Delcy, empleada del hogar peruana: “Mi jefa me dijo que a dónde iba a ir sin papeles, pero me quité el uniforme y me fui”

El empleo doméstico en España es uno de los sectores más feminizados, donde los puestos de trabajo los ocupan principalmente mujeres migrantes.

Delcy, empleada del hogar peruana |TikTok
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Muchas mujeres migrantes que llegan a España sin la documentación en regla acaban trabajando como internas o cuidadoras en domicilios particulares, en condiciones de precariedad y sin apenas protección, convirtiendo junto con las españolas el empleo doméstico en uno de los sectores más feminizados, según datos de la Régimen Especial de Empleadas del Hogar.

Este es el caso de Delcy, una mujer peruana residente en Madrid, que decidió dejar su trabajo como interna pese a necesitar el dinero para mantener a sus hijos cuando entendió que ningún salario justifica el maltrato. 

“No aguanté, así que esperé a cumplir el mes”, recuerda. Cuando su empleadora apareció con el sobre del pago, Delcy dio las gracias, se quitó el uniforme y anunció que se marchaba por la carga excesiva de trabajo.

La respuesta de la dueña de la casa fue un recordatorio directo de su vulnerabilidad: “¿A dónde te vas a ir si no hay más trabajo para ti? Encima no tienes papeles”. 

La incertidumbre tras la dignidad

La firmeza mostrada dentro de la vivienda se desmoronó al salir a la calle, pese a tener una habitación donde alojarse. “Cuando iba caminando hacia la parada del autobús, mis lágrimas se me caían”, reconoce. “¿Qué voy a hacer sin trabajo?”,  relata. La angustia era real, pero también lo era la necesidad de sostener a sus hijos.

“Por lo menos tenía esos 900 euros para pagar la habitación y mandarles dinero para que pudieran comer”, explica. Esa mínima seguridad fue suficiente para secarse las lágrimas y volver a intentarlo. Nada más dejar la maleta en su cuarto, salió de nuevo a buscar empleo.

Preparó su currículum y recorrió Madrid dejándolo en restaurantes, cafeterías y centros comerciales. El teléfono sonaba, pero la respuesta siempre era la misma cuando le preguntaban por los papeles. Ante el rechazo del mercado formal, Delcy recurrió a anuncios escritos a mano, ofreciéndose para cuidar mayores, niños o hacer limpieza por horas, que pegaba en barrios de alto poder adquisitivo como La Moraleja.

Así llegaron trabajos temporales, como la limpieza de pisos tras obras, pagados a 8 euros la hora. Jornadas duras, con apenas tiempo para comer, pero necesarias para sobrevivir. “A veces nuestras familias no saben cómo nos ganamos el dinero. Es muy duro estar aquí y no saber cómo te vas a ganar la vida”, concluye.

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