% y un 50% el volumen de negocio.

El modelo combina venta directa y una red de empresas colaboradoras que actúan como distribuidores. Además, la captación de clientes ha evolucionado. Si al principio la mayoría llegaban por la web y ferias profesionales, ahora también notan el impulso de las redes sociales, donde potenciales compradores buscan casos reales antes de decidirse.

Aunque la facturación es elevada, los márgenes no son desorbitados. El propio Jesús reconoce que “el margen se mueve como en cualquier otro negocio, entre el entre el 5 y el 10% más o menos”.

Los principales costes se dividen en dos grandes bloques: la compra del producto y el personal técnico. Instalar un ascensor en una vivienda particular no es solo venderlo, sino coordinar obra, montaje y posibles incidencias. “La parte de vender en nuestro negocio es la parte por así decirlo relativamente sencilla luego viene la parte de montar”, explica.

A ello se suman imprevistos habituales, como desplazamientos largos para resolver averías o retrasos en obras que no dependen de su empresa.

El mayor reto: formar equipo

Más allá de los números, el crecimiento acelerado también ha generado tensiones internas. Para el empresario, uno de los momentos más complicados fue cuando parte del equipo causó baja de forma repentina mientras tenían decenas de instalaciones pendientes. “No puedes coger a un cliente y decir ‘Oye no voy a tu casa a instalar porque no tengo gente’”, afirma. La solución pasa por invertir en talento y reaccionar rápido ante cualquier problema.

A quienes estén pensando en emprender, les lanza un mensaje claro: constancia y disciplina diaria. “Construir una empresa es todos los días poquito a poco, haciendo bien las cosas”, sostiene.

De pedir 40.000 euros al banco a rozar los 6 millones de facturación anual en apenas cuatro años. Un crecimiento basado en vender un producto premium en un mercado acostumbrado a competir solo en precio y en detectar una necesidad cada vez más evidente: adaptar las viviendas al envejecimiento de la población sin renunciar al diseño.

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