Cuando una persona fallece, sus familiares no solo se enfrentan al duelo tras su muerte, sino a una serie de trámites que tienen que ver con la herencia. Estos procesos en muchas ocasiones se complican y se pueden alargar durante años, haciendo a los familiares no solo perder tiempo sino también dinero. Y es el caso de esta mujer, que tras la muerte de su madre se vio envuelta en una pesadilla administrativa y económica que terminó costando 33.000 libras (unos 38.000 euros).
Según la información publicada en el medio británico The Sun, la anciana de 91 años vivía en un pequeño apartamento de una residencia, del que había comprado el 75 % de la propiedad en 2008 por 146.000 libras (unos 168.000 euros). Se trataba de una vivienda protegida promovida por el ayuntamiento y una empresa. Aunque la anciana no era la propietaria al 100% del inmueble, tenía que asumir responsabilidades como pagar los gastos mensuales de servicio (mantenimiento, zonas comunes, etc.), que al principio eran de 280 libras al mes (unos 323 euros).
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Durante años, la anciana disfrutó de su vivienda, hasta que la empresa que la gestionada fue absorbida por otra y desde entonces los gastos de mantenimiento se dispararon llegando hasta 720 libras mensuales (831 euros) en el momento de su fallecimiento. Además, la mujer tenía que hacer frente a otros gastos derivados de la vivienda, como el impuesto municipal y los suministros básicos.
Tras su fallecimiento, los gastos de mantenimiento continuaron cobrando
Aunque tras su muerte el apartamento quedó vacío, los cargos mensuales por el mantenimiento no cesaron, y se aplicaron durante dos años más, hasta que su hija consiguió vender la propiedad. Como heredera, tuvo que seguir pagando con el dinero del patrimonio de su madre esos gastos mensuales, que ascendieron a 16.000 libras, casi 18.500 euros.
A esos gastos, se sumó una tarifa por la venta de la vivienda, y es que en el contrato había una penalización por la salida, una cláusula, que la hija asegura nunca le habían explicado a su madre y por la que tuvo que pagar 17.000 libras (19.600 euros). En total, entre gastos acumulados y comisiones, la familia entregó unos 38.000 euros a la gestora de la vivienda.
El piso se vendió finalmente por 170.000 libras, y la familia apenas obtuvo beneficio, ya que buena parte del valor se diluyó por los costes heredados. “Estuvimos pagando el servicio completo todo este tiempo; no hubo reducción alguna a pesar de que mi madre había fallecido y el piso estaba vacío”, denunció la hija. “Fue muy difícil pensar que el poco dinero que tenía mamá iba a parar a las arcas de la asociación de viviendas y no a las de su familia”.
Además, lamenta que ese dinero no sirviera para su propio bienestar. “No es lo que mamá firmó. Seguro que algo anda mal”, dijo. “¿En qué otra situación se paga por servicios después de que alguien muere y ya no los disfruta?”.
Desde la entidad explicaron que los gastos de servicio se siguen cobrando hasta que se vende la propiedad, ya que son costes reales de mantenimiento, no beneficios para la empresa.